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ANÁLISIS

Tortillas, huevos fritos y podridos

¿Cómo pueden existir modelos urbanos y de negocio tan contrapuestos?

El futuro nunca llega, pero se construye a diario. Entre el tecnooptimismo y el backlash tecnológico, bajo el acuerdo de una ineludible unión global o pelea mundial, transcurrió el foro organizado por la Fundación Norman Foster. Que una misma ciudad pueda ser vista como tierra de oportunidades y como expresión de desigualdad quedó anunciado en la lista de conferenciantes. Es difícil que el exalcalde de Nueva York Michael Bloomberg —que recomendó que la gente llegara a la política ya millonaria para evitar problemas— y la directora del Instituto de Innovación e Interés Público de la Universidad Central de Londres, Mariana Mazzucato —que recordó: “Cuando nos metemos en guerras nunca nos dicen que no hay dinero”— vean nada desde el mismo punto de vista. Sin embargo, acordaron que no se trata de cuánto se gasta, sino de con qué inteligencia se gasta, una perogrullada que una ojeada a los cientos de infraestructuras fallidas levantadas recientemente en España —de aeropuertos vacíos a parques temáticos abandonados— transforma en visión.

La disponibilidad del transporte público mide la calidad de las ciudades. Su uso, la educación de los ciudadanos. De la libertad ofrecida por el coche en el siglo XX estamos pasando a la liberación del coche en el XXI. Como parte de la alcaldía del equipo de Bloomberg, Janette Sadik-Khan hizo que Nueva York convirtiera calzadas como Broadway en espacios públicos solo con dos ingredientes: decisión y pintura.

Así, si todos defendemos la importancia de la gente en las ciudades ¿cómo pueden existir modelos urbanos y de negocio tan contrapuestos? En la letra pequeña de las grandes palabras está la explicación. Para el profesor Ricky Burdett, la seguridad que para Trump se materializa en un muro es necesaria para proteger el carácter democrático de las ciudades. Esa democracia se consigue atendiendo a las necesidades de la gente. Sucedió en Medellín, tras Nueva York la urbe más citada ayer. Pero nadie preguntó por qué 10 años después de que el metro-cable conectara la ciudad formal y las colonias de autoconstrucción ese modelo no ha funcionado en otro lugar.

El fundador del MIT Lab, Nicholas Negroponte, asegura que las ciudades del futuro serán plantadas como semillas y crecerán biológicamente. También que aprenderemos francés tragándonos una pastilla. Sabemos que las pastillas curan a la vez que dañan. Por eso su mundo —antes hecho de huevos fritos y ahora convertido en tortilla— resulta falso. No todo está conectado. Niall Ferguson predijo un backlash contra la tecnología idéntico al que sufrió la globalización recordando que casi todas las innovaciones causan conflictos: “Ni huevos fritos ni tortilla; lo que tenemos son huevos podridos”. Janette Sadik-Kahn resolvió el dilema con elocuencia: “Lo importante es saber adónde queremos ir. Y eso la gente lo sabe mucho antes que los políticos”.

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