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Richard Gere: “No es justo que hacer cine sea más difícil para las mujeres”

El actor es un singular hombre de negocios en ‘Norman’

La película se estrena el 2 de junio en España

Richard Gere en el Paseo de Gràcia de Barcelona en el festival de cine Sant Jordi. Ampliar foto
Richard Gere en el Paseo de Gràcia de Barcelona en el festival de cine Sant Jordi.

Afable, sonriente, relajado. A Richard Gere parece que la espiritualidad budista le acompaña allí donde va, con o sin monjes.  En las pantallas de cine españolas se volverá a asomar el próximo viernes 2 de junio con Norman, la película que protagoniza, aunque habrá un preestreno en Madrid el miércoles en el que parte de la recaudación se destinará a la fundación Juegaterapia, que ayuda a niños con cáncer, y a la Fundación ICT (the Internarional Campaign for Tibet) que trabaja para promover los derechos humanos y las libertades para el pueblo del Tibet.

Norman, dirigida por Joseph Cedar, es la historia de un embaucador y estafador que mueve los hilos en una pseudotrama de corrupción entre los intereses de Estados Unidos e Israel. Un Gere que anda un tanto encorvado y un punto desastrado, con mirada astuta, no con aires de triunfador pero sí de hombre que no ceja de perseguir lo que quiere. En este caso, negocios en los que se llevaría un 7% de comisión. En una entrevista con este diario, Gere dice que, pese a lo que parece, Norman no es un corrupto, por lo menos al uso: “Para mí la corrupción tiene que ver con una motivación negativa y eso no está en Norman. Él espera que cada uno de sus esquemas acabe funcionando. Es verdad que quiere su 7% pero aspira a que los sueños de todos se cumplan y al final lo consigue”. Una película con ciertos guiños cómicos, como las reuniones de la sinagoga en busca de fondos: “Sí que hay momentos de Charlie Chaplin que en cierto modo hace que el aspecto trágico del personaje sea más potente, porque la verdad es que está chalado”.

Norman llega a las pantallas de España cuando Gere ya ha rodado dos filmes más: The Dinner , dirigida por Oren Moverman, y Three Christs, de Joan Avnet. Lo que demuestra que el intérprete, conocido mundialmente en sus papeles de galán en Oficial y Caballero (1982) o en Pretty Woman (1990) y muchos títulos más, no para. Tiene en su haber más de 60 películas, una cifra que no le parece ni mucho ni poco: “He tenido mucha suerte porque he encontrado proyectos que quería hacer aunque si mirase atrás y viera la diversidad …… hasta me sorprendería a mí mismo”. Explica que el secreto es que empezó a hacer teatro a los 17 años: “Si haces repertorio, te toca de todo y hay que saber adaptarse al personaje y al argumento”.

A pocos meses vista de cumplir 70 años, se considera un hombre/actor de suerte porque no le faltan proyectos. Un panorama muy diferente de muchas actrices que pasan la frontera de los 50: “No es justo que hacer cine sea más difícil para las mujeres. Claro que el cine es arte pero también un mercado, quiero decir que depende de la demanda. Tal vez si hubiera más demanda de cine de y sobre mujeres, habría más directoras y más películas y más papeles ….Es complicado, y es evidente el desequilibrio”.

Gere contesta sin pensarlo un segundo que se sentía igual de cómodo interpretando a un indigente viviendo en las calles de Nueva York en Invisibles (2014, también dirigida por Moverman) que como político en The Dinner o en el papel de Norman: “Son personajes interesantes de películas interesantes. Tal vez la diferencia de Invisibles es que ese papel se estuvo preparando durante años, hubo mucho compromiso para hacer esa película y fue muy complicado filmarla en las calles de Nueva York".

Comprometido con proyectos sociales y con causas como la del Tibet, cuando a Gere se le pregunta si la industria cinematográfica no mira hacia otro lado y no explota la polémica que suscita la presidencia de Donald Trump —al que el actor ha calificado de “payaso”— o la crisis de los refugiados —a ambos lados del Atlántico—, contesta que probablemente sí pasa algo de eso, pero matiza: “Sí hay proyectos sobre los refugiados pero no son lo suficientemente buenos. Las películas deben tener una calidad y un grado de excelencia. En cambio, hay documentales buenísimos como el que refleja el trabajo que hace la organización Proactiva Open Arms de rescate de inmigrantes”.

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