Titiriteros en acción

Un día de bolo con la veterana compañía de teatro para niños La Tartana, que acaba de cumplir 40 años

"¡Niños y niñas, bienvenidos al maravilloso mundo de los títeres!". Seis horas antes de que el actor Esteban Pico pronunciase esta frase en la obra El rincón de los títeres, los componentes de la compañía La Tartana aparcan su furgoneta, a las 8.30 de un domingo, en la trasera que da al escenario del teatro del Bosque, en Móstoles (Madrid). La sensación de fresco se pasa en cuanto empiezan a descargar cajas y a montar el espectáculo con el que la compañía celebra 40 años de trayectoria.

“Nuestra primera obra fue sobre el personaje de Polichinela y la estrenamos en El Retiro, porque no había en Madrid espacios", dice Juan Muñoz (Madrid, 1952), director de esta compañía, premio Max al mejor espectáculo infantil en 1988 por Frankenstein. "Hemos tenido varias etapas: la calle, luego empezamos a ir a festivales en el extranjero, tuvimos una sede, la sala Pradillo, que no fue lo esperado… y los últimos años han sido un poco duros".

La Tartana, una de las compañías más representativas del teatro para niños en España, está compuesta por ocho personas, cuatro son actores y el resto se ocupa de la producción y administración en su sede, una nave en Guadarrama (Madrid). Uno de los intérpretes es Carlos Cazalilla (Jaén, 1976), que en El rincón de los títeres manipula los muñecos detrás de las patas, como se llaman los bastidores vestidos con tela negra para que no se le vea en el escenario. "Hacemos de todo, actuamos, montamos y desmontamos, cada uno tiene asignadas unas cajas de las que se ocupa". De esos baúles aparecen los títeres, marionetas, objetos de atrezo, ropa…

"De aldea en aldea el viento lo lleva siguiendo el sendero, / su patria es el mundo, como un vagabundo va el titiritero". El oficio que cantó Joan Manuel Serrat "ya no existe", asegura Muñoz. "Hoy hay gran profesionalidad, formación, aunque compañías que construyan sus títeres, escriban la historia, hagan la escenografía… todo el proceso, quedan pocas". Ese proceso para La Tartana, que produce una obra por año, comienza cada agosto. Poco después ya tienen "algo que enseñar". "Estrenamos en octubre, en nuestra sede, invitamos a gente para escuchar sus reacciones, lo trabajamos un poco más y la compañía sale de gira. Los que nos quedamos, empezamos a dar vueltas al siguiente espectáculo".

Una escena del espectáculo 'El rincón de los títeres', de la compañía La Tartana, en Móstoles (Madrid).
Una escena del espectáculo 'El rincón de los títeres', de la compañía La Tartana, en Móstoles (Madrid).SANTI BURGOS

Esa rueda les lleva a ofrecer algo más de 20 funciones al año en la Comunidad de Madrid y otras 50 en el resto de España. Este último número es el obligado por el Ministerio de Cultura a cambio de la subvención para salir de gira.

"¿Este va frontal?", pregunta en el escenario Gonzalo Muñoz, actor y encargado de iluminación, mientras mira a uno de los casi 20 focos empleados para la función. Él da instrucciones a los empleados del teatro para que ajusten las barras de las que cuelgan enormes telas negras, que impedirán ver a los actores que manipulan los muñecos.

Lo que no hace falta ensayar hoy es el texto. Esteban Pico (Buenos Aires, 1966) lo tiene en la cabeza. En El rincón de los títeres es el actor en escena, interpreta a un viejo titiritero que recibe el encargo del rey de mostrar en una exposición las mejores marionetas que ha construido durante 40 años. Una trama sobre la propia vida de La Tartana.

Durante los 50 minutos de función, los pequeños ríen, dan palmas con algunas canciones y no paran de preguntar a sus padres: "¿La serpiente es de verdad?". "Con niños es parte de la función, no puedes desconcentrarte. Incluso cuando hay mucho ruido, intentas traerlo a tu terreno con algún comentario", afirma Pico. Con un público tan imprevisible, "hay situaciones en las que se ríen y no los esperabas, y al revés". "Uno va midiendo si hay conexión, a veces complicada por problemas técnicos, pero tienes que seguir adelante".

Ha llegado el momento de salir a saludar y recoger los aplausos. Pico anuncia a los espectadores una última sorpresa. A la salida les esperan dos pequeños monstruos con los que han disfrutado los chavales. Los niños se abalanzan sobre Carlos Cazalilla y Edaín Caballero, que los han manejado en escena. "Te preguntan cómo se mueven, algunos tienen miedo y los acarician, otros les pegan, y tienes que decirles que eso no", cuenta Cazalilla.

Con rapidez, La Tartana desmonta el escenario en una hora. Es la ocasión para comentar los fallos. Las marionetas vuelven a sus cajas por una semana, aunque el trajín de la función a veces les pasa factura. "La princesa tiene el brazo roto", señala Pico con una marioneta en la mano. "Tiene pinta de pisotón", apunta Cazalilla. A la princesa le espera el taller para poder volver a relucir en la próxima función.

Un sector sin datos

La Tartana es una de las compañías de teatro para niños más importantes, en un sector del que apenas existen datos, quizás porque los actores tienen que vivir además de otras ocupaciones. No hay un informe que especifique cuántos grupos hacen este tipo de teatro, el número de obras que se representan, o cuántas salas las programan. En la última Feria Europea de Artes Escénicas para Niños y Niñas (FETEN), celebrada en febrero en Gijón, se apreció un incremento de los espectáculos sin palabras, en los que el movimiento gana peso.

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Sobre la firma

Manuel Morales

Periodista de la sección de Cultura, está especializado en información sobre fotografía, historia y lengua española. Antes trabajó en la cadena SER, Efe y el gabinete de prensa del CSIC. Es licenciado en Periodismo por la Universidad Complutense de Madrid y máster de Periodismo de EL PAÍS, en el que fue profesor entre 2007 y 2014.

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