La escritora de las mujeres malas

La premiada autora gallega Inma López Silva da el salto al castellano con la novela en la que relata cinco vidas en prisión

La escritora Inma López Silva, este jueves en Madrid.
La escritora Inma López Silva, este jueves en Madrid.Bernardo Pérez

Cada vez que Inma López Silva veía por la tele a sor María no podía evitar quedarse pensando en ella. No parecía que aquella monja que había robado decenas de recién nacidos en los años 80 en España para entregarlos a familias religiosas estuviera arrepentida. ¿Realmente pensaba que no hizo mal? Tampoco parecía importarle ir a la cárcel. “Supuse que la celda de una prisión no debe de ser muy distinta a la de un convento. De todas formas, siempre presentí que no iba a entrar nunca en prisión. Era mayor y tenía alrededor a mucha gente dispuesta a salvarla”, recuerda López Silva. Así ocurrió finalmente: sor María Gómez Valbuena murió en 2013 a los 87 años en pleno juicio por sus delitos.

Por entonces López Silva, escritora desconocida en castellano pero de amplia trayectoria en gallego (tiene nueve libros publicados en esa lengua), planeaba una novela sobre el mal. “¿Y dónde se encuentra el mal? En teoría, en la cárcel. Así que metí ahí a sor María. Quería imaginar cómo se comportaría y qué sentiría esa monja en ese lugar, rodeada de otras mujeres supuestamente malas como aquellas a las que robaba sus bebés”, explica la escritora.

Así fueron naciendo los personajes de Los días iguales de cuando fuimos malas. Una monja, una prostituta gitana, una colombiana detenida con droga en un aeropuerto, una escritora condenada por intento de asesinato y una funcionaria de prisiones que antes fue bailarina de ballet clásico. Cinco perfiles muy pegados a la realidad para explorar lo que significa la maldad y la falta de libertad en estos días. “Elegí personajes femeninos porque las mujeres, por definición social, somos menos libres y más malas que los hombres”, apunta López Silva.

La novela, que despertó grandes elogios tras su publicación el año pasado en Galicia y que ahora Lumen lanza en castellano, desgrana delicadamente las historias de esas mujeres antes de su entrada en prisión mientras relata su vida entre rejas. Lo cuenta todo, sin dramatismo pero sin evitar la angustia, el personaje de la escritora: “No éramos más que mujeres sin vida allí dentro, y solo deseábamos que el tiempo pasara cuanto antes para salir, que aquellos años se convirtieran en un paréntesis”.

Antes de ponerse a escribir, López Silva hizo un intenso trabajo de campo. Le ayudó el libro Penas y personas, de Mercedes Gallizo, que recoge las cartas que le enviaban los presos cuando fue secretaria general de Instituciones Penitenciarias (2004-2011). Pero quería más: puso un mensaje en Facebook para conectar directamente con personas que hubieran estado dentro. Y se llevó una sorpresa. “De pronto descubrí que mucha gente de mi entorno conocía a alguien que estaba o había estado entre rejas. Me di cuenta de que cualquiera puede acabar en la cárcel, hasta una escritora como yo. Y que el mal casi siempre se queda fuera”, dice.

Entonces, ¿sus personajes no son malos? “Ni buenos ni malos. El mal, como hecho objetivo, es muy escaso. Psicópatas asesinos hay pocos. La mayoría de las personas que están en la cárcel no son malas en sí, son muy conscientes de que han hecho daño”, opina la autora. “La pregunta no es si son buenos o malos, sino qué es lo que les llevó a hacer algo malo”, concluye.

Escritora precoz, López Silva ganó su primer galardón literario a los 18 años con Neve en abril, una novela sobre la Guerra Civil. Un tema arduo para alguien que acababa de salir de la adolescencia. “Me atreví porque quería contar una historia familiar”, aclara. Hoy, con solo 38 años, acumula los premios más importantes de las letras gallegas: Xerais 2002 por Concubinas y Blanco Amor 2007 por Memoria de ciudades sin luz. Ambos títulos fueron traducidos al castellano por editoriales de escasa distribución. Ahora llega el gran salto al castellano.

Sobre la firma

Raquel Vidales

Redactora especializada en artes escénicas y crítica de teatro, empezó a trabajar en EL PAÍS en 2007 y pasó por varias secciones del diario hasta incorporarse al área de Cultura, donde actualmente ejerce como jefa de sección. Es licenciada en Periodismo por la Universidad Complutense de Madrid.

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