Selecciona Edición
Conéctate
Selecciona Edición
Tamaño letra

La Fura mete a Wagner al desguace

Alex Ollé y el escenógrafo Alfons Flores conciben ‘El holandés errante’ en Chittagong, el lugar más contaminado del planeta, dirigido por Pablo Heras-Casado en el Real

Escena de la ópera 'El holandés errante', de Richard Wagner, en la Ópera de Lyon. rn rn
Escena de la ópera 'El holandés errante', de Richard Wagner, en la Ópera de Lyon.

Ahogado por las deudas, rozando la cárcel y convencido por Proudhom de su idea matriz –“la propiedad es un robo”-, Richard Wagner concibió El holandés errante, entre alucinaciones, insomnios y malos presagios. En tan sólo cuatro meses, de julio a noviembre de 1841, parió la partitura preconizadora de un estilo que hoy resiste como un roble los embates del tiempo. Por eso, el director de escena Alex Ollé (La Fura dels Baus) y el escenógrafo Alfons Flores no tienen inconveniente en meter su ópera en un desguace. Un pudridero de sueños inspirado en ese cementerio marino llamado Chittagong (Bangladesh), “probablemente el lugar más contaminado de la Tierra”, afirma Ollé.

Conduce la nave de la música Pablo Heras-Casado en el foso del Teatro Real, donde la ópera se estrena el próximo día 18, con 10 representaciones en total. La histeria romántica del holandés, su constante y denodado viaje en busca del amor eterno a través de los mares del norte, llega al Índico en pleno siglo XXI. Un tiempo que, en varios aspectos, como triturador de desechos, ni el propio Wagner hubiera podido resistir.

Ni siquiera envuelto en desatinos amorosos, o en su propio ego, oceánico. Pero si su obra, infalible. “Es lo primero que escucho cuando afronto una ópera suya: la música antes de ponerme a hurgar el libreto…”, afirma Ollé. Y en esta observa tres dimensiones: “Una espectral, otra realista y la última, más espiritual”. Teatro en estado puro para el representante de un colectivo, la Fura dels Baus, que como el músico alemán hizo en vida, busca siempre el espectáculo total. “Más cuando te ofrece un argumento en el que se mezclan temas como el amor, la pasión, la muerte, la maldición, la eternidad. Donde todo queda al otro lado de la razón”, sugiere el director de escena.

Para ello, tanto Ollé como Flores, buscaron un lugar donde esta historia hoy fuera creíble: Chittagong se revelaba como ese escenario infernal. Allí también, aún existen los matrimonios pactados, pero sobretodo los submundos propicios para inexplicables sublimaciones. Cambiaron un tanto el desarrollo de la acción: “Creamos una dinámica entorno al desguace del barco que hace que pase toda la acción volando”, afirma Ollé.

“Mi camino hacia El anillo del Nibelungo, empieza ahora. Sin tanto ímpetu, ya he calmado mi impaciencia, aunque conservo las mismas ganas”, dice Heras-Casado

También sustituyeron hilanderas por mujeres explotadas que se juegan la salud entorno a metales, tornillos y materiales oxidados y construyeron un barco plagado de símbolos, entre brumas y tormentas. “Ahí cuadra esta historia de aire fantasmal, con una realidad donde la manera de escapar son las leyendas”, dice Flores, que lleva colaborando con Ollé en casi 15 títulos. Ambos vienen de abrir la temporada del Covent Garden con Norma (Bellini) y de celebrar los 125 años del estreno de La Bohème con un montaje en Turín.

Para Pablo Heras-Casado se trata de un momento importante en su carrera. Este Holandés errante será su primer Wagner. “Llega en el tiempo justo”, afirma el músico. Ha desembocado en él tras un dominio del repertorio romántico con preferencia por Mendelssohn y Schumann. “Siguiéndole en cierto modo un rastro que veo antes en ellos”, asegura el director granadino. Pero para una obra que, bebiendo incluso de fuentes como el belcantismo, aun, marca en Wagner un punto de inflexión radical.

Un universo sonoro que marcará el futuro. Tremendamente exigente para quien hace ya mucho que hay que dejar de considerar joven director, promesa. Heras-Casado ya es, a todas luces, un consagrado. “Ya peino canas. Llevo 20 años dirigiendo”, afirma. Más cuando ha decidido comenzar una ruta hacia las cumbres wagnerianas. “Mi camino hacia El anillo del Nibelungo, empieza ahora. Sin tanto ímpetu, ya he calmado mi impaciencia, aunque conservo las mismas ganas”, confiesa.