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“Tenemos que dejar los coches en el siglo XX”

La arquitecta Angela Brady fundó el grupo Architects for Change para defender a las minorías étnicas o de género entre el colectivo

Angela Brady, retratada en el claustro del IE de Segovia.
Angela Brady, retratada en el claustro del IE de Segovia.

En 2000, tras tres lustros viviendo en Londres, Angela Brady (Dublín, 1957) fundó el grupo Architects for Change para defender a las minorías -étnicas o de género- entre el colectivo de arquitectos. Once años después fue elegida presidenta del RIBA (Royal Institute of British Architects), posiblemente, la institución más influyente de la disciplina. Hoy ha hecho suyos los temas candentes de la arquitectura: de la venta de la ciudad como bien de inversión a la sostenibilidad. En el IE de Segovia demuestra tener respuesta para casi todo. Haber construido algunas de sus propuestas fortalece su mensaje.

Pregunta. ¿Por qué las arquitectas reciben menos premios y reconocimiento que los arquitectos?

Respuesta. Esta es, todavía, una profesión orientada a los hombres. Cuando de 2000 a 2005 dirigí el departamento de Mujeres en la arquitectura en el RIBA, el 11% de los arquitectos en Reino Unido eran mujeres. Hoy somos el 22%. En una década estaremos a la par. Pero nuestros salarios siguen estando un 25% por debajo.

P. ¿Por qué?

R. El 95% de los empresarios son hombres. Se han acostumbrado a tratar con hombres.

P. En España hay más mujeres que hombres estudiando arquitectura ¿Cómo va a afectar eso a la profesión?

R. Lo que nos planteamos es por qué el 45 % de las arquitectas deja de trabajar. Se junta una profesión endogámica con que no todos los que estudian arquitectura pueden ser arquitectos.

P. La primera mujer en recibir el Pritzker, Zaha Hadid, vivía en Londres.

R. Abrió caminos para mujeres y hombres. Pero el círculo de los arquitectos es cerrado: se casan entre ellos y si forman una familia la mujer suele renunciar a su profesión.

P. Usted está casada con un arquitecto.

R. Sí, Robin Mallalieu y yo tenemos dos hijos y una relación igualitaria, pero es una excepción, sobre todo en Irlanda, de donde procedo. Me he pasado la vida tratando de vencer la desigualdad desde propuestas. Sólo protestando no se llega a ningún sitio.

P. ¿Cómo consiguieron su primer trabajo?

R. Muchos constructores británicos son irlandeses. Es la herencia de haber sido obreros y prosperar. Confiaron en la idea de comunidad que defendíamos: sin vallas, con mezcla social.

P. Ideó Divercity, una muestra itinerante que viajó por los cinco continentes. ¿Cambió algo?

R. Concienció.

P. ¿Ha cambiado el papel del arquitecto en países que están ya fundamentalmente construidos?

R. En el Reino Unido una ley obliga a la convivencia de ricos y pobres. El 25% de cualquier barrio debe ser vivienda social. Los ricos financian la operación.

P. Cuesta imaginar esa convivencia en España.

R. Está demostrado que lo que afianza las ciudades es la mezcla. La ciudad debe ser una escuela de convivencia.

P. Proteger el pequeño comercio se defendía ya en los años sesenta.

R.  Conocer al vecino mejora la vida cotidiana. Hoy en Londres el 95 % de los ciudadanos no conoce a sus vecinos.

P. En España mucha gente necesita vivienda. Pero hay medio millón vacías.

R.  Como en Irlanda. La construcción se convirtió en un negocio muy mal planificado. También sucedió en China: se levantaron ciudades nuevas donde la gente no ha querido vivir. No se habla de las ciudades fantasma, pero cada vez hay más. Se construía por el puro lucro.

P. ¿Quién vive en los 232 nuevos rascacielos que se han levantado en Londres en los últimos años?

R. En muchos, nadie. Desde Singapur se invierte en pisos en Londres y Londres se convierte en una ciudad con edificios vacíos. No debería ser legal: las ciudades en las que los ciudadanos no pueden permitirse vivir acaban arruinadas.

P. ¿Qué tipo de ciudades estamos construyendo en el siglo XXI?

R. ¿Apostamos por las personas o por el mero negocio? Ahora el dinero manda.

P. Ha defendido plantar dos millones de árboles en Londres.

R. La mayoría de los ciudadanos es incapaz de nombrar 15 árboles. Eso antes era conocimiento habitual. Los árboles en las ciudades producen sombra, reducen la velocidad, absorben buena parte de la contaminación. Una ciudad con árboles reduce en siete grados su temperatura durante el verano. ¿Se le ocurre una manera más directa de mejorar las ciudades?

P. Los árboles necesitan mantenimiento.

R. Cierto. Aportan muchos beneficios y, sin embargo, las compañías de seguros los cortan porque ese es el mantenimiento más fácil.

P. ¿Hay que sacar los coches de las ciudades?

R.  Madrid parece devorada por los coches y con muy pocas bicicletas. Es insostenible.

P. Ir en bicicleta por Madrid exige jugarte la vida.

R. La presencia de los coches en la ciudad cambia cuando la gente quiere. Cuando se dan cuenta de la cantidad de enfermedades, accidentes y mala vida que causan. Pero se debe proteger a los ciclistas si quieres que tu ciudad evolucione. Tenemos que dejar los coches en el siglo XX.

P. ¿Vamos a ver la ‘dubáización’ del mundo?

R. Se pueden actualizar las raíces, pero negarlas es absurdo. ¿Por qué llevar abrigo si sólo necesitas una camiseta? Tiene tan poco sentido globalizar la arquitectura como globalizar el vestir.