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El Bataclan recupera su alma

El cogerente de la sala ha intentado evitar que esta se convierta en un mausuleo

Gente en la puerta de Bataclan, este domingo
Gente en la puerta de Bataclan, este domingo Getty Images

La sala Bataclan fue el epicentro del peor ataque terrorista sufrido en la historia reciente de Francia. Una decena de yihadistas franceses y belgas ensangrentaron las calles de París la noche del 13 de noviembre de 2015 con cinturones explosivos, los ametrallamientos de varias terrazas y el asalto final a la ya hoy célebre sala de conciertos. En ella murieron 90 de las 130 víctimas mortales de esa jornada. Un año después, el Bataclan intenta recuperar su vida, su alma y su aspecto de siempre. “No queríamos que se convirtiera en un mausoleo”, dice Jules Frutos, codirector de la sala. La reapertura a lo grande con Sting este sábado ha logrado imponer la música al silencio.

Para Frutos, por cierto, de origen español, todo este tiempo de reconstrucción ha sido un vía crucis y las obras no han sido el motivo principal. Los tres yihadistas que asaltaron la sala y mantuvieron durante dos horas a cientos de rehenes hicieron 250 disparos dentro del Bataclan. Dos de ellos, además, se hicieron estallar con sus cinturones explosivos cuando se vieron cercados por la policía. Había que rehacer todo el recinto. Incluso cambiar el techo, en el que se descubrió amianto. Se ha aprovechado para remozar el lugar e intentar devolverle su aspecto original, perdido en los últimos años.

Durante los últimos meses, mal que le pese a Frutos y a sus socios, el Bataclan ha sido un mausoleo; el fondo de un altar laico en el que ha habido pequeños homenajes y muchas velas encendidas; un lugar, en fin, para el mal recuerdo. Y en este camino hacia la reencarnación ha habido muchos obstáculos. Hubo que acoger a decenas de víctimas que quisieron volver al lugar, rechazar propuestas televisivas de reinauguración con una especie de festival televisivo, artistas franceses que rehusaron actuar este otoño en la sala con las más variadas excusas y hubo también que contemplar espectáculos que han gustado poco en Francia, como el protagonizado por Eagles of Death Metal, el grupo que actuaba justamente cuando se produjo el asalto.

El cantante de los Eagles, Jesse Hughes, hizo declaraciones sobre la supuesta connivencia de vigilantes de la sala con los asaltantes, motivo por el cual los organizadores de dos conciertos en Francia se apresuraron a anularlos. “Tengo la sensación de que este grupo, poco conocido antes en Francia, ha surfeado sobre lo ocurrido”, cuenta ahora Frutos en sus oficinas de la productora musical Alias. “Cuando vinieron en febrero a actual en el Olimpia, intentaron rodar un clip en el Bataclan. Lo siento, pero no son bienvenidos”.

Frutos, cordinador de la sala Bataclan
Frutos, cordinador de la sala Bataclan EL PAÍS

En abril y mayo, cuando un nuevo ataque terrorista en el aeropuerto de Bruselas reavivaba las tristes emociones, el Bataclan sacó a la venta las primeras entradas de su nueva vida. Peter Doherty reabriría sus puertas el 16 de noviembre, tres días después del primer aniversario. La programación de la sala se animaba. Youssou Ndour, Marianne Faithfull, Yael Naim y David Donatien, EFF… “Estábamos angustiados”, relata Frutos a los cinco periodistas de la LENA (la alianza de periódicos europeos a la que pertenece El País). “¿Compraría la gente las entradas?”.

Cientos de personas respondieron a la oferta. Muchos amantes de la música no volverán jamás al Bataclan como miles de turistas renuncian siquiera a pisar suelo francés a causa de los atentados, pero la sala Bataclan volverá a latir con el rock. La guinda la puso Sting este verano. “Una amiga periodista me dijo que Sting le había dicho que quería tocar en esta sala. Contacté a su mánager y la respuesta fue inmediata. Él daba un concierto la víspera en Nueva York. Tenía verdaderos deseos de venir. Es alguien muy simbólico de la música del Bataclan porque es un músico comprometido”.

Solo los familiares de los 90 fallecidos en la sala han hecho 400 peticiones de entradas para una sala con capacidad para 1.500. El martes se pusieron a la venta la mayoría de las que había disponibles y se agotaron en unos minutos. Ahora, pasado el calvario y el horror que prefiere olvidar (“no voy a contar mi sensación cuando fui a la sala tras el asalto”, advierte), todo ha sido estrés positivo. Los trabajadores que estaban en el Bataclan la noche del 13 de noviembre volvieron a sus puestos tras meses de trauma y sesiones psicológicas. No ha habido fotos del interior hasta que la sala no ha estado lista y con gente dentro; hasta que no ha flotado la música en el ambiente. “El concierto de Sting, organizado para este sábado y montado tan precipitadamente ha generado adrenalina. Nadie ha tenido tiempo para pensar en otra cosa. Finalmente, reconstruir el Bataclan ha sido casi una terapia”.