‘IN MEMORIAM’
Opinión
Texto en el que el autor aboga por ideas y saca conclusiones basadas en su interpretación de hechos y datos

Georges Balandier, un etnólogo que batalló contra el colonialismo

El catedrático de Sociología de la Sorbona llevó a cabo una profunda reflexión sobre el pensamiento antropológico contemporáneo

Georges Balandier, antropólogo francés, en 2003.
Georges Balandier, antropólogo francés, en 2003. ERIC FEFERBERG (AFP)

A principios de octubre de 2010 recibimos a Georges Balandier —fallecido el pasado día 5 a los 95 años— en el Instituto Mémoires de l’Édition Contemporaine en Caen con ocasión de un coloquio dedicado a Jean Duvignaud. Los asistentes quedaron impresionados por la consistencia y la fluidez de la conferencia que el autor de Antropo-lógicas, casi nonagenario, pronunció en honor de su amigo Duvignaud, consultando solo muy ocasionalmente sus breves notas. La claridad y la profundidad eran las cualidades más manifiestas de este autor de decenas de libros, que había impartido cursos y dictado conferencias en muchos lugares por todo el mundo. Sus virtudes como narrador provenían sin duda de su pasión por la literatura y de sus deseos iniciales de ser novelista. Por fortuna para las ciencias sociales, Balandier se hizo sociólogo.

Tras estudiar Letras y Etnología, y acabada la II Guerra Mundial —durante la que formó parte de la Resistencia—, Balandier viaja al África negra, sobre todo a la del oeste, y también a Túnez, para su formación de campo como etnólogo. Simpatizó entonces con diversas personalidades que más tarde, durante la descolonización, se convertirían en presidentes o ministros de sus países. Estudiando las dinámicas ante y poscoloniales en el África subsahariana, Balandier ganó notoriedad como investigador en antropología. Más tarde se unió a Georges Gurvitch y llegó a ser catedrático de Sociología en la Sorbona, donde vistió la toga que el propio Durkheim había llevado antes que él. Su trayectoria reúne sociología y antropología, pero es sobre todo en el contenido de sus textos donde ambas disciplinas se fusionan.

Hay un hilo rojo que atraviesa toda su obra, pese a la gran diversidad temática de esta: se trata de un enfoque en términos de dinámicas sociales, una concepción absolutamente opuesta a las alegaciones de un presidente de la República Francesa lo bastante osado para declarar, ante un auditorio de intelectuales y responsables políticos africanos, que el hombre africano no ha entrado suficientemente en la historia. En ese entorno africano, cuna de la historia de la humanidad, libró Balandier sus primeras batallas de intelectual comprometido contra el colonialismo y a favor de una antropología del movimiento, antes de esforzarse en el intento de comprender una modernidad más o menos deshumanizadora. Ese es el sentido de sus declaraciones en France Culture: “No aceptar que se imponga el sistema de dominación, de sometimiento, de envilecimiento calculado”. Y el sentido también de su trabajo orientado a comprender las lógicas tecnocráticas, como su mentor Gurvitch y sus amigos Duvignaud y Henri Lefebvre.

La atención prestada a las dinámicas de cambio le llevó a unirse a Gurvitch y a aproximarse a Alain Touraine en su batalla contra el estructuralismo. Le impulsó asimismo a dedicar una atención crítica a todas las formas de deriva hacia una “supermodernidad” tecnocientífica, ligadas a lo que denominó los “nuevos mundos nuevos”, que alienan a los seres humanos y los tornan más vulnerables. Su obra, precisamente porque no está estructurada por un único principio unificador y porque cede todavía menos al cientificismo de la ultraespecialización, ofrece elementos de clarificación útiles para comprender las sociedades contemporáneas, en especial la antropología de la vida cotidiana.

Balandier —algunas de cuyas principales obras tienen traducción al castellano, como África ambigua (Editorial Sur), Antropología política (Edicions 62), El desorden: la teoría del caos y las ciencias sociales (Editorial Gedisa) o la ya mencionada Antropo-lógicas (Edicions 62)— prologó la edición francesa del libro que consagré al estudio de la escuela francesa de socioantropología, de la que fue uno de los transmisores fundamentales y cuyos análisis y perspectivas supo prolongar, tanto en sus propias obras como en la dirección —durante 50 años, lo que es todo un récord— de la prestigiosa revista Cahiers Internationaux de Sociologie. Ha dado tanto a las ciencias sociales que quedará para siempre en ellas, prolongando su presencia en otros escritos del hoy y del mañana.

Salvador Juan es catedrático de Sociología en la Universidad de Caen (Francia).

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