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“La vida puede terminar a la vuelta de la esquina en El Salvador”

Jorge Galán novela en ‘Noviembre’ el asesinato de Ellacuría y otros cinco jesuitas en 1989 e incluye revelaciones como la del expresidente Cristiani, que admite la autoría del ejército

El escritor Jorge Galán, ayer, en Madrid.rn rn
El escritor Jorge Galán, ayer, en Madrid.

Jorge Galán, salvadoreño de 43 años, tenía 16 cuando un grupo de sicarios enviados por militares asesinaron salvajemente a Ignacio Ellacuría, a cinco compañeros suyos jesuitas y a dos mujeres, madre e hija. La matanza ocurrió en la Universidad Centroamericana (UCA) de El Salvador, la misma en que estudiaría el propio Galán [Con la misma crueldad, con las mismas armas, con que fue asesinado el arzobispo Romero, un mártir de esa violencia, en 1980].

Fue en una madrugada de noviembre de 1989; Galán, poeta y narrador que desde hace un año vive en España, fuera del duro país al que quisiera volver, tuvo en la memoria ese hecho terrible desde aquella noche. Él acaba de ganar el premio Casa de América de Poesía 2016 y es autor de varios libros de poemas y novelas.

Aquella historia que conmovió a la población salvadoreña por el salvajismo impune del atentado contra los sacerdotes estuvo en su mente hasta que la convirtió en novela de no ficción, que ha titulado Noviembre. Editada por Tusquets en España, la presentará hoy en Madrid un amigo de Ellacuría, el teólogo Juan José Tamayo, una amiga de Galán, Almudena Grandes, y un cineasta, Imanol Uribe (a las 19,00 en la Librería Ocho y Medio, calle de Martín de los Heros).

Galán es un hombre tranquilo que viene del miedo. La violencia en El Salvador no cesa; en este país chiquito de seis millones de habitantes, se han llegado a contabilizar hasta 51 asesinatos en un día en estos últimos meses. Un amigo suyo, por ejemplo, murió tiroteado en plena calle durante una discusión de tráfico.

Impunidad

Esa metáfora de la violencia tiene su contrapartida judicial: la impunidad. No vale nada la vida, y la violencia queda impune. Por ejemplo, relataba ayer Galán hablando con la misma suavidad enérgica con la que va narrando en Noviembre el desastre moral que significaron esas y todas las muertes para El Salvador: “Los asesinos de Ellacuría y sus compañeros siguen sueltos, excepto el general Montano, preso en Estados Unidos, que sí puede ser extraditado a España”. Tras el proceso abierto por el juez Eloy Velasco, ante el que Galán ha prestado testimonio, Montano puede ser entregado a España desde el pasado febrero para responder a los cargos de los que se le acusan.

El poeta amenazado que añora su país

Jorge Galán vive en la actualidad en España. Ha recibido amenazas de muerte tras la publicación de Noviembre, que presentó en noviembre de 2015 en el campus de la Universidad Centroamericana (UCA) de El Salvador.

El escritor estudió en la UCA, la misma universidad en la que se produjo la matanza de los seis jesuitas españoles, de una mujer salvadoreña y de su hija, de 15 años.

El asesinato marcó al poeta y escritor, quien ha novelado los hechos en Noviembre, decidido a que los culpables no queden impunes.

Galán ha testificado en el juicio celebrado en España para que el general Montano sea extraditado a España.

Recibió el Premio Casa de América de Poesía el pasado 23 de septiembre por su obra Bajo la interminable noche de noviembre.

“Pero”, apunta Galán, “14 militares que participaron en aquella matanza no han sido encarcelados, siguen sueltos, y alguno de ellos ha seguido en la vida política como senador de su país”.

Esa voz suave del poeta adquiere en el libro una enorme potencia, como si escribiera con la sangre que dejaron los criminales sobre el suelo donde fueron asesinados los curas. Algunos años antes, en 1977, se produjo una matanza parecida en la calle Atocha de Madrid: unos ultraderechistas asesinaron del mismo modo a cuatro abogados laboralistas.

Jorge Galán ha vivido siempre “en el país en el que no se puede caminar. En el que la vida puede terminar a la vuelta de cualquier esquina o en una línea de autobús que el azar convierte en última. He visto morir a buenas personas, a inocentes que marchaban a su trabajo y que mantenían con dignidad a sus familias. El terror es algo cotidiano para nosotros. Cabe preguntarse por qué vivimos así, de dónde viene la violencia que nos somete. Noviembre es una novela sobre la impunidad que ha convertido mi país en un infierno. Y el mayor símbolo de esa impunidad es el asesinato de monseñor Romero y de los jesuitas de la UCA”.

En el caso de los jesuitas, explica Jorge Galán, “sus autores materiales fueron condenados y absueltos; sus autores intelectuales ni siquiera han sido juzgados. Hay una solicitud de extradición por parte de la Audiencia Nacional española para 14 militares involucrados en el crimen, que el Gobierno salvadoreño se niega a cumplir”. “El expresidente Alfredo Cristiani admite en mi libro que el ejército fue el autor de las muertes de los jesuitas”, añade el escritor, en alusión a una entrevista que guardó, como otras, y ha utilizado en su libro.

Los cadáveres de varios de los asesinados en la matanza de la Universidad Católica de El Salvador yacen en el suelo, junto al entonces arzobispo de San Salvador, Arturo Rivera y Damas, y un grupo de periodistas.
Los cadáveres de varios de los asesinados en la matanza de la Universidad Católica de El Salvador yacen en el suelo, junto al entonces arzobispo de San Salvador, Arturo Rivera y Damas, y un grupo de periodistas.

¿Y qué huella ha dejado esa larga guerra, esa violencia, en los salvadoreños? “Mi país salió de una guerra terrible para entrar en otra aún más terrible y sombría: la guerra contra las pandillas. La delincuencia se ha apoderado de todo El Salvador. Esta violencia es la huella más palpable de nuestra guerra civil. Al inicio de los años noventa teníamos una sociedad repleta de familias fragmentadas; debido al conflicto hubo una extensa migración a los Estados Unidos y otros países, y la falta de trabajo, la pobreza, y las familias desmembradas, fueron un caldo de cultivo perfecto para que se reprodujeran las pandillas. La violencia es nuestro pan diario. Yo mismo no conozco otra realidad. Ni la conocen aquellos nacidos de los años setenta hasta la fecha”.

Marcado por la violencia

“De niño era la guerra. De joven era la guerra...” Su libro no es sobre aquella guerra, es sobre la vida marcada por el miedo, como aquella terrible madrugada de noviembre de 1989. Como si aquella noche se prolongara y fuera la luz grave de esta novela. “La violencia no se aleja nunca”. Así que su nostalgia es la de los años cincuenta que no vivió. “Esos años cuando mi país era un paraíso donde nada terrible ocurría”.

Es un libro lleno de documentación, de años de investigación, de grabaciones y de declaraciones, pero su lectura está aligerada por una escritura sobria, de poema de Brecht o de Blas de Otero. “La investigación para este libro empezó mucho antes de que me diera cuenta de que necesitaba escribir la novela. Al estudiar en la UCA, conocí a muchísima gente que había tratado a Ellacuría y a sus compañeros. Y esta gente siempre tenía algo que decir, si preguntabas. Y yo pregunté mucho a profesores, escritores, historiadores. Luego me di cuenta de que era una historia que debía contar y, entonces, adquirió otros matices. Me entrevisté con todo aquel que tuviera algo que decir, una crónica o un detalle. Todo servía entonces. Han sido años de trabajo con el propósito de reconstruir el crimen y sobre todo de contar la historia de unos hombres que entregaron sus vidas por mi país”.

—En el libro, sus personajes, a los que entrevista, le cuentan qué pasó, años después. ¿Cómo los halló?

—25 años es mucho tiempo, pero a veces no tanto como parece. Muchos de los protagonistas se encontraban en el mismo lugar que en 1989. Los sacerdotes José María Tojeira y Jon Sobrino seguían en la UCA. El expresidente de mi país Alfredo Cristiani continuaba en San Salvador. Incluso los asesinos seguían allí.

Quien crea que va a leer un libro sobre la guerra de El Salvador se equivoca. Es una novela sobre todas las guerras, incluida la española, la Guerra Civil.