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DANZA

El ballet de los jóvenes triunfa en Miami

La presencia española ha sido muy alabada por la crítica en la XXIª edición del Festival Internacional de Ballet celebrado en Miami

María Muñoz y Álvaro Madrigal en "Scarlatti pas de deux", coreografía de J. C. Martínez.
María Muñoz y Álvaro Madrigal en "Scarlatti pas de deux", coreografía de J. C. Martínez.

Casi tres semanas de actividad dancística en Miami hasta hoy han puesto a La Florida otra vez en el mapa particular de la danza, con la XXIª edición del Festival Internacional de Ballet, que sobrevive a pesar de los recortes presupuestarios y del abandono de algunos de los patrocinadores durante la crisis. La presencia española ha sido muy alabada por la crítica y uno de los bailarines, Álvaro Madrigal Arenilla, de la Compañía Nacional de Danza [CND], el más aplaudido por el entendido público balletómano de la ciudad al interpretar una revisión contemporánea del solo El cisne. Arenilla también bailó junto a su compañera de la CND María Muñoz el paso a dos Scarlatti, que su director José Carlos Martínez creara originalmente para los jóvenes de la Ópera de París y que después ha entrado en el repertorio de la compañía titular española. También se presentó como española la Uniqart Dance Company, que dirige Marsha Rodríguez con dos coreografías de Vitali Safronkine.

Entre los bailarines cubanos de la emigración presentes destacaron los Marize Fumero y Arionel Vargas, primeras figuras del Milwaukee Ballet, que regalaron cuidadas interpretaciones de Tchaicovsky Pas de deux de George Balanchine y del famoso adagio del segundo acto de El lago de los cisnes. Fumero y Vargas ya habían estado este verano a mediados de agosto en el Festival de Ravello representando con estos mismos pasos a dos a los cubanos que han optado por escapar de la isla en una función titulada Cubanía. Otras figuras ya conocidas del público miamense fueron Natalia Berrios y José Manuel Ghiso del Ballet de Santiago de Chile, y Anna Chiara Almirante y Alessandro Staiano del Cuerpo de baile del Teatro San Carlo de Nápoles que bailaron Diana y Acteón.

No puede dejar de mencionarse como futura promesa del ballet al argentino Lucas Erni, del Ballet Nacional de Uruguay (que en Llamas de París regaló al público una impecable y rara proeza técnica que pocas veces se ve fuera del salón de ensayos: un triple giro en el aire), a la cubana Estheysis Menéndez, del Houston Ballet & Theater y a los japoneses Sena Hidaka y Shushei Yoshida, del Ballet Nacional de Bucarest. Por el Cuban Classical Ballet of Miami cuatros jóvenes solistas bailaron Coppelia y La bayadera: Masiel Alonso (que recientemente cruzó la frontera de Canadá abandonando una gira del Ballet Nacional de Cuba), Mayrel Martínez, Ignacio Galíndez y Maikel Hernández.

Pedro Pablo Peña, fundador y director artístico del Festival Internacional de Ballet de Miami ha dado un giro de 180 grados al evento, y lo explica así: “Se trata de adaptarse a los tiempos, pues la oferta y la demanda en el campo de la danza, y específicamente del ballet, ha cambiado mucho y aceleradamente. El público, los mismos teatros y la crítica, nos exigen estar atentos a estos cambios. Estos cambios llegan también a las formas de patrocinio. Se han ido algunos benefactores, que cumplieron su papel, y han llegado otros nuevos para esta nueva etapa”.

Hace menos de un lustro, Peña inauguró el Miami Hispanic Cultural Arts Center, conocido coloquialmente como The White House of Ballet [La Casa Blanca del Ballet] en la calle 1 de Miami, muy cerca de la Pequeña Habana y de la mítica calle 8, en una casa de estilo georgiano que goza de la máxima protección patrimonial y está considerada la más importante construcción de este estilo que se conservan intacta con todos sus elementos estructurales y decorativos. Allí se han creado aulas y salones y para las clases de ballet y de música, además de una dinámica programación de artistas plásticos y literarios hispanos que desarrollan su actividad en La Florida. “La Casa Blanca del ballet aún no está a pleno rendimiento, lo estará cuando se puedan construir los pabellones adjuntos con nuevos salones de ensayo y una nueva galería de arte; todo está ya proyectado y aprobado, esperando completar la financiación”, aclara Peña, que volviendo al argumento de los cambios en el festival concluye: “Hemos ido a teatros nuevos de la región, en otros municipios cercanos como Miramar, en busca de nuevo público. También hemos invitado a bailarines muy jóvenes de muchos sitios diferentes, los que serán las estrellas del mañana, si sus carreras se desarrollan normalmente y como debe ser. En este festival, por el que han pasado todos los grandes de hoy cuando empezaban, como es el caso de Tamara Rojo, la idea es siempre mirar hacia delante, no abandonamos los clásicos ni el repertorio histórico, pero damos lugar a la nueva coreografía y a las nuevas músicas”.