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Rihanna llega a Barcelona con su ‘turmix’ sonoro

La megaestrella pop de Barbados recala esta noche en el Palau Sant Jordi de Barcelona en el mejor momento de su carrera

La cantante Rihanna en un concierto en Estocolmo el 4 de julio.

La secuencia es común a muchas de ellas, pero no todas la coronan con la misma destreza: tras una irrupción mediáticamente sonora y el aval de unas ventas millonarias, el edulcorado R&B y el pop chicloso y semiadolescente de sus inicios acaba dando paso a productos de mayor cuajo. Muchas veces contaminados por las principales corrientes del subsuelo de la música de baile más inquieta, orientan su foco a un público más adulto y –supuestamente– versado. Ocurrió en su momento –aunque con efectos fugaces– con Britney Spears. Ocurrió (y de qué forma tan rotunda) con Beyoncé, quien reina hoy en día por derecho propio. E incluso está empezando a ocurrir con ex estrellas de la factoría Disney que buscan crédito en los tótems de la galaxia alternativa, como es el caso reciente de Miley Cyrus y su alianza con The Flaming Lips.

En el caso de Rihanna, el paralelismo con Beyoncé es cualquier cosa menos gratuito: la de Barbados también se aventuró a difundir su nuevo trabajo a través de la red (la plataforma Tidal, en un principio). Sin previo aviso, siguió los pasos dados por la exDestiny's Child con los álbumes Beyoncé (2013) y Lemonade (2016), expedidos con nocturnidad y cierta alevosía, saltándose a la torera las leyes tradicionales de la gran industria musical. El Anti (2016) de Rihanna fue difundido por Tidal el 28 de enero pasado, y no vio la luz en las tiendas de toda la vida hasta una semana después. Pero lo más sustancioso no fue eso, sino su contenido. Emborronando los contornos de sus canciones, jugando a desbaratar las expectativas y apostando, en definitiva, por recorrer el camino menos trillado, Rihanna consiguió con estas últimas trece canciones su álbum más logrado y excitante. También es el menos convencional de su carrera, desde que Jay Z la descubriera hace más de una década, editase Music of The Sun (2005) y tuviera en poco tiempo a todo el mundo comiendo de su mano, sin aparente esfuerzo.

Los argumentos que brinda un disco como Anti, cuya traducción al directo está por ver esta noche en el Palau Sant Jordi, son afortunadamente audaces para alguien que ha vendido 200 millones de discos. Trap inquietante, reggae brumoso, dub reptante, guiños a la psicodelia de Tame Impala... habrá que ver si el mastodóntico entramado que sustenta esta clase de conciertos no ahoga ni diluye tal áccesit de creatividad. La respuesta, hoy mismo.

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