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Celebración madrileña

“Quem não gosta de samba bom sujeito não é

É ruim da cabeça ou doente do pé

Eu nasci com o samba, no samba me criei

E do danado do samba eu nunca me separei”.

- Samba da Minha Terra

(Aquel al que no le guste la samba buena persona no es / Está mal de la cabeza o enfermo del pie/ Nací con la samba, en la samba me crié / Y de la locura de la samba nunca me separé).

Este estribillo escrito con tanto humor de la famosa canción de Dorival Caymmi resume bien cómo el brasileño común entiende la samba. Para nosotros, los brasileños, es mucho más que un género musical. Es parte integrante de la identidad nacional. A pesar de tener dimensiones continentales, de Norte a Sur, donde está Brasil hay samba. Y 2016 es un año especial para los amantes de esta música: este año, se celebran los 100 años de la samba.

Aunque simbólica, la fecha escogida como el nacimiento de este estilo musical es 1916. Aquel año tuvo lugar el primer registro documental oficial de la samba - se trata de la canción Pelo Telefone de Donga. Sin embargo, está claro para todos que 1916 no corresponde a su real origen histórico. Mucho antes de esto, en los quilombos, en las viviendas de los esclavos en las haciendas, en los patios de las casas humildes, en las periferias de Río de Janeiro, de Bahía, y de todos los lugares de Brasil, la samba ya existía como música viva.

El nacimiento de lo que hoy denominamos samba se confunde con la formación socio-cultural del propio Brasil. Es el resultado de siglos de colonización, período en el que se produjo la mezcla de pueblos de tres continentes distintos: el portugués, el africano y el indígena. De esta mezcla, hasta entonces inédita, surgió la base de lo que se convertiría en una nueva cultura, con nuevas costumbres, nueva gastronomía y nuevas manifestaciones artísticas como la samba.

Pero la aceptación del mestizaje (y de la samba) como pilar de la identidad brasileña no llegó fácilmente. A finales del siglo XIX, cuando Brasil recién había abolido la esclavitud (1888), comenzó entre los intelectuales brasileños un debate sobre la construcción de la identidad nacional centrado en los supuestos problemas del mestizaje y de la “inferioridad” racial del negro, que impedirían el progreso del país. La “solución” que estos intelectuales higienistas propugnaban era el “emblanquecimiento” de Brasil, a través del estímulo de la inmigración blanca (europea), y la adopción de costumbres y modelos típicamente europeos. Poco a poco, autores como Gilberto Freyre (de Casa Grande y Senzala, 1933) y Sérgio Buarque de Hollanda (Raíces de Brasil, 1936) ayudaron a romper con estos pensamientos preconcebidos, mediante el reconocimiento de la contribución del negro al proceso de formación del carácter nacional. La popularización de la samba – expresión más conocida de la colectividad de las comunidades negras – por todo Brasil, principalmente a partir de las décadas de 1930 y 1940, ayudó a deslegitimar estas teorías racistas y contribuyó a la formación de un concepto de identidad nacional basado en la diversidad cultural y en el mestizaje.

Hoy no importa la etnia, el credo, la edad ni la clase social, todo brasileño tiene el ritmo de la samba corriendo por sus venas. Realmente, ya hace algún tiempo que el toque, la cadencia y las melodías de esta expresión musical conquistaron los corazones del público de todo el mundo. Por esta razón, en 2005, la UNESCO reconoció la samba como Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad. Su riqueza cultural es tanta que de ella se han derivado nuevos ritmos igualmente célebres y apreciados internacionalmente, como la bossa nova, la samba-de-roda, la samba-enredo de las escuelas de samba, el pagode, el chorinho y el samba jazz.

Como homenaje a los 100 años de la Samba, el Gobierno de Brasil y la Fundación Cultural Hispano-Brasileña (FCHB) están organizando en 2016 diversos eventos y conciertos para celebrar este fenómeno cultural brasileño.

Uno de los eventos centrales será el concierto de samba jazz del saxofonista brasileño Leo Gandelman en el Teatro Circo Price, en el marco de los Veranos de la Villa, el 7 de julio. En su concierto, Leo Gandelman hará un recorrido por la historia de este género musical interpretando clásicos de Noel Rosa, Nelson Cavaquinho y Tom Jobim entre otros, y nos transportará a los años 50-60, cuando el lenguaje brasileño de la improvisación mezcló, por primera vez, la samba instrumental y el jazz. El concierto de Leo Gandelman, que contará con participación de Jayme Marques como artista invitado, es ideal para todos los enamorados de Brasil y aficionados a la música brasileña, la samba y el jazz.

Paulo Alberto Soares es cónsul general de Brasil en Madrid y Francisco Gallo, director ejecutivo de la FCHB.

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