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Steven Spielberg y su amor por la magia

El director presenta en Cannes 'Mi amigo el gigante', adaptación de la novela de Roald Dahl

Spielberg y la actriz Ruby Barnhill, en la ruedad de prensa de 'Mi amigo el gigante', en Cannes.
Spielberg y la actriz Ruby Barnhill, en la ruedad de prensa de 'Mi amigo el gigante', en Cannes. AFP

Decían de El gran gigante bonachón, la novela de ese enorme escritor que fue Roald Dahl, que era el libro que marcó la infancia de Steven Spielberg. Y que este es uno de esos proyectos que el estadounidense llevaba en el corazón. La tecnología ha avanzado lo suficiente como para que el cineasta hiciera en su momento Parque Jurásico y para que ahora, gracias a la técnica de captura de movimientos, haya traspasado a la pantalla la amistad entre una niña huérfana londinense y un gigante alquimista de sueños. Para esa cría, Dahl se inspiró en su nieta —y la llamó igual, Sophia, actualmente modelo y escritora— y en otros personajes reconocibles como la reina de Inglaterra.  Hoy, sábado, en Cannes, donde la película se ha proyectado en la sección Oficial, aunque fuera de concurso, Spielberg ha desmentido esa relación sentimental con el libro, pero sí su absoluta felicidad al comandar su adaptación. "Y la familia Dahl ha leído y dado la aprobación a cada paso". La película, que en España se titulará Mi amigo el gigante, se estrenará en salas el 8 de julio.

El gigante no es el más grande —es pequeño entre los otros gigantes— y se alimenta de verduras, al contrario que sus compañeros, que comen niños, pero sí es bonachón. Dahl siempre tuvo talento para las novelas de misterio y para los libros infantiles: Los Gremlins, Matilda, James y el melocotón gigante, Charlie y la fábrica de chocolate, Danny el campeón del mundo… Spielberg ya había estado cerca de ese mundo (produjo Gremlins, de Joe Dante), pero solo ahora ha llegado a él. Y con uno de los libros más famosos entre los lectores anglosajones, El gran gigante bonachón, que como han recordado hoy algunos de los miembros del reparto (Penelope Wilton, que interpreta a la reina; Rebecca Hall, que encarna a su doncella, o Jemaine Clement, que da vida al líder de los gigantes malvados) es la primera novela que leyeron por sí solos. Aunque los auténticos dueños de la trama son el gigante Mark Rylance —el nuevo mejor amigo de Spielberg tras El puente de los espías, y juntos repetirán en El secuestro de Edgardo Mortara— y la niña Ruby Barnhill; su amistad, definida por el mismo Spielberg, es una “extraña historia de amor” en su mezcla entre animación y actores de carne y hueso.

En realidad, Mi amigo el gigante nace de los productores Frank Marshall y Kathleen Kennedy, grandes colaboradores de Spielberg, que compraron los derechos en 1993, y que hace ocho años encargaron a Melissa Mathison el libreto. Todos estos nombres forman parte de uno de los grandes filmes de la historia, E. T., el extraterrestre. “Creo que el destino ha marcado este trabajo, porque E. T. se estrenó el año en que se publicó El gran gigante bonachón”, contaba Kennedy en recuerdo a Mathison, que falleció el pasado noviembre. “Siempre trabajo con la imaginación”, remarcaba Spielberg, “pero en las películas, por las historias narradas, hay barreras. Aquí no, aquí era completamente libre. Fue Kathleen quien contrató a Melissa y yo oí una voz que me decía que me sumara al proyecto. Y así me moví, espontáneamente”.

El director, que presidió en Cannes el jurado que otorgó la Palma de Oro a La vida de Adèle, fue más preciso con ciertos detalles de la película: “El filme va sobre los valores que poseemos y sobre lo que nos diferencia. Es una experiencia alejada del cinismo, sin metáforas, es una historia sin más, no le busquen otras lecturas. Aunque creo que, en el fondo, late una historia de amor, distinta, pero historia de amor. Puede que sea lo más cerca que he estado de filmar una historia de amor. Yo sigo a lo mío, buscando buenas historias que llevar a la pantalla. En esta ocasión no es el ejemplo de algo premeditado desde hace lustros, pero sí que recuerdo la reacción de mis hijos al leerles el libro. He trabajado a la búsqueda de lograr repetir en el público aquel sentimiento”. De ahí que haya disfrutado especialmente en la secuencia en que la reina de Inglaterra invita al gigante a desayunar. “A mis críos les divertía mucho el choque entre civilizaciones y que el retorno a Londres de los protagonistas tuviera esa familiaridad, esa vuelta al hogar. Esa diferencia de comportamientos y tamaños se refleja en la secuencia del desayuno, el corazón de la película, que además fue muy divertida de rodar. Aunque cuando llegas a ese momento el trabajo ya está hecho, porque la decisión fundamental está en la elección del reparto. De verdad, mucho más que las elecciones posteriores como director”.

Al cineasta le han preguntado por el contraste de su amor por la magia, en el sentido de esa química positiva que emana de sus películas, y la brutal realidad de la actualidad. Ha estado rápido: “Cuanto peor sea el mundo, más magia necesitaremos. Porque mi trabajo es dar esperanza a la gente. La esperanza es todo para mí”.

En la carrera de Spielberg las cosas van viento en popa. Va subido en una ola de éxito económico y artístico como muy pocos otros creadores han logrado. Y eso que él no busca ese equilibrio: “Nunca pienso en el balance comercial / arte cuando dirijo. Si piensas en la audiencia, en obtener mucho público, el proyecto no suele funcionar. Yo me concentro en expresarme y en trabajar. Solo ahora cuando me hacen esa pregunta me pongo a reflexionar”. Y sobre los sueños hechos realidad, el cineasta dijo que su trabajo “es tan divertido” que espera seguir haciéndolo toda la vida y que su sueño es la carrera que está haciendo. “En la vida real he tenido tanto trabajo en los últimos tiempos que cuando duermo solo descanso”. Aunque al final, preguntado por su relación con el actor Mark Rylance, con el que va a rodar tres filmes seguidos, confesó: “La transformación de un filme a otro de Mark es lo más asombroso que he visto en mi vida. He tenido la inmensa suerte de conocerle y de que se haya hecho mi amigo… Ese es mi sueño hecho realidad”.

El mencionado, con su sempiterno sombrero, explicó su método de trabajo: “Siempre busco personas reales en las que basarme. Una vez madurado el personaje, le ofrezco al director diversas posibilidades. Y esto se ha acentuado con la técnica del motion capture, que es igual a cuando estás en un ensayo teatral, con el director pegado a ti y tú, mientras, jugando [en el doble significado inglés de to play como jugar e interpretar] con los personajes”. Puede que por ello Rylance sea uno de los grandes actores teatrales británicos de todos los tiempos, y ahora, el amigo de Spielberg.