Opinión
Texto en el que el autor aboga por ideas y saca conclusiones basadas en su interpretación de hechos y datos

Rajoy, personaje

Hay que reconocer que Rajoy, a veces errático, disperso, poco acertado, hilarante, también logra generar la imagen de hombre corriente al que las minucias no le van a desviar

Mariano Rajoy, durante una entrevista en la SER en octubre de 2015.
Mariano Rajoy, durante una entrevista en la SER en octubre de 2015.EFE

En el capítulo de hoy, las cadenas recuperan uno de sus clásicos y le devuelven un vigor que algunos creíais perdido, hombres y mujeres de poca fe. Y no hablamos de Expediente X o Mad Men, sino de una serie española que aparece y reaparece como Ben-Hur en Semana Santa, aunque se arriesgue a perder audiencia. Podríamos llamarla Chanzas de líder. Los telediarios están llenos.

En esta ocasión, Pablo Iglesias perdona la vida a Pedro Sánchez al ofrecerle la vicepresidencia, sin amago de besos y amor esta vez, un fallo en los principios de dosificación de elementos que todo guion debe contener para gustar a todos los públicos. Los sentimientos siempre cuentan.

Mariano Rajoy, por su parte, nos regala en la Cadena SER varias entregas de marianismo apto para trocear en programas de humor con expresiones geniales para la televisión. El presidente ha creado un personaje con todos los ingredientes para sobrevivir en cualquier ficción, no digamos en la realidad: es poco acertado en expresiones como “afortunadamente fallecen menos” (refugiados) o que no le gustan los debates pero qué le vamos a hacer, viene a decir, pero es un maestro en el dominio de su seguridad.

En la ficción, es en los personajes donde reside la fuerza del relato, y lo importante no son sus virtudes sino que estén bien definidos. Pueden ser carismáticos o miserables, adorables u odiosos, íntegros o manchados por su lado oscuro. Pero si están definidos, sobrevivirán.

Y hay que reconocer que Rajoy, a veces errático, disperso, poco acertado, hilarante, también logra generar la imagen de hombre corriente al que las minucias no le van a desviar. Cuestiones como la corrupción en sus filas caen en su radar con la misma desgana que una visita imprevista de los parientes lejanos. Te ocuparás de ellos, pero no te cambian la vida.

Tal vez no hay que reírse más. Crear ese personaje y hacerle sobrevivir en todas las temporadas tiene gran mérito.

Sobre la firma

Berna González Harbour

Periodista de EL PAÍS, ha sido enviada especial en zonas en conflicto, corresponsal en Moscú y subdirectora a cargo de Internacional, Domingo, Sociedad, Web o Babelia. Escribe entrevistas y crítica cultural, es columnista en la sección de Opinión y analista de Hoy por Hoy, en la Cadena Ser. Premio Dashiell Hammett por 'El sueño de la razón'.

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