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Damián Ortega y el fracaso de la arquitectura moderna

El artista cuestiona la idea del monumento en el Palacio de Cristal

El artista mexicano Damián Ortega, en el Palacio de Cristal.

¿Qué une la destrucción de las Torres Gemelas con el derrumbe del gran proyecto urbanístico Pruitt-Igoe en San Luis, Misuri? Ambas obras fueron diseñadas por el arquitecto Minoru Yamasaki y las dos forman parte de la triple instalación con las que el artista Damián Ortega (Ciudad de México, 1967) ha transformado el Palacio de Cristal del Retiro, cuya gestión corresponde al Reina Sofía. La exposición, primera que se dedica en España al artista mexicano, asociado a la generación de los posconceptualismos, se puede contemplar hasta el 2 de octubre como una reflexión sobre las relaciones entre arquitectura, política y economía.

A partir del título, El cohete y el abismo, prestado de los versos del poema de Vicente Huidobro Altazor o el viaje en paracaídas (1919), Ortega ofrece una disertación sobre la relación entre la ambición humana y los condicionantes impuestos por la naturaleza y la ingeniería.

El artista, que reparte sus días entre Berlín y México, se inició como viñetista en diarios mexicanos como Reforma. De ahí surge el sentido del humor con el que afronta temas tan graves como los de esta muestra. Para el Palacio de Cristal ha creado expresamente una propuesta, comisariada por el João Fernandes, subdirector del museo, que incluye una reproducción en tela del Titanic, que cuelga del techo por unos filos hilos. La pieza parte de un plano que encontró en Internet y que luego volcó sobre una lona para darle forma. Junto a ella, desciende también una versión escultórica de la Torre Latinoamericana, edificio que durante mucho tiempo fue el más alto de México. Inspirado en el Empire State Building, se construyó sobre una de las zonas de más alto riesgo sísmico de la ciudad. "Un sinsentido en los que tantas veces se cae en todas partes del mundo, un desafío a la Naturaleza que no se sostiene sobre ninguna lógica", argumenta el artista.

La tercera gran pieza, Los pensamientos de Yamasaki, es una gran viñeta integrada construida a partir de imágenes y textos hallados en el curso de la investigación artística sobre el proyecto urbanístico Pruitt-Igoe, así como objetos que aluden a la memoria de aquellos que habitaron el complejo de edificios del arquitecto Minoru Yamasaki.

Damián Ortega explica que se interesó por el proyecto porque para él representa el primer gran fracaso de la arquitectura moderna. “Se construyó en periodo de entreguerras para una ciudad en la que 85.000 familias vivían en miserables viviendas sin servicios construidas de mala manera en el siglo XIX. Era una utopía que no funcionó porque no hubo ningún proyecto de convivencia detrás. El desastre fue tal que el gobierno federal ordenó su demolición el 16 de marzo de 1972”. Casualmente, un año antes de la inauguración del World Trade Center de Nueva York.

“Es el reflejo de una historia económica, política y neocolonial que tiene sus raíces en la realidad de México”, resume Fernandes, mientras que a Manuel Borja-Villel, director del Reina Sofía, el conjunto le sugiere una historia de promesas incumplidas.

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