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CrÍTICA | NACIDA PARA GANAR

Una comedia triste

Villanueva entrega un filme desigual, con personajes apasionantes, un núcleo central interesantísimo y un tercer acto desastroso

Los atajos en la vida siempre esconden un demoniaco gato encerrado. Sobre todo en la economía. Y sobre todo en la gente sencilla. Las entidades bancarias que ofrecen un interés muy por encima de la media; los productos financieros incomprensibles; la compra de sellos cuyo valor nunca decrece; los productos cosméticos que devuelven la juventud; el trabajo soñado para una empresa seguramente inexistente; las convenciones de autoayuda comandadas por gurús que, micrófono en mano, mirada fija, alma de forajido, empeño criminal, asaltan las esperanzas de la gente. A cambio de pasta. Con Nacida para ganar, Vicente Villanueva ha hecho una comedia sobre todo este drama. Una comedia triste, claro. Una comedia desigual, con personajes apasionantes, un núcleo central interesantísimo, y un tercer acto desastroso.

NACIDA PARA GANAR

Dirección: Vicente Villanueva.

Intérpretes: Alexandra Jiménez, Cristina Castaño, Victoria Abril, Trinidad Iglesias.

Género: comedia. España, 2016.

Duración: 95 minutos.

Ya desde sus cortos (Heterosexuales y casados, La rubia de Pinos Puente), Villanueva había venido demostrando un estupendo conocimiento del barrio y sus criaturas, y en Nacida para ganar vuelve a demostrarlo. Con ese volcán de comedia y vida, de matices y expresividad, que es Alexandra Jiménez, acompañada de un magnífico grupo de intérpretes (Cristina Castaño, José Manuel Cervino, Ana María Ayala, revelación absoluta), Villanueva dibuja un atractivo panorama de la gente de a pie, expuesto a las mentiras de los lemas de superación inspirados en el todo a 100. Y a pesar que en la puesta en escena y el montaje se mezclan el buen ritmo con la horterada (esas cortinillas en los cambios de secuencia), la película avanza a buen paso.

Sin embargo, cuanto más petarda y referencial se pone (las Supremas de Móstoles, el chico Hermida, las excesivas menciones a Victoria Abril, interpretándose a sí misma, con unas implicaciones metalingüísticas que darían para un ensayo), más zancadillas provoca en el relato. Hasta llegar a un clímax final, en torno casi al thriller, mal escrito y peor dirigido, que, en lugar de dejarte con una sonrisa de la ilusión, te abandona con la mueca del resbalón de última hora.