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¿Por qué Prince es un guitarrista infravalorado?

Tiene el tempo total, el sonido limpio y seco de la magia circular del funk sexual

Prince
Prince, durante una actuación el 4 de febrero de 2007 en Miami. AFP

Si hubiese que hacer una lista con los cien mejores solos de la historia del rock, sin duda alguna, el de Purple Rain y la versión de While my guitar gently weeps en el homenaje a George Harrison del 2004, figurarían entre ellos. Sin embargo, cuando pensamos en Prince no lo asociamos a la imagen de un héroe de la guitarra, como en el caso de Stevie Ray Waughan, Jimi Hendrix o el propio Santana. Prince está entre los guitarristas más memorables de la historia del rock, pero el gran público no lo suele relacionar con la guitarra.

Hay varias razones para esto. La primera es que, para Prince, la guitarra no es un fin sino un medio que está al servicio de su música. Y, además, ser guitarrista es una sola de sus muchísimas virtudes: es un vocalista de primera, multinstrumentista, gran productor, muy buen programador de baterías, una bestia de escenario, un director fenomenal de banda. Pero ante todo y, sobre todo, es un magistral escritor de canciones. Digamos que está más cerca de Duke Ellington que de B.B. King.

Además, nos olvidamos de que Prince es todavía mejor guitarrista rítmico que solista, cosa que, aún siendo fundamental, suele pasar muy desapercibida, como los mediocentros defensivos en el fútbol. Su rectitud rítmica es heredera de Ike Turner y el sabor funk de Jimy Nolen y Catfish Collins, ambos de la banda de James Brown. Tiene el tempo total, el sonido limpio y seco de la magia circular del funk sexual, aunque es mucho más conocido como guitarra solista de sonido cremoso y áspera textura áspera; de vibrato al borde del incendio y glisandos furiosos; de silenciosas esperas al borde del precipicio y majestuosa construcción de los solos, más relacionados con Miles Davis que con Eric Clapton.

Es increíble pero, pese a ser un virtuoso, no centró su carrera en la guitarra. ¿Por qué? Porque Prince deseaba trascender el mercado de la música negra y desde los inicios de su carrera quiso que se le lanzara como un artista de rock. Era ahí donde estaba el público y, por supuesto, los mayores recursos económicos. Además, él iba a mezclar un buen número de estilos y, aunque era negro, no representaba la "negritud".

Ahí está la clave. La guitarra, en Prince, cobra más protagonismo en el directo que en el estudio. Y es que desde el inicio apostó por grandes capas de sintetizadores y baterías programadas. En sus primeros discos evitó las secciones de vientos, puesto que remitían a un sonido prototípicamete negro. Y renunció también al exceso de guitarras y solos desbocados, ya que eran el arquetipo de rock blanco de los setenta. Apostó por los sintetizadores porque, en aquel momento, no estaban asociados a ninguna cualidad racial y no eran ni blancos ni negros. Los sintetizadores le permitían ser todo. Por encima de razas, instrumentos, estilos y, por supuesto, de su virtuosismo guitarrístico.

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