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CRÍTICA | VULCANIA

Más allá de la fundición

Es una ficción distópica alrededor de un mundo que, de hecho, no se aparta de las primeras pesadillas de la revolución industrial

Miquel Fernández, en 'Vulcania'.
Miquel Fernández, en 'Vulcania'.

El topónimo Vulcania excita la nostalgia de quienes se deslumbraron, en sus años de infancia, con la sobresaliente 20.000 leguas de viaje submarino (1954), de Richard Fleischer: así se llamaba el refugio (volcánico) del capitán Nemo, una de las muchas licencias que la película se tomaba con respecto al original literario.

VULCANIA

Dirección: José Skaf.

Intérpretes: Aura Garrido, Miquel Fernández, José Sacristán, Ginés García Millán, Ana Wagener, Silvia Abril, Borja Espinosa, Jaime Olías.

Género: ciencia-ficción. España, 2015.

Duración: 90 minutos.

No parece que la ópera prima de José Skaf utilice ese nombre como guiño, ni como promesa de desbordamiento imaginativo, porque si algo caracteriza a Vulcania es una contención que se diría antes decisión condicionada por posibilismos de producción que firme apuesta expresiva.

Ficción distópica alrededor de un mundo que, de hecho, no se aparta demasiado de las primeras pesadillas tangibles generadas por la revolución industrial, Vulcania utiliza como objeto icónico un libro infantil donde se describen las bondades de una ciudad que, se supone, es el mundo exterior al que aspiran a huir algunos personajes. En el fondo, la película de Skaf es tan ingenua y esquemática al diseñar su microcosmos opresivo como parece serlo la escritura, en clave didáctica, de ese libro que la ficción maneja sin lanzarle, ni siquiera, una mirada de sospecha, sin plantearse que los personajes quieren huir de una distopía de ayer para llegar a nuestro presente distópico y neoliberal.

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