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Un infarto a ritmo de jarana

El escritor mexicano Jorge F. Hernández presenta en la FIL Guadalajara una exigente selección de sus columnas en ‘Solsticio de infarto’

Los escritores de la FIL Guadalajara nos descubren los autores del Reino Unido que más han influenciado su obra.

A Jorge F. Hernández le dieron ganas de vivir más después de que en 2011 sufriera un infarto al corazón. El escritor mexicano comenzó a escribir más, a cantar más y a amar a sus hijos más. A partir de entonces recolectó las columnas que durante 15 años escribió en el diario Milenio sobre la actualidad de México y ahora las ha reunido en Solsticio de infarto (Almadía, 2015). Este lunes en la Feria Internacional del Libro de Guadalajara, ha presentado esta antología con música de jarana de Veracruz y anécdotas de fondo.

“Si se me concedió seguir vivo es para apreciar a los amigos, pero también se me concedió una urgencia de no dejar pendiente nada”, reconoció el autor ante los lectores, entre los que estaba Silvia Lemus, la viuda del escritor Carlos Fuentes. Hernández no dejó indiferente al público de la FIL. Lo acompañaron en la presentación sus hijos Santiago y Sebastián, así como el músico Fernando Rivera, guitarrista del grupo Monocordio. Entre los cuatro cantaron composiciones de Rivera que se han hecho populares en el programa radiofónico El Weso y hasta El Rey de José Alfredo Jiménez.

A Hernández no le faltan las sonrisas desde que en aquel 2011 sintió un profundo golpe en el pecho y sobrevivió

Para publicar Solsticio de infarto, el escritor Juan Villoro obsequió como prólogo de la antología la columna que escribió en el diario Reforma cuando se enteró de la convalecencia de Hernández: Vuelta al ruedo. En ella, Villoro cuenta el paso de Hernández por Madrid durante sus estudios de posgrado y su afición por la fiesta taurina. “Me permitió saber en vida lo que el mejor escritor de México escribiría de mí si yo muriera”, bromeó el también columnista de EL PAÍS.

A Hernández no le faltan las sonrisas desde que en aquel 2011 sintió un profundo golpe en el pecho y sobrevivió. Cuenta con gracia su estancia en Madrid al lado de su hijo Sebastián, sus últimos viajes en tren a Barcelona sentado al lado de un hombre con un parecido razonable y sorprendente con el presidente de la Generalitat, Artur Mas. Sus vástagos celebraron sus bromas y le dieron música para honrar su obra. “Cuando tuvo el infarto fue la primera vez que nos dimos cuenta que la vida podía seguir sin nuestro padre”, reconoció Santiago, el mayor.

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