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La infidelidad se paga

Keanu Reeves paga su mentira conyugal en la comedia negra ‘Knock knock’, de Eli Roth, con aires a ‘Funny games’

Eli Roth (izquierda) y Keanu Reeves.
Eli Roth (izquierda) y Keanu Reeves.

Dale la vuelta a Funny games, mete en ella la infidelidad e incluye el concepto choni. Así se puede hacer una película con Keanu Reeves y Ana de Armas y provocar, como onda expansiva, cierta confrontación en el festival de Sitges, entre detractores y defensores. Eso ha logrado con Knock knock Eli Roth, el director de Cabin fever y Hostel, una de las figuras del torture porn, movimiento cinematográfico conocido por su recreación en la violencia explícita, y el amigo del alma de Quentin Tarantino. A su lado, Nicolás López, el cineasta chileno (Promedio rojo, Santos, Aftershock), que también se ha cobijado en alguna ocasión bajo el paraguas de Tarantino y Robert Rodriguez. Ambos han escrito –Roth además ha dirigido y López producido- esta vuelta de tuerca al concepto “la infidelidad se paga”.

El cazado es Keanu Reeves, un arquitecto que se queda solo en casa trabajando mientras su esposa y sus dos hijos se van de fin de semana a la playa. Esa noche, a la una y media de la madrugada, dos chicas – la actriz chilena Lorenza Izzo, esposa en la vida real de Roth, y Ana de Armas- llaman perdidas y empapadas por la lluvia a la puerta de la mansión. “Era muy importante”, apunta Roth, “que él las invitara a entrar, ya que son como vampiras. Van a destrozarle la vida, pero porque el marido les abre paso. La idea original viene de una película de los setenta, Los sádicos, además de influencias como Roman Polanski, Funny games, desde luego…”. López le interrumpe: “Y Mientras duermes, de Jaume Balagueró”. “Cierto, en general de películas que hablan de perder el control en tu propia casa”. Porque las chicas están mojadas y necesitan que se sequen sus ropas, y una cosa lleva a la otra… A la mañana siguiente el arquitecto despierta junto a dos alimañas que no abandonarán su hogar fácilmente.

Para Roth, el tono fue una de las cosas más complicadas. “Cada decisión que toma alguno del trío de protagonistas debía de ser real. Porque la película se va alocando por momentos, y lo que nace como un juego, como una diversión deviene en una perversión sin límites. A Keanu le señalamos que tenía ser un tipo muy realista, pero en el peor escenario posible”. López explica: “Knock Knock tiene que ver con cómo hoy en día lidiamos con la fidelidad. Una cosa es cuando uno busca activamente encontrar otra persona, y cómo las herramientas digitales ayudan en su caza. En un móvil puedes tener toda una vida privada guardada. Pero aquí ponemos a un personaje que fuera más cercano al espectador. No lo ansía, sin embargo se le pone literalmente en bandeja en la puerta de su casa. Casi parece imposible decirle que no a esas chicas”.

El director entiende que la primera referencia del espectador sea Funny games, de Michael Haneke. “Sin embargo, en esa película invaden el hogar. Aquí Keanu les invita, tiene su elección. Creo que también exponemos un discurso sobre los matrimonios asentados en la falsedad y en no encarar sus problemas ni la felicidad”. También queda claro la abismal distancia que se abre entre dos generaciones, la de los cuarenta y tantos y la que acaba de llegar a los veinte. “Es cierto, y es curioso cómo la diferencia no es solo tecnológica. Esos de veinte han tenido acceso constante a la pornografía, afrontan el sexo de forma distinta. Acceden con solo pulsar un botón a la imagen más chocante y sexual posible”. López remata: “¿Cómo será esa generación en el futuro?”.

Por cierto, ¿a quién se le ocurrió llamar a una estrella como Keanu? “Es una excelente elección. Nunca ha hecho de padre, es divertido ver cómo pierde el control. Miguel Asensio, uno de los productores, tuvo la idea. Y otro de los productores, Cassian Elwes, que había trabajado con él, le envió el guion. Un segundo después, ya estaba en el proyecto. La película se filmó en enero y se rodó en abril. Todo fue rápido. Y Keanu fue perfecto: encontramos en él a una estrella con empatía con el público”.