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NOCHE DE LOS MUSEOS

Noche de los Museos sin cafeína en Madrid

Los centros madrileños pierden frente a San Isidro pese a la ampliación de horarios

Dos espectadores junto al 'Descendimiento de la cruz' del flamenco Rogier van der Weyden, en el museo de El Prado.
Dos espectadores junto al 'Descendimiento de la cruz' del flamenco Rogier van der Weyden, en el museo de El Prado. EFE

Arte versus verbena. Aire acondicionado contra brisa veraniega. Esa era la competición que se jugaba el sábado en Madrid. La Noche de los Museos ampliaba el horario de distintas pinacotecas hasta la madrugada adelantándose al Día Internacional de los centros de arte el próximo lunes, que reúne a 3.400 instituciones en todo el mundo. Mientras, San Isidro apuraba su última noche festiva en la pradera, lejos de la alta cultura, bajo un cielo despejado y un tiempo primaveral hecho a medida del paseante. El lector imaginará quién ganó la batalla.

En el Museo Thyssen, a las siete de la tarde, la espera no superaba los 15 minutos. Los que tuvieron que aguardar Itziar y Francisco José para acceder a la colección permanente en horario ampliado y entrada gratuita, entre las siete (cierre habitual) y la una de la madrugada. “La verdad es que esperábamos más gente, no vemos mucha más que otros días”, comentaba la pareja tras dos horas de visita. Lo achacaban, entre otras cosas, a la falta de promoción: “Nosotros nos enteramos hace meses, por la familia, pero quizás quien no suela venir...”. A diferencia de La Noche de los Libros o la de los Teatros, esta no cuenta con un programa unificado. En la entrada, fuera del edificio, un discreto folio anunciaba el evento.

No era incómodo caminar por las salas y solo el zumbido constante de las charlas daba cuenta de la gratuidad. Los vigilantes, aguantando estoicamente el trabajo nocturno, comparaban la afluencia con la de los lunes, día de acceso libre hasta las cuatro. Entre las siete y las nueve y media pasaron por el museo unos 3.170 visitantes, superando la media diaria, que se situó en 2014 en 2.759 personas. A esa hora, nadie hacía cola ya fuera del edificio, aunque el flujo de visitantes seguía siendo constante.

Sí había fila en el Museo Nacional del Romanticismo, una institución pequeña (90.000 visitantes anuales, frente a los 2.536.000 del Prado) que pretendía competir con las grandes. Además del horario ampliado hasta la una y el acceso gratuito, el centro había preparado una visita especial bajo el título de Velada gótica, disfraces decimonónicos que los visitantes podían probarse y doble sesión de teatro con la obraYo amé a Edgar Allan Poe.

Unas 300 personas llegaron a congregarse en la calle de la Beneficencia esperando una entrada para el segundo pase después de haberse quedado fuera del primero, lo que provocó un pequeño motín ante la organización. En la puerta principal, otro centenar intentaba acceder al museo, por el que pasaron 700 personas durante la noche, casi el triple de su media diaria. Entre ellos, habituales de los museos madrileños que aprovechaban para conocer la institución, adolescentes amantes de Poe y fans del romanticismo. Rebeca y David, vestidos de luto riguroso, se reían ante la pregunta de por qué habían elegido ese centro: “Pues porque somos góticos”. Dentro les esperaban detalles sobre la epidemia de suicidio romántico por amor o mitos como la novia enterrada viva.

También algunos rebotados por lo que tildaron de “caos organizativo”, como Charo y Alicia, que acabaron cambiando romanticismo por Siglo de las Luces en el Museo del Prado. “Pero nosotrass no venimos porque sea gratis, ¿eh? Venimos por participar en la actividad”, aclaraban mientras aguardaban para acceder a las exposiciones temporales, gratuitas entre las ocho de la tarde y la una de la madrugada. Unos 120 visitantes esperaban su turno para ver Goya en Madrid y Rogier Van der Weyden y ahorrarse, de paso, los 14 euros que cuesta el acceso al Museo. No eran cifras sorprendentes, ya que las temporales tienen visitas aforadas de un centenar de personas, a las que se les da paso cada 15 minutos. Dentro, y sin datos de afluencia, el ajetreo (correteos infantiles incluidos) y una cierta despreocupación en el visitante, señalaba que no era un día (ni una entrada) normal. Fuera, a las diez de la noche, la cola se había reducido a una docena personas, mientras chisporroteaban en el cielo los fuegos artificiales de las fiestas patronales.

El Prado, de todas formas, se reserva alguna bala para los próximos días: el lunes, los menores de 14 años recibirán un bono para volver gratis al museo con otros cuatro familiares, el martes 19 se celebra el concierto De nuevo trovadas. Canciones a lo divino en la corte de Isabel de Castilla, del grupo musical Cinco Siglos (19.00), y el martes el director de la National Gallery de Londres impartirá una conferencia titulada Luis Eusebi (Roma, 1773-París, 1829). Un conservador extranjero en el Prado (18.30). Otros centros han apostado también por las actividades especiales. El Museo Arqueológico Nacional programa hoy domingo una obra de teatro (Guillem, el peregrino, 12.00), un concierto de órgano (13.00) y conciertos en el jardín. Además, prorroga la entrada gratuita la mañana del domingo (de 9.30 a 15.00) y el lunes (de 9.30 a 20.00).

El pistoletazo de salida lo había dado el Reina Sofía, también con una actividad, al mediodía del sábado. La coreografía Prueba Trinity 1.0, representada en el patio del Edificio Nouvel por Verónica Garzón, Begoña Quiñones y Mar Rodríguez (y repetida a las siete de la tarde) marcó el comienzo de un día dedicado al movimiento. Pero tímidamente: la única actividad especial del sábado además de la danza y la entrada gratuita fue una visita familiar guiada para descubrir el dinamismo en la colección. El centro de arte se reservaba para el domingo (con visitas guiadas durante la mañana) y el lunes, también gratis. Además de poder observar la nueva restauración de la escultura Retrato de Joella, de Salvador Dalí y Man Ray, el público podrá visitar la biblioteca y el archivo. La Noche de los Museos, para el Reina Sofía, se celebra el lunes, ampliando el horario de la muestra Fuego blanco. La colección moderna del Kunstmuseum Basel hasta las once de la noche. El sábado, silencio. Mientras el rumor de los visitantes nocturnos continuaba en el Thyssen y el Prado, el Reina Sofía solo dejaba ver sus luces apagadas.