CARTA DESDE GANDIA

El Sansan, una fiesta litúrgica ‘indie’

Gandia acoge el primer festival al aire libre de la temporada con Nacho Vegas, Kiko Veneno, La Pegatina y Sidonie en el cartel

El trío musical Sidonie.
El trío musical Sidonie.gorka lejarcegi

En la playa de Gandia, los días de guardar son una entelequia, la fiesta litúrgica ocurre en torno a un puñado de escenarios musicales, la homilía la pronuncian los ídolos indie, la feligresía es la beautiful people y todos los actos se llevan a cabo en un ambiente de buenrollismo. Hasta esta costa mediterránea, a pocos kilómetros de la ciudad de Valencia, cientos de jóvenes han llegado para animar el Sansan Festival que, por segundo año consecutivo, reúne a “lo mejor del indie, pop-rock y mestizaje nacional.” Es el primer festival musical del año al aire libre en el que, hasta el próximo lunes, se presentan grupos como Sidonie, Izal, La Pegatina, Supersubmarina, Dorian, La Habitación Roja o Dinero y cantantes como Nacho Vegas, Kiko Veneno y Anni B. Sweet.

Andrea Fernández, de 17 años, gafas de sol de rigor y “fan-fan de El Columpio Asesino”, hacía cola a las cuatro de la tarde del jueves para entrar en uno de los dos campamentos habilitados para recibir a todo aquel que llegase con una tienda de campaña y una bolsa de dormir. “Bastante gastamos en el transporte desde Madrid, el abono para los cuatro días del festival y la comida. Así que… si te puedes ahorrar el hostal, mejor”, dijo despreocupada bajo los rayos de un sol primaveral que todavía no calienta lo suficiente y no permite desprenderse del jersey.

Mientras Andrea aguardaba en la cola, las puertas del Wonderwall Music Resort, un hotel ubicado en un terreno de 15.000 metros cuadrados, sede del evento, comenzaban a recibir a la procesión asistentes.

—A ver, abre la mochila —decían los guardias de seguridad, armados con detectores de metales, y enseguida se encargaban de tirar en los contendedores de basura cualquier bebida o alimento— Aquí se vende de todo.

Para poder comprar, antes hay que cambiar euros por tokens, unas fichas de plástico azul que son la moneda oficial del territorio Sansan. 3 euros=1 token, anuncia un cartel en la Casa de Moneda instalada en una carpa con paredes de paja. Con sus tokens en el bolsillo, el festivalero indie-hipster-gafapasta (y demás representantes de las tribus urbanas y pueblerinas) se dirige a los puestos de bebidas espirituosas y comida. Que le apetece un kebab, pues a pagar dos tolkens (seis euros).

Pasaban las cinco de la tarde cuando en uno de los tres escenarios del hotel comenzaron a escucharse las primeras canciones de Aqeelion, un cantante soul (futurista) “lleno de emociones, sol y actitud”, nacido en Los Ángeles y afincado en España desde hace 15 años. Eran muy pocos los que escuchaban, pero él actuaba como si estuviera ante la muchedumbre de un coliseo.

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El primer “momentazo” del sansito (como muchos llaman a este festival) llegó cuando saltaron al escenario principal las Nancys Rubias con su pop de playback. Carlos Gutiérrez, un andaluz de 23 años que presume de saber todo del mundillo indie (“es que Andalucía lidera todo esto, quillo”), dice con desgana que el grupo que lidera Mario Vaquerizo “es lo más raro del de este evento. Pero bueno, como divierten al personal, pues…”.

Ajeno a cualquier comentario, el público canta, salta, sonríe, se hace selfies con el escenario de fondo y, en la Zona VIP, cuerpos de belleza descarada, aferrados a las apariencias, se contonean con vasos de plástico, llenos de cerveza, en las manos. Este grupo de consentidos del destino (chicos y chicas “bien” o amigos del Ayuntamiento o famosos y famosillos de la farándula o la jet set local y nacional) disfruta la programación artística de manera desaforada y, ya por la noche (y hasta las seis de la mañana), bajo la luna llena y el viento frío, cantan a todo pulmón los temas de Nacho Vegas, Sidonie o Izal.

Pero al día siguiente, a un par de kilómetros de aquí, en la playa, la gente también puede disfrutar de manera gratuita de este joven festival. Ahí tocan, desde media mañana, bandas emergentes como Badlans, Metropolo Supermosca. Este viernes santo, sin embargo, la señora Rosa María Sánchez —68 años, abuela de tres nietos de entre cuatro y diez años que corretean a su alrededor— no está de acuerdo con las actuaciones. “¿Por qué mejor no traen a los Cantajuegos? Para los niños, digo yo, que están de vacaciones. ¡Porque esto qué es!... ¡Y en viernes santo, por Dios!”, dice mientras se aleja del escenario rodeado de personas en bañador, con su nieto menor de la mano y enterrando las chanclas en la arena.

En el Wonderwall, la mezcla de murmullos arrecia. Ya es el segundo día del SanSan Festival y el público es más numeroso que el día anterior. Cae el sol, las luces de colores desquician, la música retumba en los altavoces y languidece la Semana Santa en Gandia. Pero la fiesta litúrgica indie continúa hasta la madrugada del próximo lunes.

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