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Carlsen, en distancias cortas

El campeón del mundo contenta a sus patrocinadores noruegos en el World Mobile Congress de Barcelona

Carlsen Ajedrez
Carlsen, en febrero de 2014 en Oslo. Reuters

Acostumbrado a ser el foco de atención de grandes masas, sobre todo en su país, a Magnus Carlsen le gusta pasear entre los cien mil visitantes que ocupan los cien mil metros cuadrados del World Mobile Congress de Barcelona sin que casi nadie reconozca al campeón del mundo de ajedrez. "Aunque yo sea del Real Madrid, Barcelona me gusta mucho", admite, antes de derrotar a diez privilegiados en una exhibición de partidas rápidas en el pabellón noruego.

Cinco minutos para sus rivales, sólo uno para el campeón, lo que le obliga con frecuencia a ver la mejor jugada en un segundo, o incluso menos. ¿Cómo hace eso? "Es lo que se llama reconocimiento de patrones. Los grandes maestros, que empezamos a jugar desde niños, hemos visto miles de partidas, propias o ajenas; muchos esquemas típicos de piezas y peones se nos quedan grabados en la memoria, lo que facilita la elección del mejor plan estratégico, y en concreto de la próxima jugada", explica el noruego, de 24 años. Casi siempre muy modesto, no añade que su memoria es la de un superdotado: a los cinco años era capaz de recordar las capitales, banderas, superficies y número de habitantes de todos los países del mundo.

Uno de sus patrocinadores noruegos ha invitado a diez empleados de otras compañías tecnológicas al gran privilegio de sentarse a jugar con quien está llamado a ser uno de los mejores ajedrecistas de todos los tiempos. Tres de esos adversarios son españoles, y uno de ellos, el valenciano José Lorenzo Vanaclocha, es quien más cerca está de arrancar un empate, o incluso una victoria: "He llegado a pensar que podía ganar a Carlsen, porque mi posición era realmente ventajosa. Pero la presión que sufres ahí, sentado frente a él, con el reloj corriendo, es muy difícil de soportar, y al final he tenido que rendirme". Pero se lleva un recuerdo "maravilloso" y con un regalo especial: "Magnus me ha reconocido después que se veía mal, y me ha enseñado mi mejor plan. Ha sido muy amable conmigo".

Tras la exhibición, mientras el número uno firma los inevitables autógrafos, su representante, Espen Agdestein, se muestra muy contento sobre las actividades comerciales del nuevo héroe nacional noruego: "Estamos reforzando los patrocinios en EEUU, donde sería muy importante que el ajedrez ganase en popularidad, porque eso repercutiría mucho en el resto del mundo". Y la fiebre del ajedrez continúa en Noruega, pero con un componente de especial interés: "Estamos muy impresionados por el perfecto maridaje entre ajedrez y tecnología del siglo XXI que están logrando las televisiones noruegas para retransmitir partidas en directo. La calidad es ahora mucho mayor que hace sólo diez años, y eso puede ser un modelo para que en otros países se haga lo mismo", añade.

El ambiente alrededor es muy exclusivo; el pase más barato para el World Mobile Congress cuesta 1.000 euros, y el más caro 6.000. Corre el cava entre los invitados, que riega generosas cantidades de salmón noruego. Carlsen y Agdestein dedican febrero y marzo a contentar a sus patrocinadores, con la perspectiva de un periodo de intenso entrenamiento en la primera quincena de abril, antes del durísimo torneo de Shamkir (Azerbaiyán).

Carlsen, muy relajado tras cumplir con sus compromisos y saludar a todo el mundo, recuerda su visita anterior a Barcelona: "Fui a ver un Barça-Madrid en el Nou Camp que ganó el Madrid. Tuve que refrenar mucho mis sentimientos en el campo, pero luego me desahogué por completo al llegar a la habitación del hotel".

Los  que empezamos a jugar desde niños hemos visto miles de partidas y se nos quedan grabadas en la memoria

Magnus Carlsen