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El oleaje detrás de la pasarela

Halcones de fondos de inversión como invitados, tecnología para desfiles virtuales... La moda afronta en Nueva York su futuro

Vista del desfile de Tommy Hilfiger en Nueva York.
Vista del desfile de Tommy Hilfiger en Nueva York. ap

En la semana de la moda de Nueva York a veces es más interesante lo que sucede alrededor de la pasarela que sobre ella. Estos días, además de discutir sobre nuevos modelos de negocio, la mirada está puesta en California para descubrir por qué Apple ha reclutado a tantos directivos de la industria del lujo. Es solo uno de los ángulos del vivo debate sobre las posibilidades de unir moda y tecnología.

Otro foco de interés está en los invitados. Esta vez, no solo por los famosos: responsables de varios fondos de inversión asisten a los desfiles al acecho de marcas por las que apostar. El éxito cosechado por Michael Kors con su salida bolsa de 2012 ha animado a otros a considerar esta industria volátil y caprichosa como una tierra de oportunidades. Jason Wu vendió la semana pasada una porción de su empresa a InterLuxe y Tory Burch o Derek Lam han recibido inversiones de otros fondos, según Women’s wear daily. Estas compañías tienen que competir con la reactivada política de adquisiciones de los grandes conglomerados de lujo, LVMH y Kering, para hacerse con los nombres más prometedores.

Ahora tengo más tiempo para concentrarme en el diseño. Y me encanta"

Tommy Hilfiger

Con las inversiones suelen llegar los gestores y eso supone un alivio para muchos diseñadores. La firma de Tommy Hilfiger, que en 2012 facturó 6.000 millones de dólares, fue adquirida hace cuatro años por PVH Corp y Fred Gehring pasó a ser el consejero delegado. “Ahora tengo más tiempo para concentrarme en el diseño. Y me encanta”, asegura Hilfiger (Elmira, 1951). Bajo la nueva denominación de Hilfiger Collection, su línea de mujer se presentó el lunes en un impresionante escenario que evocaba la estética del álbum Sgt. Pepper's Lonely Hearts Club Band de The Beatles. Por si quedaban dudas de cuál era el tema de la colección, Georgia May Jagger abrió el desfile y el hijo de Brian Ferry lo acompañó a la batería. Hilfiger celebrará en 2015 sus 30 años en la moda y para esa primavera vuelve la mirada a una de sus obsesiones, la música de los setenta. De una forma que es cualquier cosa menos sutil, pretende ofrecer a las nuevas generaciones una lección de cómo se vestía en el pasado para ir a un concierto. “Es una manera de volver a mis raíces y celebrarlas”, admite. “La marca siempre ha estado conectada con la música y a lo largo de mi carrera he podido colaborar con David Bowie, Mick Jagger, Lenny Kravitz o Beyoncé. Hemos querido mostrar que estamos inspirados y profundamente conectados con la música. Una influencia que los diseñadores no siempre admiten”.

Una de las modelos del desfile de Carolina Herrera. ampliar foto
Una de las modelos del desfile de Carolina Herrera. wireimage

La conversación con Hilfiger se produce días antes de su desfile, mientras repasa las fotografías que cuelgan en el panel de inspiración de la colección. Frente a estas grandes planchas cargadas de recortes, bocetos y pedazos de tela, los diseñadores siempre parecen felices. Carolina Herrera, que también mostró su propuesta el lunes, exhibe un panel bien distinto en sus oficinas unas horas después de la presentación. Pero también sonríe. Sus paredes están cubiertas de imágenes de flores que construyen una primavera sorprendente. Reproducidas sobre espuma, se fragmentan en pedazos geométricos sobre una gran falda de tul creando un mosaico que emula el de los píxeles que componen una imagen informática y que aleja el tema de su habitual romanticismo. En blanco y negro, y tejidas sobre jacquard, las fotografías florales componen esta vez una estampa abstracta.

Herrera (Caracas, 1939) experimenta con la tecnología, pero pone las innovaciones al servicio de su clásica visión de la belleza. Esta, con los nuevos recursos, se vuelve menos decorativa y más precisa. No hay atisbo de futurismo en sus trajes de colores sorbete y, sin embargo, al acercarse a ellos revelan una construcción volumétrica que solo permiten tejidos más propios de la ropa técnica que de la alta costura. Espumas que se fruncen de forma desordenada y franjas de tela que golpean el cuerpo con el movimiento aportan un ápice de caos al controlado e impecable universo de Herrera. Las modelos calzadas con alpargatas de Castañer -que esconden en el empeine esa H que siempre aparece en algún rincón de sus colecciones- deambulan durante el desfile por un jardín esquemático para que sus trajes puedan apreciarse desde todos los ángulos.

La diseñadora señala el boceto de un vestido largo en rosa intenso con un cinturón de plástico transparente. Fue el último que llegó a la colección. Cuando ya estaba casi terminada, ante sus paneles, Herrera sintió que faltaba algo. Y concibió un traje que funciona como una inyección de optimismo. Es la clase de inversión que mejor manejan los creativos y la que, finalmente, hace que el interés vuelva a lo que ocurre sobre la pasarela.

Aunque también es cierto que ahora a veces no hay pasarela a la que volver. El lunes por la noche, Ralph Lauren organizó un desfile virtual en 4D sobre el lago de Central Park para presentar la colección primavera / verano 2015 de la nueva línea femenina de Polo Ralph Lauren. Las modelos se proyectaban sobre una pantalla de agua de 60 metros de altura recortada sobre el perfil de Nueva York. “La tecnología está abriendo puertas desconocidas. Permite a las marcas ser más cinematográficas y transportarse globalmente en segundos. Todo se vuelve más rápido y espectacular”, asegura David Lauren, hijo del diseñador y vicepresidente ejecutivo de publicidad, marketing y comunicaciones corporativas.

Tecnología y fondos de inversión son los insólitos compañeros de cama de la moda contemporánea. Pero algunos diseñadores prefieren seguir buscando sus historias en un radio de acción más cercano y conocido. Es el caso de Donna Karan y Phillip Lim, de generaciones y estilos muy distintos. La primera (Nueva York, 1948) traza un retrato-homenaje a las calles de su ciudad a partir de una silueta compuesta por sujetadores armados y faldas años cincuenta sobre las que se bordan collages y grafitis. El segundo (Tailandia, 1973) explora “la sensual intimidad de los interiores de alcoba” con materiales acolchados, formas onduladas y cinturones de bata.

Por mucho que la moda ame la aventura y el cambio, también hay veces en las que en ninguna parte se está como en casa.

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