Debate: Babelia se va a la guerra

La continuidad entre los dos grandes conflictos del siglo XX centra el primer debate de la revista

De izquierda a derecha, Berna González Harbour, Eduardo González Calleja, Ricardo Artola, Guillermo Altares y Jacinto Antón, en la mesa de Babelia
De izquierda a derecha, Berna González Harbour, Eduardo González Calleja, Ricardo Artola, Guillermo Altares y Jacinto Antón, en la mesa de BabeliaJulián Rojas

Llevaba un día de perros. La bomba que debía matar a su objetivo, despejada por su víctima. El intento de suicidio tirándose a un río por el fracaso, frustrado por su escasa profundidad. Y de pronto... El veintiañero Gavrilo Princip se encuentra frente a frente con la calesa que pasea al archiduque Francisco Fernando de Austria y a su esposa, Sofía Chotek. Dos disparos, dos muertes. Las primeras de los millones por venir. Este detonante casual, imprevisible, desató la Primera Guerra Mundial. Y hoy, en el Pabellón de Actos de la Feria del libro de Madrid, los periodistas Guillermo Altares y Jacinto Antón, el historiador Eduardo González y el escritor Ricardo Artola han debatido esta mañana sobre ella en el primer debate de la recién nacida Babelia.com. Conclusiones, que la Primera y Segunda Guerra Mundial son capítulos del mismo y atroz conflicto.

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Se recordó lo impertinente de la fecha. 6 de junio. Día D. Hoy en Normandía se conmemora el desembarco con la presencia de los veteranos, nonagenarios ya, en el que probablemente sea el último gran acto que atestigüe con sus protagonistas. Pero esta aparente impertinencia esconde que en realidad la división entre la Primera y la Segunda esconde la indisoluble relación entre ambas hecatombes: "Yo lo llamaría Segunda Guerra de los Treinta Años (1914-1945). Las causas y cómo se sale de la Primera Guerra Mundial, provocan la Segunda", ha afirmado Eduardo González Calleja, profesor de Historia Contemporánea en la Universidad Carlos III de Madrid. Especialmente en el Tratado de Versalles, en ese vals a cuatro entre Clemenceau (Francia), Lloyd (Inglaterra), Wilson (Estados Unidos) y sus 14 puntos y Orlando (Italia), que poco pintó. La inacabable lista de exigencias a Alemania —las 44 milllones anuales de toneladas de carbón, la entrega de su flota, la drástica reducción de su ejército y una factura a pagar que superaba a sus reservas internacionales— fue germen del nacionalsocialismo y de la Alemania ávida de tomarse revancha: "No quiero ser determinista, pero sí soy completamente contrario a cómo se llevó el Tratado de Versalles. Se fue muy injusto con Alemania y eso ayudó claramente a desencadenar la Segunda", ha subrayado el escritor Ricardo Artola. 

Detalle de una página de cómic de Jacques Tardi que muestra el horror en las trincheras.
Detalle de una página de cómic de Jacques Tardi que muestra el horror en las trincheras.

Si como período la continuidad suena creíble, en sus personajes clave se encuentran también los nexos comunes. Por ejemplo en el dictador nazi, Adolf Hitler, soldado con categoría esencial que ganó la Cruz de Hierro, distinción militar que solo se concedía por un acto de valor que pusiera en grave riesgo la vida. "Pero ahora se dice que pudo recibirlo de enchufe porque era muy amigo del oficial que lo concedía", ha recordado Jacinto Antón, Premio Nacional de Periodismo Cultural. "Más curioso es de dónde pudo sacar la idea del gas para el Holocausto, porque el sufrió el efecto de los gases en las trincheras". Una macabra coincidencia más en el rosario que conecta los 17 millones de muertos de la Primera con los al menos 60 de la segunda.

Hubo espacio también para el intercambio y recomendación de filias. Las viñetas de Jacques Tardi o los Sonámbulos de Cristopher Clark. Las reflexiones de MacMillan y el olor a muerte y entrañas en las trincheras de El miedo (Acantilado, 2009) de Gabriel Chevalier. Pero sobre todo mucho cine. Y en concreto de una obra maestra de Stanley Kubrick, Senderos de Gloria, un filme desde el lado francés de la batalla con Kirk Douglas en estado de gracia y en un blanco y negro para el recuerdo. "Es mi favorita. Esta sí que es una película antibelicista", ha afirmado Artola, apasionado del cineasta neoyorquino. De las que levantaron ampollas, pues estuvo prohibida en Francia hasta la década de los 70, lo que demuestra, a juicio de Artola, la "mala digestión" de su historia por parte de Francia.

Más allá del anecdotario de los grandes personajes y la fuerte interrelación entre las dos grandes guerras del Siglo XX, el debate ha querido recordar la necesidad de un espíritu crítico y el estar preparados para que el azar pueda desmontar el presente, como ha recordado Guillermo Altares: "La gran lección de la Primera Guerra Mundial es que lo imprevisible puede ocurrir. La estupidez humana, la incompetencia pueden producir efectos que nadie quiere, pero que nadie puede prever". También el recuerdo de los muertos, cada uno de los 17 millones que se dejaron la vida entre 1914 y 1918 y a los que intentaron sobrevivir al infierno de las trincheras. En Senderos de gloria, el Coronel Dax de Douglas lo resumía así, defendiendo a sus desertores: "El juicio contra estos hombres es una burla contra toda la justicia humana. Miembros del jurado, encontrar culpables a estos hombres sería un crimen que les perseguiría hasta el día de sus muertes. No puedo creer que el más noble impulso de los hombres —mostrar compasión por otro— pueda estar completamente muerto aquí. Así que les pido humildemente... Sean piadosos con estos hombres".

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