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BLOGS Coordinado por JUAN CARLOS GALINDO

'El enigma Flatey': yonkis de la literatura en un drama rural islandés

Flatey en la actualidad. FOTO: Kolbrún Ragna según los criterios de Creative Commons
Flatey en la actualidad. FOTO: Kolbrún Ragna según los criterios de Creative Commons

Islandia es un país de letraheridos. Un país donde un escritor, y pasa con Arnaldur Indridason, puede ser famoso como una estrella de rock o un jugador de fútbol. También es un país de contradicciones: pocos crímenes, muy pocos, y una fértil cosecha en el género negro. Buena muestra de todo esto es El enigma Flatey, novela de Viktor Arnar Ingólfsson que edita Alfaguara (traducción de Elías Portela), una historia con toda la tradición literaria islandesa de fondo, con muertes y muertos, pero sin violencia. Enmarcada en las islas del noroeste, en una comunidad agraria y pescadora de los sesenta, también se trata de un bello retrato de una sociedad que ha cambiado mucho y una introspección en la profundidad del alma islandesa.

Hablamos con el autor sobre su novela, un libro que te lleva de la mano de las sagas islandesas a la resolución del enigma surgido a partir del hallazgo de un cadáver en descomposición, y sobre su país y su locura lectora, perfectamente retratadas en esta obra de extraña y mágica atmósfera.

Islandia, 1960. Tres cazadores de focas encuentran un cadáver en un islote próximo a Flatey, isla en el noroeste de islandia, una pequeña comunidad agraria y peculiar, encerrada en sí misma y que sabe que el finado tiene que ser un extranjero, alguien ajeno a esa sociedad. El triste Kjartan, ayudante del gobernador, llega a la isla para investigar el caso y sus pesquisas le conducen irremediablemente a un enigmático manuscrito medieval, El libro de Flatey, que contiene un misterio que nadie ha sido capaz de resolver. Resguardado en las paredes de la pequeña biblioteca de la isla, el libro es un buen ejemplo de las sagas islandesas y una joya que, como su propia independencia, Islandia tardó tiempo en recuperar de Dinamarca.

A partir de aquí, una sucesión de acontecimientos sacuden la tranquila vida del pueblo en una trama que avanza, en la que no dejan de pasar cosas pero en la que la violencia queda para los fragmentos de las sagas incluidos al final de cada capítulo y que tienen la solución al dilema. “Creo muchos de los escritores del género negro hoy en día tratan todo el tiempo de superarse unos a otros en la utilización de la violencia. Es algo que no me molesta, pero puede llegar a cansar. Y el caso es que todo ha sido hecho ya anteriormente. Si el lector se fija en mi libro, verá que la violencia está concentrada en los capítulos del Enigma, lo que demuestra que los autores que escribieron las historias de Flatey no andaban escasos de imaginación cuando se trataba de la violencia y la crueldad y eso que fue hecho hace casi mil años”, asegura el autor sobre ciertos abusos del género y su reflejo en su obra.

Un enigma situado en torno a otro enigma encerrado en un libro perseguido por locos de los libros en Islandia y Dinamarca. Con este planteamiento era imposible no preguntarle sobre la pasión de su país por los libros y la lectura. “No tenemos ninguna receta mágica. Creo que la primera experiencia es esencial, que los niños deben acostumbrarse a escuchar historias y luego ya leer cosas accesibles y que les diviertan. También diré que conozco islandeses que no leerían ni aunque les fuese la vida en ello. Y otros que han vuelto a la lectura solo a raíz del éxito de la novela negra”.

Viktor Anar Ingólfsson en una imagen de archivo

La obra tiene lugar en 1960 en una comunidad pobre y poco desarrollada pero a la que, por unas cosas o por otras, llega gente con un alto grado de formación y vidas oscuras e interesantes. Los lugareños, amables, algo paletos y conformistas y poco dados a sobresaltos; académicos de oscuro pasado obsesionados con el libro; una mujer solitaria, lectora empedernida y bella; un periodista borracho, problemático y pendenciero; un enviado del gobernador con penas por purgar y un policía vago e indolente desde Reikiavik completan un panorama de lo más curioso. “Bueno, desgraciadamente tenemos crímenes en Islandia. Incluso algún asesinato”, contesta Arnar Ingolfsson cuando se le pregunta por el éxito de la novela criminal en un país sin crímenes. “Escribir novelas situadas en lugares con un índice criminal muy bajo es algo que ya se ha hecho antes. Yo siempre pongo como ejemplo la serie del Inspector Morse, del inglés Colin Dexter”, añade.

El autor habla con pasión de Flatey, escenario de su novela y de los mejores momentos de su infancia y lugar perfecto para una narración con tintes oníricos: “Ahora es un lugar completamente distinto. Sólo hay dos casas ocupadas durante el año y el resto son casas de verano de los herederos de los granjeros que salen en la novela. Ahora están reformadas y el lugar (en la foto) parece igual al de principios de siglo. Es muy bonito. Tuve mucha suerte de conocer la isla de joven y poder escribir sobre ello (su abuelo era un hombre prominente en Flatey y el escritor pasaba allí largas temporadas).

Arnar Ingólfsson reconoce a Indridason como el padre de toda la novela criminal islandesa. “Todo empieza en 2000 con el éxito Las Marismas. Tuvo mucho éxito dentro y fuera de Islandia y demostró que el género era algo serio aquí. Luego ha tenido el talento para mantener esto vivo y el resto de autores hemos ido detrás”. A pesar del éxito de varios de sus libros, el autor de El Enigma de Flatey no ha abandonado su trabajo como ingeniero en la Administración islandesa de costas y carreteras e incluso estuvo diez años sin escribir. No parece ser un yonki de la literatura como alguno de los personajes que pueblan su obra. Otra paradoja islandesa.

Comentarios

Hasta no hace tanto tiempo los niños islandeses aprendían a leer en sus casas, con las sagas y la Biblia. y aprendían la filigrana léxica de la poesía escáldica con sus abuelos y padres. Hasta hace nada. Muchas horas de oscuridad por delante sin poder hacer gran cosa más que sentarse y coger un libro. Precisamente su premio Nobel Halldór Laxness refleja esa vida donde la literatura es algo cotidiano, igualitario, de granjeros y pescadores que valoraban la cultura y la honestidad por encima de todo, en libros como Los peces cantan o La luz del mundo. Dos grandes novelas que recomiendo a todos.
Interesante como un país como Islandia, el país con menor población del mundo: 320 000 habitantes en un área de 103 000 km2, tiene buenos escritores del género como éste que reseñas y que no conocía, Indridason y la autora Yrsa Sigurðardóttir de la cual todavía no nos has regalado una reseña. Vale la pena su protagonista, la abogada Thóra Gudmundsdóttir de Reykjvik.
Hasta no hace tanto tiempo los niños islandeses aprendían a leer en sus casas, con las sagas y la Biblia. y aprendían la filigrana léxica de la poesía escáldica con sus abuelos y padres. Hasta hace nada. Muchas horas de oscuridad por delante sin poder hacer gran cosa más que sentarse y coger un libro. Precisamente su premio Nobel Halldór Laxness refleja esa vida donde la literatura es algo cotidiano, igualitario, de granjeros y pescadores que valoraban la cultura y la honestidad por encima de todo, en libros como Los peces cantan o La luz del mundo. Dos grandes novelas que recomiendo a todos.
Interesante como un país como Islandia, el país con menor población del mundo: 320 000 habitantes en un área de 103 000 km2, tiene buenos escritores del género como éste que reseñas y que no conocía, Indridason y la autora Yrsa Sigurðardóttir de la cual todavía no nos has regalado una reseña. Vale la pena su protagonista, la abogada Thóra Gudmundsdóttir de Reykjvik.