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ANÁLISIS

La mejor vacuna para la normalidad

Euskadi añade a la carcajada suelta del resto de España con 'Ocho apellidos vascos' la distensión que llevaba años anhelando

Euskadi añade a la carcajada suelta del resto de España con Ocho apellidos vascos la distensión que llevaba años anhelando. Este borbotón de adrenalina que no entiende de límites generacionales no es casual ni sobre todo imaginable hace apenas un par de años. Entonces, es decir con ETA pegando tiros y sin fecha de caducidad para su barbarie terrorista, el mismo desternillante guión de ese amor sin moraleja, la idéntica desmitificación del hecho diferencial vasco e incluso el impagable trabajo de unos actores que se han colado para siempre en el paisaje callejero de Euskadi habrían durado un par de fin de semanas en las carteleras, en el supuesto bastante irreal de consumarse al estreno. Vaya, que Ocho apellidos vascos ha llegado solo cuando era posible.

Además, se ha encontrado de cara con el viento de la normalidad que empieza a soplar con mucha fuerza en el País Vasco. Después de tantos años sufriendo en voz baja en más de dos y tres pueblos por la duda existencial de si era verdad la influencia del RH negativo para ser considerado un vasco de verdad, o abjurar del libro de familia para dejar en G. el primer apellido de la saga García de emigrantes y hacerse llamar por el materno de honda raigambre euskaldun, llega una vacuna de apenas ocho euros —si se toma en fin de semana— que en apenas hora y media acaba para siempre con los estereotipos más excluyentes; al menos, los que más daño han hecho. Ya nadie tiene la mínima razón para seguir hablando en voz baja de la inconsistencia de la kale borroka o de la necesidad de asegurar un novio descendiente de Aitor para garantizar así el porvenir de tu hija y, sobre todo, la pureza de la raza.

Bien es verdad que el inagotable ingenio de Borja Cobeaga y Diego San José ha jugado esta vez con las cartas boca arriba, sabiendo que el terreno que pisaban ya no era resbaladizo. Y por si quedaba alguna para encumbrar esta comedia y, sobre todo, su acción mental profiláctica, sirvan las críticas descalificadoras que un periódico próximo a la izquierda abertzale dirigió hacia la osadía de los impulsores de tan exitosa película por haber elegido a intérpretes españoles para abordar una cuestión de raíz vasca. A algunos, todavía hoy el conflicto les persigue hasta cuando se ríen.

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