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‘La cueva’, otra vez

El cineasta Alfredo Montero ha rodado de nuevo su filme de terror de 2012 para mejorar un 'thriller' que hoy se ve en Málaga

Fotograma de 'La cueva', con Marcos Ortiz.
Fotograma de 'La cueva', con Marcos Ortiz.

Festival de Sitges 2012. Proyección de la película La cueva, de Alfredo Montero (Formentera, 1978), un filme de terror en el que cinco amigos se pierden en una profunda caverna a la que entran por diversión... diversión que puede acabar con ellos. Málaga, 2014, hoy domingo. Estreno de La cueva, de Alfredo Montero, un filme de terror en el que... ¿Otra vez? ¿Es la misma película? Sí y no. “Cuando se proyectó en Sitges, Juan Gordon, productor de Morena Films, se acercó y me felicitó, antes de soltarme: ‘Habría que cambiar algunas cosas, rodar de nuevo mucho material”, recuerda su realizador. Tras dos semanas en las que pasó del enfado a la comprensión, Montero, apoyado por esa productora, comenzó de nuevo. De la original -que se filmó en solo 17 días- han quedado 40 minutos. “Nos hemos dejado la piel. La cueva es una localización muy angustiosa, claustrofóbica, estrecha. Si ya lo pasamos mal la primera vez, volvimos dos veces más para el nuevo rodaje. Una de las actrices solo entraba con ansiolíticos, agradezco al reparto tamaño esfuerzo”. No es la primera película de su director, que en 2006 debutó con Niñ@s.

Fotograma de 'La cueva'. ampliar foto
Fotograma de 'La cueva'.

En esa cueva de Formentera, por cierto, Montero escribió él mismo el guion. "Iba unas horas con una linterna, salía para llamar y decir que estaba bien, y me volvía adentro. Desde el primer día que la descubrí, supe que allí había una película. Espero que el público sea consciente de lo durísimo que es el sitio. La cámara hace parecer mucho mayor un lugar que es pequeño. Lo que hice fue prever los imponderables, ir preparados a rodar con soluciones a posibles problemas"

Esta nueva filmación, hecho extraño en el cine español y más habitual en Hollywood, “ha ayudado mucho en que el espectador comprenda qué ocurre, en cosas que yo pensaba que el público veía y no era así; la cueva es muy abstracta, y la audiencia podía no entender cosas”, reconoce Montero, que aún así recuerda que en Sitges su primera versión obtuvo una “larga ovación”, gracias a, por ejemplo, una increíble secuencia submarina. "Marcos, mi productor, socio y actor en el filme, se la jugó en esa secuencia, que filmamos en otra caverna y al final. Ahora me doy cuenta de que fuimos demasiado al límite". Montero ha defendido en ambas versiones que no hubiera elementos fantásticos, sino que el terror -que lo hay, y mucho- surgiera de forma orgánica.

Montero escogió la gruta -que conoce bien- "porque recuerda a las entrañas de la nave de Alien, con unas cañerías que parecen tripas". Sus recovecos, sus estalactitas y estalagmitas no sirven para que el grupo protagonista se guíe. "No fui capaz de explicar bien en el filme los efectos ópticos que provocan que ellos se pierdan: ves una pared, crees que no hay nada y esconde un agujero".

Montero ha sufrido, pero mientras buscan distribución, reconoce: “Ahora la película está más preparada para su exportación. Ha mejorado hasta niveles que ni yo mismo podía imaginar”.

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