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BLOGS Coordinado por JUAN CARLOS GALINDO

Señoras y señores, Kurt Wallander se despide de ustedes

Señoras y señores, Kurt Wallander se despide de ustedes

Kennet Branagh como Wallander en la serie de la BBC

Por no faltar a la verdad, Kurt Wallander, el sagaz y solitario detective sueco, se despidió de sus lectores en 2009 en El hombre inquieto, última novela de la serie. Su creador, Henning Mankell, terminaba su novela con un lacónico párrafo:

“La sombra se había acentuado. Y muy despacio, Kurt Wallander fue desapareciendo en una oscuridad que, unos años después, lo sumió en ese universo de vacío que llamamos Alzheimer. Y después nada. El relato de Kurt Wallander termina ahí, irrevocablemente. Los años que le queden por vivir, diez o quizás algunos más, le pertenecen a él, a él, y a Linda, a él y a Klara. Y a nadie más”.

¿Y ahora qué? Me pregunté desolada entonces. Porque Wallander, a lo largo de los años y de una docena de libros, había pasado a formar parte de mi vida, también me “pertenecía”. A mí y a sus miles de seguidores. Pero hace unos días, ojeando las novedades en una librería me topé con Huesos en el jardín (Tusquests, octubre, 2013. Traducción de Carmen Montes Cano). ¿Cómo? ¡Si Wallander nos había dejado! ¿Ha vuelto?... Así es, ha vuelto, pero para dejarnos definitivamente (quién sabe).

Esta breve novela, escrita hace tiempo solo para lectores holandeses, contiene un epílogo de su autor en el que explica el por qué de su edición ahora, a pesar de que cronológicamente es anterior a El hombre inquieto, y el posfacio “Cómo empezó, cómo acabó y lo que ocurrió entretanto” en el que Mankell desgrana para sus lectores el origen y el fin de su afamado detective. El autor reconoce que era consciente del peligro que entrañaba que un día no supiera qué hacer con su policía o el temor de empezar a escribir por rutina: “déjalo mientras sea el momento” oía en su interior. Por esa razón decidió jubilarlo (menos mal que no lo mató como hizo Arthur Conan Doyle con Sherlock Holmes, que luego pasa lo que pasa).

Y con tan oportuno motivo, Elemental ha querido rendir homenaje a Henning Mankell, (Estocolmo, 1948), prolífico y laureado autor y dramaturgo, decano de la novela negra sueca, y a Kurt Wallander, el detective de los detectives nórdicos. Muy poco sabíamos del género que nos ocupa por esas latitudes tan frías cuando Tusquets publicó en España en el año 2000 la novela La quinta mujer. Antes, la pareja de periodistas y escritores suecos Maj Sjöwall y Per Wahlöö habían creado entre 1965 y 1975 la magnífica serie de novelas sobre el inspector Martin Beck. Pero fue Mankell quien popularizó el género.

El actor Krister Henriksson, protagonista de una de las series de "Wallander"

Mucho ha llovido desde el éxito editorial en España del año 2000. Las novelas de Kurt Wallander se han traducido a 37 idiomas, con ventas millonarias y seguidores por todo el mundo, series de televisión, entre ellas una de la BBC protagonizada por Kenneth Branagh, alguna película, excursiones organizadas para seguir los pasos del detective por la ciudad de Ystad, y una estela de autores como Kjell Eriksson, Camilla Läckberg, Äsa Larsson, Arne Dahl o Stieg Larsson, por mencionar solo a los suecos.

Hay muchas razones para explicar el aplauso de la crítica y del público pero, sin ninguna duda, ocupa un puesto de honor el propio detective. Como afirma Mankell en el posfacio de Huesos en el jardín, en 1990, cuando empezó a escribir Asesinos sin rostro, la primera novela de la serie -aunque en España no se publicó la primera, si no la segunda- “debía crear a un hombre que fuese yo y que, al mismo tiempo, fuese el lector desconocido. Un hombre que evolucionara y cambiara, tanto mental como físicamente”. Y así engendró a Kurt Wallander que, como el propio autor, nació en 1948.

Wallander, inspector de policía en Ystad, pequeña ciudad de Escania en el sur de Suecia, es un hombre normal, no especialmente agraciado, desaliñado, depresivo y melancólico, aficionado a la ópera, que come mal, que bebe más de la cuenta, que se cuida poco hasta que la diabetes hace acto de presencia. Su vida es un desastre: su divorcio de Mona, su difícil relación con su padre, el pintor de paisajes con o sin urogallo, sus problemas con el alcohol, sus amores con Baiba -a quien conoce en Los perros de Riga- y su hija Linda, a la que vamos viendo crecer hasta convertirse en policía y madre. Wallander es un antihéroe y por eso es un tipo cercano. Como reconoce Mankell, “nadie se imagina a James Bond deteniéndose en plena calle mientras persigue a un malhechor para ponerse una inyección de insulina”.

Pero hay mucho más. Mankell sostiene que los delitos cambian igual que las sociedades. “Para llevar a cabo su labor, el policía debe saber lo que ocurre en la sociedad de la que forma parte”. Y, de la mano del detective, nos introduce en los problemas que afectan a nuestra sociedad y en sus contradicciones. Y descubrimos que en Suecia, ese país tan ideal, se cometen unos crímenes cruentos, cuyo trasfondo es el racismo, el tráfico de personas, las sectas, su pasado reciente y las vinculaciones con el nazismo, la adolescencia embrutecida o los recortes sociales, la caída del comunismo o el apartheid. Y Wallander los presencia perplejo y sufre y comparte con el lector su desencanto ante el desmoronamiento de la sociedad del bienestar. Las obras de Mankell, como dice el propio autor, “constituyen un reflejo fiel de la Suecia y la Europa de las décadas de 1990 y 2000” y ahí radica uno de sus principales atractivos. Ystad y Escania, los escenarios de casi todas las vicisitudes de Wallander, pueden ser frías y lejanas, pero los crímenes que allí suceden son universales.

Para los interesados, ésta es la relación cronológica de la serie de Kurt Wallander. Todas las novelas están publicadas por Tusquets entre 2000 y 2013.

Asesinos sin rostro(transcurre entre enero y agosto de 1990)

Los perros de Riga(febrero-mayo de 1991)

La leona blanca(abril-junio de 1992)

El hombre sonriente(octubre-diciembre de 1993)

La falsa pista(junio-septiembre de 1994)

La quinta mujer(septiembre-diciembre de 1994)

Pisando los talones(junio-octubre de 1996)

Cortafuegos(octubre-noviembre de 1997)

Antes de que hiele(agosto-noviembre de 2001) (Protagonizada por su hija Linda)

Huesos en el jardín (octubre-diciembre de 2002)

El hombre inquieto (enero de 2007-mayo de 2010)

La pirámide (Relatos. Entre 1969 y 1990)

El retorno del profesor de baile (protagonizada por el policía Stefan Lindman tiende un puente entre las novelas de Wallander y la protagonizada por su hija Linda)

Comentarios

y Lee Child?
Un libro de treinta páginas con letra gigante, anda ya, lo va a comprar su abuela. Si lo dejas KO, lo dejas KO, pero ahora para ganar unos eurillos lo resucitas...hartazgo.
Nadie como Donna Leon, Camilleri, Petros Márkaris, Philip Kerr, Hankell en cierto modo, etc., un montón de autores europeos, para describir las sociedades actuales de la depresión tan humana e irónicamente. Descubrir que en las sociedades nórdicas la corrupción anda a la altura de la de los países 'pig' fue una sorpresa, y no me refiero tanto a que la haya, corrupción, como a sus manifestaciones, tan similares a las nuestras. En cuanto a Kurt Wallander, no me extraña que haya terminado senil o alzheimico, un depresivo endógeno viviendo en ese clima, con esos hábitos bostezantes y el peculiar autismo nórdico... tenía que acabar así :-) Solo considerar, además, la manera morbosa o espeluznante en que asesinan los suecos en los libros de Hankell. La pobreza es mala, ese clima es malo, pero la pobreza en ese clima debe de ser un infierno inimaginable.
y Lee Child?
Un libro de treinta páginas con letra gigante, anda ya, lo va a comprar su abuela. Si lo dejas KO, lo dejas KO, pero ahora para ganar unos eurillos lo resucitas...hartazgo.
Nadie como Donna Leon, Camilleri, Petros Márkaris, Philip Kerr, Hankell en cierto modo, etc., un montón de autores europeos, para describir las sociedades actuales de la depresión tan humana e irónicamente. Descubrir que en las sociedades nórdicas la corrupción anda a la altura de la de los países 'pig' fue una sorpresa, y no me refiero tanto a que la haya, corrupción, como a sus manifestaciones, tan similares a las nuestras. En cuanto a Kurt Wallander, no me extraña que haya terminado senil o alzheimico, un depresivo endógeno viviendo en ese clima, con esos hábitos bostezantes y el peculiar autismo nórdico... tenía que acabar así :-) Solo considerar, además, la manera morbosa o espeluznante en que asesinan los suecos en los libros de Hankell. La pobreza es mala, ese clima es malo, pero la pobreza en ese clima debe de ser un infierno inimaginable.