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Un hombre sencillo y culto

Xabier Ribalta, pionero de la 'cançó' catalana, glosa la figura del fallecido Georges Moustaki

Fotografía de archivo (Barcelona, 2007) del cantautor francés de origen griego Georges Moustaki.
Fotografía de archivo (Barcelona, 2007) del cantautor francés de origen griego Georges Moustaki. EFE

Sencillo, culto, solidario. Así define al músico Georges Moustaki, fallecido esta madrugada en Niza, el cantautor y pionero de la cançó catalana Xabier Ribalta (Tárrega, Lleida 1943). Con Moustaki coincidió en numerosos conciertos en Francia durante el franquismo, sobre todo en aquel teatro parisiense de la Rue de Saint Victor, llamado de la Mutualité, que acogió durante los duros años 60 y 70 del siglo XX a movimientos de oposición política de todo el mundo, España incluida, perseguidos por dictadores y policías.

Ribalta recuerda muy especialmente la aclamada actuación de Moustaki en el concierto celebrado en junio de 1977 a favor de la resistencia argentina contra la sangrienta Junta Militar instaurada por el dictador Jorge Videla, recién fallecido, que sembró de muertes su país.

Georges Moustaki había nacido el 3 de mayo de 1934 en el seno de una familia judía griega en Alejandría, la ciudad egipcia históricamente vinculada al espacio cultural helénico. Dotado de una extensa formación musical, conocedor de clásicos como Juan Sebastian Bach, amante del jazz y abierto a las influencias latinas, bien joven viajaría a Francia, donde comenzó a abrirse paso en el mundo musical. Allí los chansonnieres campaban en loor de popularidad y él pergeñó incorporarse algún día a su elenco. Tras pasar algunos años de bohemia, en París conocería a Georges Brassens y Edith Piaf, para la que compondría Milord. Compartiría su éxito con la cantante francesa, vinculada al Frente Popular y con la que, según se asegura, vivió un romance. También compuso Moustaki para Serge Regiani, Barbara y otros cantantes antes de decidirse él a cantar.

“Era un hombre tranquilo y reflexivo, cuya estatura musical como chansonnier se puede parangonar con Georges Brassens, Jacques Brel y Leo Ferré”, subraya Ribalta. “Su estilo musical tenía influencias mediterráneas, más que propiamente griegas” añade el cantautor catalán, pese al deje claramente sirtakiano de su involvidable Le métèque.

“Precisamente por su condición de meteco, de extranjero, en Francia, Moustaki se volcó siempre hacia los que sufrían cualquier tipo de opresión o persecución política”, dice Ribalta. “Admiré siempre la serenidad que le acompañaba en la escena y en su vida, salvo cuando conducía su potente motocicleta”, comenta Ribalta con una sonrisa. “Una vez, tras salir de un estudio de grabación, se ofreció a llevarme en moto a mi casa, en el barrio de Montparnasse”, explica. “¡Dios mío, nunca pasé tanto miedo!: parecía mentira que teniendo aquel talante tan aplomado y sereno, condujera tan velozmente”.

Ribalta destaca un aspecto más de la figura del desaparecido músico. “Creo que después de Francia, España fue su país más querido: aquí acudió a dar numerosos recitales, el primero aún en vida de Franco y el último, poco antes de enfermar gravemente del enfisema pulmonar que creo ha precipitado su muerte”. El cantante había dejado de cantar en 2011 a consecuencia de su afección respiratoria. Marina Rosell dedicó un trabajo recientemente editado al desaparecido músico, del cual cosechó sus mejores títulos entre los que fueron especialmente celebrados Ma solitude, La marcha de Sacco y Vanzetti y Ma liberté.

Con un decir suavemente salmodiado, recursos al lenguaje francés coloquial o de jerga, pero distinguido siempre por una sencillez compositiva y galantemente literaria en sus creaciones, fue Moustaki un canon de elegancia natural. “Era un hombre que gustaba y al que le gustaba gustar; con su pérdida nos quedamos sin una persona que tuvo en su vida y en su música la sencillez que hace grande lo difícil”, concluye Ribalta.