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El grito de guerra de Malí ilumina Womad

El festival de músicas del mundo cierra su 22 edición en Cáceres con la cantante africana Rokia Traoré

La cantante maliense Rokia Traore, en Cáceres.
La cantante maliense Rokia Traore, en Cáceres. EFE

Durante tres días de fiesta intercultural, Cáceres se convierte en zona franca donde se guarda el derecho de admisión contra todo aquel que lleve traje de crisis. El festival de músicas del mundo Womad se convierte en un pequeño laboratorio de 90.000 personas donde se encierran otros mundos, que por suerte, se demuestran posibles. Lugares descontracturados en los que reverbera un susurro delicado, pero potente llegado desde Malí. Rokia Traoré, cabeza de cartel del festival –“Por mucho que se empeñen en decir que este año no teníamos”, apostilla Dania Dévora, directora de la cita- presentó anoche en la plaza mayor de Cáceres su nuevo disco Beautiful Africa.

La cantante africana, pupila de Ali Farka Touré y Toumani Diabaté (dos de las voces más asombrosas de su país), versión moderna del trovador maliense o griot, canta con una aparente displicencia que resulta ser el respeto que sus canciones-manifiesto, sin arengas, requieren. Solo en ciertas ocasiones, Traoré concedía una sonrisa desplegada en unas pocas estrofas de arrullo. Un canto dulce que rompía durante segundos el hieratismo de su canto a África. Producido por John Parish, parte más que responsable del éxito de PJ Harvey, el sonido de su nuevo disco que impregnó la noche bebe de este país del oeste africano, en una mezcla respetuosa con el rock and roll.

Womad es también la certificación de que en esos otros mundos tiene cabida un grupo mongol de heavy que le aúlla a la iglesia de la Preciosa Sangre de Cáceres a golpe de gritos bifónicos salidos del ultramundo de un menudo chaval. Y eso que Hanggai confesó ayer en un extraño inglés, que sus canciones ancestrales se dedican a su tierra y a sus madres. El encargado de hacer la aclaración, de considerable tamaño y estatura, peinaba a lo mohicano, lucía como única vestimenta un chaleco de cuero y tachuelas, y acompañaba sus alaridos de una cerveza.

Para agitar a las más de 10.000 personas que cada noche se han movido por los dos escenarios del concierto, nunca falla un poco de farra punk, mezclada con tango o cante jondo. En esta ocasión, el grupo español Amesmalúa y los australianos The Barons of Tang dejaron a la masa a punto para que cuando la energía volviera a niveles más o menos establecidos, el ímpetu no decayera. Así, Julián Manso pudo sentarse al piano de madera y ofrecer un recital de su rock americano que no se olvida del soul. El resultado entre tanta agrupación energética fue un poco irregular, ya fuera por los problemas técnicos o la falta de compenetración de una banda que solo pareció llegar a la comunión cuando su líder, cual Mesías –Manso vestía camisa jipi de mangas acampanadas-, tomó el centro del escenario y movió su batuta.

Extremadura, excepción cultural

Y entre tanta mezcla, llegó José Antonio Monago y dio un golpe en la mesa. El IVA cultural se queda en el 13% en Extremadura, por anuncio de su presidente. El problema fue que sus compañeros del Partido Popular no oyeron el mamporrazo en directo. Puede que se enteraran en diferido, por plasma, siguiendo la política comunicativa del Gobierno. Womad, que se celebra cada mayo en esta localidad extremeña, podría haber sido el primero en lamerse las heridas con tamaña noticia, pero la cita que se clausuró anoche, más bien presume por haber sobrevivido por segundo año consecutivo a la tijera del 35% de recorte en su presupuesto que se les impuso el año pasado. “Este tipo de acontecimientos dinamizan durante una semana una economía con un 29% de paro”, apuntó la directora.

“En un lugar sin ciudadanos curiosos, un festival así no sería posible”, contaba Dévora entre actuación y actuación. “No somos científicos, no nos dedicamos a investigar las músicas del mundo, más bien abrimos los ojos ante lo que está pasando en busca de talentos emergentes y otros consolidados que unidos en un cartel te lleven a un estadio de felicidad”. Tal es su convencimiento que, aunque las dos últimas ediciones de Cáceres se han quedado huérfanas tras la suspensión de la cita en Canarias, Dévora no pierde la esperanza. “Habrá Canarias 2016, volveremos”.