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Lars von Trier: el director imprevisible

¿Es el danés uno de los más grandes directores vivos? ¿O un provocador, un cineasta siempre dispuesto a dar un paso más en busca del escándalo?

Para unos, es uno de los más grandes directores vivos que existen en la actualidad, un analista de la sociedad en la que vivimos. Para otros, en cambio, se trata tan solo de un provocador, un cineasta siempre dispuesto a dar un paso más en busca del escándalo. “Las películas de Lars siempre son polémicas. Él es polémico”, apunta Lauren Bacall, una de las actrices que intervienen en Manderlay. “Pero todo lo que hace es interesante. No siempre estoy de acuerdo, pero merece la pena”.

Lars von Trier comenzó a destacar gracias a largometrajes como Europa y se consagró con la Palma de Oro del Festival de Cannes que logró con Bailar en la oscuridad. En 1995 agitó las aguas de la cinematografía mundial con la presentación del Manifiesto Dogma 95, una corriente que propugnaba un cine más cercano a la realidad, prescindiendo de luz eléctrica, música y cualquier elemento sospechoso de falta de naturalismo. Unos preceptos que él mismo fue poco a poco olvidando pero que han dejado en su obra una huella que se puede rastrear en títulos como Dogville y Manderlay, dos filmes que reflejan su particular visión de los Estados Unidos.

A lo largo de diciembre, TCM Autor dedica un ciclo a este creador contradictorio. Un agitador de conciencias que ejerce fascinación en buena parte del público y también sobre los actores. Estrellas como Nicole Kidman, Björk o Lauren Bacall se han puesto a sus órdenes en proyectos muy alejados del cine convencional. Tal vez, porque todos suscriben lo que Willen Dafoe, que trabajó en Manderlay y Anticristo, dijo en una ocasión: “No me importa hacer el tonto, pero sólo si lo hago para un genio”.