BIOGRAFÍAS
Crítica
Género de opinión que describe, elogia o censura, en todo o en parte, una obra cultural o de entretenimiento. Siempre debe escribirla un experto en la materia

Histrión pero escritor: Terenci Moix

Juan Bonilla se ha metido en la trinchera con el casco calado y metralla suficiente para ganar la guerra y la ha ganado. Su enemigo es la pereza y el prejuicio, la vulgaridad habitual de los mentideros literarios y la peligrosa hipertensión que la vanidad induce en los escritores (a pesar suyo). Y aunque su taller de biógrafo está hecho de muy pocos elementos (para mi deformación de historiador, demasiado pocos), los explota a fondo: los libros escritos por el mismo Terenci Moix, los testimonios de otros (Iborra, Castellet, Néstor Almendros, Benet i Jornet, algunos reseñistas) y las entrevistas personales con su hermana Ana María, Pere Gimferrer (que es el ángel tutelar del libro), Román Gubern, Maruja Torres, Vicente Molina Foix, Luis Antonio de Villena o Núria Espert, entre otros. Pero no es un libro de investigación ni se menciona bibliografía crítica alguna (aunque es abundante y alguna aprovechable).

El desarrollo remansado en 300 páginas de la peripecia hasta el año clave de 1969 se compensa con la síntesis de todo lo demás en las 200 finales, donde brilla mejor el narrador que es Bonilla. Pero ese desequilibrio también da una pista sobre su idea motriz: reivindicar desde la lectura a pelo un puñado de libros de un escritor demasiado atrapado en la percha del histrión jovial y querido, con propensión al vedetismo melodramático y malcriado familiar y social desde el origen de los tiempos. Su hermana Ana María escribió de él en 1972: “Se le ataca por trepador, por culturista, por irrespetuoso, por oportunista, se le defiende por valiente, por buen escritor, por trabajador infatigable”. Cuarenta años después pesa decididamente el escritor con media docena de libros tan vivos que no han perdido nada de su fuerza de transgresión, su hedonismo sexual y vital o su aliento de irreverencia trágica y al mismo tiempo descocada. Entre ellos está su trilogía memorialística bajo el título común de El peso de la paja, por supuesto, pero eso ya lo sabe todo el mundo. Bonilla añade y justifica por qué también importa, y mucho, la primerísima y pionera etapa de dinamita ética y homosexualidad ignífuga con los relatos de La torre dels vicis capitals, o la novela salvaje Mundo Macho, o la fiera fiesta cruel de El dia que va morir Marilyn o, todavía, la reescritura tardía de un manuscrito inacabado, El sexe dels àngels, ya en 1992.

Para la gente de mediana edad Terenci Moix es poco menos que el egiptólogo recreativo de novelas archipopulares, el de las astracanadas vodevilescas y los fetichismos de cinéfilo. Su alianza con Planeta lo hizo feliz dándole mucho dinero y lo hizo resentido (es decir, débil) quitándole crédito y calidad literaria: “Se le entumeció la capacidad de discernir o de ser autocrítico” desde los años noventa, como dice bien Bonilla. Pero es ahí donde se encuentra la motivación de este libro, en esa paradoja insoluble: explicar a quienes siguen sumidos en el cromo banal que además del narrador histriónico había un escritor original e insólito. Nadie espere por tanto el estudio definitivo sobre el escritor porque ni lo es ni quiere serlo (inquieta que no salga ni citado Baltasar Porcel o que Vázquez Montalbán sea apenas una referencia menor), pero en absoluto tampoco es la crónica de un lector cautivo y adulador. Es una minuciosa y concluyente invitación a comprender a un autor que extrajo de su inmadurez personal el combustible para escribir libros con ira y humor, sexo, transgresión y valor.

El tiempo es un sueño pop

Vida y obra de Terenci Moix

Juan Bonilla . RBA. Barcelona, 2012

512 páginas. 25 euros

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Sobre la firma

Jordi Gracia

Es subdirector de Opinión y llega a la redacción desde la vida apacible de la universidad, donde es catedrático de literatura. La inmersión en el periódico equivale a entrar en el mundo real casi sin respirar. Pese a haber escrito sobre Javier Pradera, nada podía hacerle imaginar que la realidad real era así: ingobernable y adictiva.

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