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SEMANA DE LA MODA DE PARÍS

Dos artistas en París

Los diseñadores Alber Elbaz y Haider Ackermann devuelven la ilusión y la fantasía a la semana de la moda

Una modelo desfila para David Ackermann. Ampliar foto
Una modelo desfila para David Ackermann. L'ESTROP

Como si de una infusión de creatividad se tratara, dos magníficos desfiles devolvieron el color a las mejillas de la semana de la moda de París. Alber Elbaz y Haider Ackermann hicieron que la conversación dejara a un lado cifras, estrategias y cambios. Es difícil fijarse en esa clase de cosas cuando ante ti estallan fantasías como la que el primero entregó para celebrar sus 10 años en Lanvin. O cuando se despliegan muestras de emoción como la que el segundo ofreció a modo de respuesta a las enormes expectativas que ha despertado en los últimos tiempos.

Lanvin organizó una fiesta tras su desfile para conmemorar el décimo aniversario de la llegada de Elbaz (Casablanca, 1961) a la casa. Pero por mucho que corriera el champán y los dulces, la auténtica fiesta había ocurrido antes. La colección de otoño/inverno 2012 que el diseñador entregó fue una auténtica demostración de fuerza, de oficio, de imaginación y de amor por la moda. Y por las mujeres. Mientras algunos creadores utilizan a la mujer como instrumento para sus fantasías, Elbaz hace lo contrario. Pone toda su fantasía al servicio de las mujeres. Si desde que llegó a Lanvin ha preferido el vestido a cualquier otra prenda es, precisamente, por cuanto este simplifica el hecho de vestirse. Y el viernes se vieron muchos vestidos en una colección que fue un canto a la libertad y la pasión. Como expresa bien la lacónica propietaria de la compañía, Shaw-Lan Wang, Elbaz hace ropa que las mujeres desean. Tan simple y tan complejo como eso.

Los vibrantes colores, grandes volantes, gigantescas joyas, estampados, brillos… todo el catálogo de caprichos que uno pueda imaginar está en el hiperbólico desfile que el viernes por la noche encendió París. Tras él, Elbaz desafió el estricto sentido del ridículo que impera en la moda y quiso dar las gracias cantando Qué será, será. Lo hizo tan encantadoramente mal que conseguía derretir al más frío corazón de la enorme sala. El camino de Elbaz hasta esa ovación inapelable y genuina no ha sido fácil. En 1998 recibió el encargo de ocuparse del prêt-à-porter femenino de Saint Laurent con el maestro todavía en activo. Solo entregó tres colecciones, porque aquella situación ya de por sí complicada, se torció definitivamente cuando Gucci compró Saint Laurent y Tom Ford entró en escena. Tras pasar por Krizia, Elbaz vagó sin rumbo. Supo del interés de Wang por Lanvin y, sin conocerla, la llamó y le pidió que comprara la compañía y le fichara a él para diseñarla. “Por favor, despierte a la bella durmiente”, le dijo. No es exagerado afirmar que no solo está despierta sino que se ha convertido en la reina del baile.

Despertar tras una noche pletórica nunca es fácil. A la mañana siguiente de la apoteosis de Lanvin, solo algo magnífico hubiera podido competir con su recuerdo. Eso da la medida del logro de Haider Ackermann (Santa Fe de Bogotá, 1971). También él cumple una década con su firma. Pero en su desfile en los salones de L'Hôtel du Ville no hubo confeti, sino una lección de composición, construcción y sensibilidad para el color. La secuencia cromática que Ackermann pinta para otoño/invierno 2012 merece ser estudiada como ejemplo de la capacidad expresiva del color. El caqui cede al morado, la oscuridad lleva al negro y al burdeos y el azafrán rompe de pronto para abrir paso al naranja y a un brumoso gris. Entonces vuelve la densidad con una explosión de granate, marrón y azul para volver atrás y terminar con un lila de devastadora simplicidad.

Ackermann afirma que antes del primer esbozo de una colección ya sabe qué música sonará en el desfile. Esta vez, fue Autumn leaves de Frank Sinatra. “Las hojas de otoño/ de rojo y oro” que evoca la canción eran el paisaje de una colección conmovedora. Quizá la más elocuente respuesta a por qué el nombre de Ackermann aparece en cualquier quiniela sobre los cambios en París. Saint Laurent decía que la moda no es un arte, pero que necesita artistas para ser creada. De una forma u otra, el maestro sobrevuela la obra de Elbaz y Ackermann. Y, seguramente, él admitiría que ambos se merecen esa calificación.