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Tiempos difíciles, fe y goteras

La lluvia arreciaba en la calle, las goteras en la entrada y en el escenario, una luminosa escalera roja que latía como un corazón. El cine español afronta el mal tiempo con buena cara, hasta incluso cuando el agua se filtra -como anoche en el Palacio Municipal de Congresos- y se cuela por el tejado. Las estrellas del cine español pasaron de puntillas por una alfombra verde encharcada pero no olvidaron, premiados y no premiados, un año complicado en el que ninguna de las cuatro películas protagonistas de la noche ha logrado entrar entre las diez más taquilleras del año.

Tiempos difíciles para todos, señaló la presidenta de la Academia, Ángeles González Sinde, quien echó mano de la eterna crisis del cine español para justificar la del presente y que apeló a la "fe" para afrontar el futuro. Ganó una película que, entre Amelie y El exorcista, habla precisamente de eso, de fe, o de su mal uso. Como ganó un actor, Benicio del Toro, que interpreta a un hombre, Ernesto Che Guevara, que murió movido también por su fe en una revolución.

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Se habló, fuera y dentro del escenario, de crisis, del problema de la piratería, del desprecio al trabajo de los artistas y del parón que ahoga trabajos y proyectos. Pero el ministro de Cultura, César Antonio Molina, dijo que era la gran noche del cine español y que era también "el inicio para otro gran año de nuestro cine". Incomprensible afirmación que ilustraba las sabias palabras del Goya honorífico, Jesús Franco, al llegar a la gala: "Yo no preparo discursos, eso se lo dejo a los políticos". Jesús Franco (cuyo Goya se lo entregó, junto a Santiago Segura, un invisible para la cámara de Pedro Temboury) se movió en silla de ruedas por una pasarela que osciló entre lo grotesco y lo estelar. Es decir, entre el Risitas de la tele al imponente Benicio del Toro.

Los 400 periodistas acreditados este año empezaron a instalar sus equipos desde el mediodía. En la puerta, y por 10 euros, se vendían taburetes plegables para los fotógrafos. Imaginación en los negocios para tiempos de escasez: en poco tiempo se vaciaron tres cajas. La presencia de Penélope Cruz y Del Toro marcaba la cumbre de la gala, a la que asistió un público ecléctico que osciló entre Rafael Simancas (portavoz de Cultura en el Congreso) a Isabel Sartorius (ex novia del príncipe Felipe y foto habitual de las revistas del corazón).

Se reivindicó ir más al cine (Carmen Machi), más apoyo y más trabajo para los que llegan (Isabel de Ocampo, directora de Miente, el corto premiado), incluso se escuchó sobre el escenario un "¡Puerto Rico libre!" (y no fue Benicio del Toro quien lo gritó). También se pidió un escenario homologado para minusválidos, por un Juan Manuel Montilla, Langui, que a duras penas pudo llegar a por su primer Goya (el de la mejor canción por A tientas) y que también reivindicó el poder de superación que arrastra su música, el hip-hop. La fe que mueve montañas, hasta las, a veces intransitables, del cine español.