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Reportaje:

El abogado que 'heredó' un botín

Un jurista de Boston confiesa que ocultó durante 28 años siete cuadros robados por un cliente que murió en un ajuste de cuentas

Durante 28 años un reputado abogado de Massachussets ha mantenido el secreto de uno de los robos de arte más sonados de los últimos tiempos. Durante todo ese tiempo ha tenido los siete lienzos, uno de ellos una naturaleza muerta de Cezanne y un retrato de Soutine, en la caja un banco suizo con la esperanza de cobrar un rescate por ellos. Los había robado un antiguo cliente, un ladrón de poca monta, que murió asesinado poco después del asalto en un ajuste de cuentas.

La historia del robo en la casa de los Bakwines es una sucesión de situaciones rocambolescas. Todo empezó el 30 de mayo de 1978, cuando David Colvin, un delincuente común que contaba entonces 31 años, asaltó la lujosa residencia y se llevó varios cuadros. Ahora venía lo complicado: cómo convertirlos en dinero contante y sonante. Lo único que se le ocurrió fue consultar al abogado que le llevaba alguna otra denuncia.

Robert M. Mardirosian recibió en su despacho a Colvin y a su bolsa de plástico. Al escuchar la historia, Mardirosian se echó las manos a la cabeza y le sugirió al atracador que pasara la noche en su casa, en el camastro que tenía en el desván, y al día siguiente se deshiciera de los lienzos si no quería verse en la cárcel por una larga temporada. Unos días después a Colvin se le acabaron los desvelos: alguien a quien le debía dinero lo mató sin hacer más preguntas.

Unos meses después Mardirosian descubrió que, en efecto, Colvin se había deshecho de las pinturas: las había dejado en un rincón del altillo de su casa. Fue entonces cuando la ambición le nubló sus conocimientos jurídicos: pensó que sería una buena manera de cobrar un rescate de la casa de seguros que preferiría esa solución a pagar una altísima compensación por el robo a los legítimos propietarios. Pero los planes se le vinieron abajo cuando supo que ninguno de los lienzos estaba asegurado.

Intento de venta

Empezó entonces a diseñar una compleja trama empresarial que le sirviera de tapadera y que le permitiera cobrar un rescate a la familia o vender las obras en el mercado negro. Pero el Registro de Obras Extraviadas, un organismo que se dedica a localizar piezas robadas o desaparecidas, detectó dos intentos de subastar los cuadros. En el primero Mardirosian reaccionó a tiempo y se logró zafar, pero en la segunda ocasión el gato fue más rápido que el ratón.

El Registro puso el caso en manos de un juez de Londres que ahora instruye el caso. Ha sido en el marco de esta instrucción cuando el nombre de Mardirosian salió a relucir. El diario estadounidense The Boston Globe localizó ayer al abogado, ahora de 71 años y retirado, que reconoció haber escondido durante todo este tiempo las obras y explicó cómo llegaron a sus manos.

Pero como en las buenas historias de robos la policía tiene dudas. He aquí que, de vuelta a 1978, Mardirosian no era sólo el abogado del raterillo Colvin sino también de otro caso contra un perista, un comerciante de objetos robados que, cabe la posibilidad, fuera quien encargó en realidad el robo del Cezanne y las otras seis piezas. Con estos mimbres, los investigadores no se terminan de creer la historia de Mardirosian y esperan que el juez británico, en la mejor tradición de su compatriota Sherlock Holmes, sea capaz de desentrañar definitivamente el misterio.