PREMIO CERVANTES 2001

Maqroll el gaviero, uno de los grandes hitos de la literatura en lengua española

Tanto en poesía como en narrativa, Mutis utiliza un lenguaje discursivo, lleno de imágenes y sugerencias

Poeta y narrador colombiano, Álvaro Mutis nació en Bogotá en 1923 aunque pasó parte de su infancia en Bélgica y desde la década de 1960 reside en México.

Su padre, Santiago Mutis Dávila siguió la carrera diplomática y en 1925 viajó a Bélgica con su familia, como ministro consejero de la Legación en Bruselas. Mutis llegó a este país de dos años y allí vivió hasta los nueve, cuando su padre murió repentinamente, a los 33 años.

La temprana desaparición de su padre, el primer enfrentamiento de Mutis con la muerte, determinó que su madre, Carolina Jaramillo, decidiera abandonar Europa, permanecer en Colombia y dedicarse al manejo de la hacienda Coello, que acababa de heredar.

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Mutis no terminó sus estudios colegiales, iniciados en Bruselas en el colegio jesuita de San Michel, y cuando monseñor José Castro Silva, rector del Colegio Mayor de Nuestra Señora del Rosario, le llamaba la atención por su bajo rendimiento académico, recordándole que era descendiente directo del hermano del sabio José Celestino Mutis, contestaba que tenía muchas cosas que leer y no podía perder el tiempo estudiando.

A los dieciocho años Mutis contrajo matrimonio con Mireya Durán, con quien tuvo tres hijos, y empezó a trabajar en los oficios más disímiles. Desde entonces se dio cuenta que no iba a vivir de la literatura, pero, al mismo tiempo, fue consciente de su vocación por las letras.

Siendo locutor de la Radiodifusora Nacional de Colombia, compuso su primer poema, del que sólo queda este verso: "Un dios olvidado mira crecer la hierba"; ahí empezó su carrera literaria, en la que había una fuerte influencia de los escritores surrealistas.

Sus primeros escritos

Sus primeros escritos aparecieron en la revista Vida, de la Compañía Colombiana de Seguros, donde fue jefe de redacción y colaborador con pequeños retratos sobre Joseph Conrad, Alexander Pushkin, Antoine de SaintExupéry y Joachim Murat; también en Vida publicó su primer poema: La creciente. Otra de estas primeras composiciones es El miedo, publicado en 1948 en la página literaria que dirigía Alberto Zalamea Borda en La Razón.

Por esta época Mutis asistía a las sesiones del café El Molino o El Automático, donde se encontraba con dos generaciones de poetas: los Nuevos y los de Piedra y Cielo, aunque no petenecía a ninguna de ellas. Tampoco perteneció al grupo Mito, aunque tuvo contacto y fue amigo de algunos de sus miembros, y la revista Mito publicó en 1959 Los hospitales de ultramar, y gracias a esto Octavio Paz conoció y escribió sobre él.

La relación directa con los poetas, escritores e intelectuales de la Bogotá de esos años, fue parte fundamental de su formación cultural. Mutis entró en contacto con Eduardo Zalamea Borda, quien quiso publicar dos de sus poemas en el suplemento dominical de El Espectador.

También por entonces hizo amistad con Casimiro Eiger, el primer lector de su obra, y gracias a cual, en coautoría con Carlos Patiño Roselli, se publicó La balanza (1948), primer libro de Mutis y Roselli, que se agotó por incineración en el famoso Bogotazo del 9 de abril de 1948. Por su parte, Ernesto Volkening fue otro de sus primeros lectores y críticos, conocedor de antemano de todos los poemas de Los elementos del desastre (1953), su segundo libro, publicado en la colección Poetas de España y América de la Editorial Losada de Buenos Aires.

Además de llegar a ser gerente de una emisora y actor de radio en la época en que se llevaron a este medio los clásicos de la literatura dramática, Mutis fue director de propaganda de la Compañía Colombiana de Seguros y de Bavaria, y jefe de relaciones públicas de Lansa, una pequeña empresa de aviación que le hacía competencia a Avianca. Estos trabajos convirtieron a Mutis en un viajero constante, que escribía sus versos en las salas de espera de los aeropuertos y en los hoteles.

Experiencia en la cárcel

Después de la quiebra de Lansa, pasó a ser jefe de relaciones públicas de la Esso en 1954. Si con sus anteriores trabajos había tenido oportunidad de viajar por Colombia, con este nuevo empleo pudo hacerlo por el mundo.

Debido al manejo caprichoso de unos dineros que la multinacional asignaba a obras de caridad, Mutis fue demandado por la compañía. Ante esta situación, su hermano Leopoldo, Casimiro Eiger y Alvaro Castaño Castillo, entre otros amigos, le arreglaron un viaje de emergencia hacia México.

A México llegó con dos cartas de recomendación: una dirigida a Luis Buñuel y otra a Luis de Llano; gracias a éstas, consiguió trabajo como ejecutivo de una empresa de publicidad, y luego promotor de producción y vendedor de publicidad para televisión, y conoció en el medio intelectual mexicano a los que han sido sus amigos en ese país: Octavio Paz, Carlos Fuentes y Luis Buñuel, entre otros.

Justo a los tres años de su llegada a México, se hicieron efectivas las demandas en su contra y Mutis fue detenido en la cárcel de Lecumberri, durante 15 meses. Su experiencia en la cárcel cambió del todo su visión del dolor y el sufrimiento humanos y en Lecumberri, Mutis dio forma a los relatos Saraya, El último rostro, Antes de que cante el gallo y La muerte del estratega (recopilados en Cuatro relatos, 1978); a algunos de los poemas de Los trabajos perdidos (1965) y al Diario de Lecumberri (1960).

A los pocos años de salir de la cárcel, se casó con Carmen, se convirtió en gerente de ventas para América Latina de la Twentieth Century Fox, y luego de la Columbia Pictures, y continuó durante 23 años con su rutina interminable de viajes, hasta que en el año 1988 cumplió con el tiempo requerido para el retiro y pudo dedicarse a leer y a escribir. Desde entonces, publica un libro cada año.

El reconocimiento

El reconocimiento de la obra de Mutis, cuya creación en torno al mítico gaviero Margoll constituye un universo con escasos precedentes en el ámbito literario latinoamericano, empezó en 1974 con el Premio Nacional de Letras de Colombia; en México ganó en 1985 el Premio de la Crítica de Los Abriles, por su libro Los emisarios (1984); en 1988 la Universidad del Valle le concedió el grado de doctor Honoris causa en Letras, y lo mismo hizo la Universidad de Antioquia en 1993.

En 1988 recibió el Premio Xavier Villaurrutia y fue condecorado con el Aguila Azteca por su libro Ilona llega con la lluvia (1987); en 1989 ganó en Francia el premio Médicis Itranger con La Nieve del Almirante (1986), considerado el mejor libro traducido al francés ese año, y recibió la Orden de las Artes y las Letras en el grado de Caballero de parte del gobierno de ese país.

En 1990 le otorgaron en Italia el Premio Nonino y el Premio Literario Lila; y en 1993, como parte de la semana de homenaje al escritor con motivo de sus 70 años de vida, el gobierno colombiano le concedió la Cruz de Boyacá. Ultimamente ha sido distinguido con la Gran Cruz de Alfonso X, el Premio Reina Sofía de Poesía Iberoamericana, el Premio Príncipe de Asturias y el Premio Grizane Cavour.

La importancia y el interés que despierta la obra de Mutis en el exterior, se observa también en las traducciones de su obra al sueco, al alemán, al holandés, al portugués, al rumano, al inglés, al italiano, al francés y hasta al turco.

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