la crisis del coronavirus

¿Por qué hablamos del 70% de población vacunada como ‘cifra mágica’ para acabar con la covid?

Los líderes políticos se marcan como objetivo que la inmunización alcance al 70% de los ciudadanos, pero ese porcentaje es una estimación teórica y variable

Una sanitaria vacuna contra la covid-19 a un ciudadano en Pamplona, el pasado 10 de abril.
Una sanitaria vacuna contra la covid-19 a un ciudadano en Pamplona, el pasado 10 de abril.Eduardo Sanz / Europa Press

Desde que comenzó, la carrera por la vacunación contra el coronavirus tiene una meta clara en el discurso político y la percepción social: superar el 70% de la población. Es una cifra que poco a poco hemos interiorizado como objetivo; creemos que, cuando se alcance esa tasa de protección, la transmisión del virus comenzará a extinguirse. En España, los esfuerzos se centran en lograrlo antes de la temporada estival, tal y como anunció el presidente Pedro Sánchez el pasado martes. Un estudio preliminar del University College de Londres predice que el Reino Unido habría alcanzado esa cifra el lunes, aunque ha recibido amplias críticas de la comunidad científica, que recela de modelos que en el pasado han pecado de optimistas. El debate científico, en todo caso, está abierto. ¿Cuándo logra realmente un país la inmunidad de grupo? ¿Por qué la clave es un 70% de la población? ¿La protección grupal garantiza la vuelta a la normalidad?

De entrada, la inmunidad de rebaño o de grupo es un concepto teórico que representa el nivel de protección colectiva que bastaría para frenar la transmisión del virus, incluso sin restricciones. Se basa en una premisa simple: cuando un porcentaje suficiente de la población es inmune al virus, crean un cortafuegos que protege del virus al resto. Según la mayoría de los modelos epidemiológicos, se espera alcanzar esa inmunidad de grupo cuando la protección alcance entre un 60% y un 80% de la población. Sin embargo, en la práctica, el porcentaje exacto es mucho más voluble de lo que nos gustaría.

El umbral para la inmunidad colectiva se calcula en función de varios factores. Fundamentalmente, depende del número reproductivo o R (cuántos casos secundarios provoca, en promedio, una persona contagiada). Cuanto más alto sea este, más personas necesitamos inmunizar antes de beneficiarnos de la protección de grupo. Por tanto, el umbral exacto es diferente para cada enfermedad. “El sarampión tiene un número reproductivo muy alto, entre 12 y 18, y por eso hay que vacunar a una parte muy importante de la población, alrededor del 95%”, según la inmunóloga Chloé Pasin, de la Universidad de Zúrich. Además, el umbral de protección grupal se ve afectado por el nivel de transmisión comunitaria en cada momento, que puede aumentar según se relajen las restricciones. Si R es 2, el umbral base es un 50%; pero si sube a 3, el umbral se coloca en un 67%. “El número reproductivo del SARS-CoV-2 que se estimó en la fase inicial de la pandemia rondaba 2,5 o 3. Por eso, el correspondiente nivel de inmunidad colectiva está en torno al 67%. Como las vacunas no son efectivas al 100%, necesitaremos algo más de cobertura para la protección: de ahí ese objetivo del 70%”, explica Pasin.

Según la mayoría de los modelos epidemiológicos, se espera alcanzar la inmunidad de grupo cuando la protección alcance entre un 60% y un 80% de la población. En la práctica, el porcentaje exacto es mucho más voluble

Una de las principales críticas al nuevo estudio británico es que cuenta como inmunizados a quienes ya han pasado la infección, aunque no hayan sido vacunados. “Estas personas contarían si su respuesta inmunitaria les diese protección tanto frente a enfermar como frente a volver a contagiarse y transmitir la enfermedad. Sin embargo, aún no se sabe si esto es así”, dice Christl Donnelly, epidemióloga de la Universidad de Oxford. Además, la respuesta inmunitaria varía mucho entre las personas infectadas por SARS-CoV-2, por lo que es posible que no todas estén igual de protegidas frente a una segunda infección. La protección adquirida con una infección previa podría ser muy limitada entre personas mayores, por ejemplo. “No podemos suponer que todas las personas que ya han sido infectadas estén protegidas. Tampoco creo que sepamos todavía si después de la infección se tiene el mismo nivel de protección que después de la vacunación”, explica Pasin, que cree que debe vacunarse también a quienes ya han pasado la covid.

En cualquier caso, el porcentaje de población protegida (por infección previa o por las vacunas) no es estático. “Nacen niños y muere gente, por lo que el número de personas inmunes está en constante movimiento”, apunta Beverley Paterson, experta en salud pública de la Universidad de Newcastle. La llegada de nuevas variantes también podría cambiar la ecuación. “Si las variantes difieren demasiado del virus original sobre el que se diseñaron las vacunas, entonces la vacuna podría no proteger tan bien contra ellas”, avisa Donnelly. “Si la eficacia de las vacunas baja, necesitas vacunar a un porcentaje mayor de la población para conseguir ese efecto grupal”, afirma.

Por último, el acceso a la vacunación es desigual, alejando el efecto protector de la inmunidad colectiva. Primero, entre distintas zonas del mundo (lo cual repercute, a su vez, en la posible aparición y flujo de nuevas variantes). Segundo, entre regiones del mismo país: aunque se alcance un 70% en promedio, habrá áreas donde la cobertura sea menor. Tercero, por grupos sociales y franjas de edad. Las campañas de vacunación buscan inmunizar primero a quienes pertenecen a grupos más vulnerables para desconectar los contagios de las muertes e ingresos hospitalarios. “Cuando existe una asociación tan fuerte entre estos efectos y la edad, lo razonable es vacunar primero a los que mayor riesgo tienen de sufrirlos. Sin embargo, el virus seguirá circulando si la gente joven tarda en vacunarse”, según portavoces del Centro Nacional de Epidemiología del Instituto de Salud Carlos III.

¿Y cuándo alcancemos ese esperado umbral, sea cual sea? Mientras las vacunas nos mantengan protegidos y no aparezcan variantes nuevas que escapen a la inmunidad alcanzada, lograr la inmunidad de rebaño debería permitir cierta relajación. “Supondrá que no serán necesarias las restricciones de movilidad para toda la población, y los casos asintomáticos no tendrán que guardar cuarentena, porque la probabilidad de desatar un brote grande será limitada”, apuntan portavoces del ISCIII. No obstante, podrían quedar bolsas de población no vacunada donde se sigan produciendo brotes. Por eso, piden no bajar la guardia. “Vacunarse también es un acto de solidaridad, porque no solo se trata de protegerse uno mismo, sino de proteger a toda la comunidad con la que interactuamos”, insisten.

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