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El Mobile, la feria que Barcelona arrebató a Cannes

Al final, ni las huelga de taxis, ni la crisis del 'procés', ni las polémicas estériles... Ha sido el coronavirus el que ha tumbado la edición de este año del congreso de móviles

Mobile World Congress
La inauguración del Mobile en febrero de 2019.

2005 fue la última edición. El Mobile ya era entonces la feria de telefonía más importante del mundo, pero Cannes, la atractiva ciudad de la Costa Azul francesa, se le quedó pequeña. Buscaban, sobre todo, más hoteles. Las lujosas reuniones en los barcos atracados en la ciudad francesa para cerrar los negocios de la tecnología del futuro no fueron suficientes. Barcelona jugó entonces sus cartas y se llevó en 2006 el prometedor congreso, que contaba con unos 30.000 asistentes y 600 expositores. “Es una oportunidad única para Barcelona”, señalaba en 2005 un responsable del fabricante de teléfonos Nokia.

El Mobile ha crecido en Barcelona hasta superar los 100.000 asistentes y más de 400 millones de impacto económico. En 2012 convertía, además, a la ciudad en la capital del móvil, la Mobile World Capital, que pretendía transformarla en un pequeño Silicon Valley de la industria. Durante estos años, la feria, que siempre ha contado con el apoyo incondicional de su socio Fira de Barcelona, ha atravesado varias crisis. Siempre bajo la amenaza de abandonar la ciudad. Las huelgas de taxis, del metro y las protestas universitarias a las puertas del recinto fueron algunos episodios que presionaron la feria. En 2015 llegaba a la alcaldía una activista, Ada Colau, que cuestionó entonces los beneficios sociales del Mobile y, sobre todo, si sus ganancias llegaban a todos los barrios de la ciudad.

Pero la última y más seria crisis, en 2018, llevó a John Hoffman, la cara visible del congreso, a reconocer que estuvo a punto de llevarse el evento por la situación política en Cataluña. Hoffman explicó entonces que “el 80% de los asistentes quiere Barcelona”. Y volvió a poner en valor el contrato firmado con la ciudad hasta 2023. Uno de los momentos más tensos fue la inauguración del Mobile el año pasado cuando el presidente de la Generalitat Quim Torra “esquivó” la foto con Felipe VI y Pedro Sánchez y abandonó la comitiva oficial al llegar al pabellón de España. La noche anterior, ni la alcaldesa de Barcelona, Ada Colau, ni el presidente del Parlament, Roger Torrent, salieron a saludar al Rey para protestar por la situación en Cataluña. Hoffman, presente en cada una de las escenas, y su congreso se mantuvieron de nuevo al margen de los problemas políticos. No hubo declaraciones públicas.

La polémica este 2020 empezó en enero cuando la presidenta de la Comunidad de Madrid, Isabel Díaz Ayuso, retó a Ada Colau y dijo: “Iremos a por el Mobile World Congress”. Y ahí Hoffman salió de nuevo, unos días más tardes, para declarar tajante en rueda de prensa que la feria se quedaba en la ciudad catalana y que nunca hubo contactos con Madrid. Todo estaba preparado para la edición de este año. Y pese a las primeras cancelaciones de empresas, los expositores se seguían montando en la Fira.

Al final, ni las constantes amenazas de huelga de taxis y del metro ni la crisis del procés, ni las polémicas estériles... Ha sido el coronavirus el que ha tumbado la edición de Mobile este año. Tras una jornada de infarto y más de seis horas de reunión, este miércoles la organización GSMA anunciaba que tiraba la toalla por la crisis sanitaria. Para decir, a renglón seguido, que ya trabaja en la edición de 2021. “Se han equivocado”, explicaba ayer un responsable turístico mientras calculaba sus pérdidas. “Pero el año que viene estaremos ahí”. 

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