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OPINIÓN i

Amargas, soberbias, insoportables y vanidosas

Hasta 2012 la Diada fue institucional, desde entonces ha sido parcial y reivindicativa de la independencia. Siempre basada en la mentira

Manifestación de la Fiesta del año pasado.
Manifestación de la Fiesta del año pasado.

Hasta el año 2012, en distintos formatos, el 11 de septiembre se celebró oficialmente en Cataluña como un acto institucional. Había una razón: de acuerdo con la ley era la fiesta nacional de Cataluña. Curiosamente, aunque no tanto visto desde la perspectiva de hoy, la primera ley que aprobó el Parlament fue la 1/1980, de 12 de junio, por la que se declara Fiesta Nacional de Cataluña la jornada del 11 de septiembre.

No era un buen modo de empezar pero casi nadie le dio importancia, tan ingenuos éramos unos, tan astutos eran otros. Al fin y al cabo, desde finales de los años sesenta, dentro de los actos de lucha contra la dictadura, algunas fuerzas antifranquistas convocaban manifestaciones para este día reivindicando la autonomía que se alcanzó durante la II República. Hasta el año 1975, justo antes de morir el dictador, en estas conmemoraciones los manifestantes eran escasísimos, nunca llegaban a cuajar en grupos compactos y, en ocasiones, había más policías que manifestantes, por cierto casi todos ellos militantes del PSUC y de Comisiones Obreras. Además, en su inmensa mayoría, no sabían lo que había sucedido aquel 11 de septiembre de 1714.

El 11 de septiembre de 1976 fue el primero que se celebró con una asistencia numerosa. Algunos miles de personas se congregaron en la plaza de San Boi de Llobregat, lugar de nacimiento de Rafael de Casanova, el mítico héroe que entonces era presidente de la Generalitat, aunque ni fue un héroe ni la Generalitat de entonces era la de ahora. El acto se celebró con autorización del gobernador civil, es decir, del Gobierno español. También estaba ahí la policía pero no para disolver ninguna manifestación a porrazos sino para proteger a quienes habían acudido. Entonces la supuestamente heroica oposición al franquismo decidió acudir, la autoridad les protegía. ¡Unos valientes!

Al año siguiente, en la misma fecha, tras las elecciones del 15 de junio y las libertades aseguradas, tuvo lugar la manifestación que ocupó todo el Paseo de Gracia y se dio por buena la cifra de un millón de asistentes. Cuenten las dimensiones del espacio y comprobarán que los asistentes fueron más o menos una quinta parte de esta cifra oficial. Otra mentira.

Pero la primera ley del Parlament, para así iniciar ya de entrada el proceso de construcción nacional que entonces empezaba, fue la que establecía que el 11 de septiembre era la fecha de la Fiesta Nacional de Cataluña. Así se decía en el Preámbulo: “El pueblo catalán en los tiempos de lucha fue señalando una jornada, la del 11 de septiembre, como Fiesta de Cataluña. Jornada que, si por una parte significaba el doloroso recuerdo de la pérdida de las libertades, el 11 de septiembre de 1714, y una actitud de reivindicación y resistencia activa frente a la opresión, suponía también la esperanza de una total recuperación nacional. Ahora, cuando Cataluña reemprende su camino de libertad, los representantes del pueblo creen que la Cámara Legislativa tiene que sancionar lo que la Nación unánimemente ya ha asumido”.

Me he permitido la licencia de destacar en cursiva las frases que me han parecido más relevantes. ¿“En los tiempos de lucha…”? Como hemos visto, esta lucha fue ultraminoritaria hasta 1976, cuando ya no tenía ningún mérito. ¿“Pérdida de libertades”? Pero qué libertades había en 1714, las libertades vinieron después, con las constituciones del siglo XIX. “¿La esperanza de una total recuperación nacional?” Supongo que se refiere a la independencia, que ya estaba en la mente de los que gobernaban la Generalitat aunque lo disimulasen. “¿Reemprende su camino de libertad?” El estatuto de 1979, gracias al cual gobernaban, era para ellos un simple hito en el camino hacia la liberación nacional, la meta era lejana; la autonomía, una mera etapa.

La historia es un arma peligrosa y falaz. Recordemos aquel texto de Paul Valéry: “La historia es el producto más peligroso que haya elaborado la química del intelecto. Sus propiedades son muy conocidas. Hace soñar, embriaga a los pueblos, les hace concebir falsos recuerdos, exagera sus reflejos, mantiene sus viejas heridas, los atormenta en su reposo, los conduce al delirio de grandezas o al de persecuciones, y vuelve a las naciones amargas, soberbias, insoportables y vanidosas”.

Hasta 2012 la celebración fue institucional, desde entonces ha sido parcial y reivindicativa de la independencia. Siempre ha estado basada en la mentira.

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