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El infinito baile del Ballet BC de Vancouver detiene la lluvia en el Grec

La compañía interpreta tres coreografías pletóricas de energía

Los bailarines del Ballet BC durante la coreografía 'Solo Echo' que se ha visto en el Grec.
Los bailarines del Ballet BC durante la coreografía 'Solo Echo' que se ha visto en el Grec.

El cielo amenazaba tormenta, pero se contuvo para que el público que se acercó al Teatre Grec descubriera y disfrutara del infinito movimiento del Ballet BC (British Columbia, Vancouver). Una excelente formación en la que la danza contemporánea se entronca con la danza jazz en un baile vital, felino y de una gran expresividad. El programa que presentaron estaba formado por tres coreografías firmadas por otras tantas mujeres. Unas piezas distintas entre sí, pero en las que prevaleció el baile de los excelentes intérpretes de esta formación canadiense. Ellos logran crear de un tendu a la seconde una frase coreográfica. Espectacular la media punta del elenco femenino. Otro acierto fue que en las tres coreografías el vestuario fue un maillot negro para ellas y un pantalón, también negro, para ellos. Elegantes desde el principio.

La función comenzó con Bedroom Folk, una pieza firmada por Sharon Eyal, una artista nacida en Jerusalén que trabajó con el Batsheva Dance Company, y que creó esta pieza junto al también israelí, Gai Behar. Es una obra con música electrónica de Ori Lichtik para 18 bailarines y que estrenó el Nederlands Dans Theater (2012). Se trata de un trabajo coral pletórico de energía en que los bailarines se convierten en piezas de un gran puzzle para formar imaginativas y seductoras combinaciones geométricas no exentas de humor.

A continuación el Ballet BC bailó una coreografía de su directora desde el 2009, Emily Molnar, titulada To this day. Esta pieza a ritmo de blues y de la guitarra de Jimi Hendrix cautivó por su baile sigiloso, nocturno y provocador. Fue la pieza en la que brillo con más fuerza ese movimiento infinito tan especial que posee esta compañía. Esta obra transportó al espectador a un antro de jazz del que no hubiera querido salir.

La noche se cerró con Solo Echo, una emotiva pieza para siete bailarines de Crytal Pite, con música de dos sonatas de Johannes Brahms. Bajo la lluvia de los copos de nieves la autora reflexiona sobre las diferentes etapas del ser humano desde la adolescencia hasta la madurez. Los pasos a dos se entrelazan apasionadamente, las parejas se acercan con ternura o se alejan en un suspiro. Ese suspiro largo que hace que el espectador no pueda ni respirar y le mantiene en suspensión. El movimiento es como un chicle; una comparación que define el baile sin fin de la compañía. Al final, el público dedicó al Ballet BC calurosos aplausos y bravos.

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