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Independentismo irrelevante y fundamental

El PSOE no necesita a las formaciones secesionistas para formar Gobierno, si bien entenderse con ellas será esencial para despejar la situación catalana

Elsa Artadi, en el centro, en un acto de precampaña de JxCat.
Elsa Artadi, en el centro, en un acto de precampaña de JxCat. EFE

Los partidos independentistas catalanes han acabado siendo numéricamente irrelevantes en el camino hacia la investidura de Pedro Sánchez, que puede asegurarse la mayoría absoluta en primera vuelta sin contar con ellos. Sin embargo, las fuerzas soberanistas —sobre todo ERC— son fundamentales para desatascar la situación catalana, cuyo presente tormentoso no empezará a escampar o a complicarse hasta que se produzcan elecciones autonómicas y haya sentencia en el proceso que se sigue en el Tribunal Supremo contra los dirigentes independentistas. En ese complejo mapa, “es curioso ver cómo ERC se ha convertido en lo que antes era Convergència, que ha perdido su proverbial pragmatismo”, aseguran fuentes del Partit Demòcrata (PDeCAT).

Hasta después de las elecciones del 26 de mayo nadie va a mostrar sus cartas. El 21 de mayo próximo, con la constitución de las Cortes y la Mesa del Congreso, se dibujarán las líneas generales de quiénes van a ser los aliados preferentes o con qué grupos va a haber gestos de aproximación por parte de la nueva mayoría socialista. Desde el PDeCAT están convencidos de que, a la hora de ubicarlos físicamente en la Cámara, el PSOE no va a tener demasiadas contemplaciones con ellos, mientras que mostrará tacto con Esquerra. Luego vendrá la investidura y, si se impide la asistencia de los tres cabezas de lista de Junts per Catalunya —Jordi Sànchez, Josep Rull y Jordi Turull—, la mayoría absoluta quedará situada en 174 votos, que son los escaños que suman PSOE, Unidas Podemos, Partido Nacionalista Vasco, Coalición Canaria, Compromís y Partido Regionalista de Cantabria. Siempre en caso, claro está, de que no se tuerza la negociación entre el PSOE y el partido de Pablo Iglesias.

ERC ha expresado su preferencia por un Ejecutivo de izquierdas con Unidas Podemos. Al contrario que Junts per Catalunya, los republicanos juzgan que un Gobierno progresista de esas características es el primer peldaño para la negociación y recuerdan que en la pasada legislatura votaron todas las propuestas sociales —excepto una— que el Ejecutivo del PSOE puso sobre la mesa. “No obstante, creemos que Sánchez optará por la geometría variable: pactará algunos temas con Ciudadanos y otros con Podemos y con nosotros también. El problema le estallará dentro de ocho meses [posibles elecciones autonómicas y sentencia del 1-O]. Y ese problema es qué pasa con Cataluña”, asegura un dirigente de la formación republicana. Oriol Junqueras, líder de Esquerra en prisión preventiva, dejará su acta de diputado en el Congreso en cuanto sea elegido europarlamentario el próximo 26 de mayo.

Junqueras se prepara para guiar a la formación republicana en su larga travesía con varias etapas: arrebatar la hegemonía independentista a Junts per Catalunya en las elecciones autonómicas, buscar un frente amplio con la Catalunya en Comú de Ada Colau del que no excluyen a los socialistas de Miquel Iceta, y, finalmente, lograr una solución pactada para Cataluña. Los republicanos dieron en los comicios del pasado 28 de abril un primer paso: ganaron las generales en Cataluña y se convirtieron en fuerza hegemónica dentro del independentismo catalán, que en su conjunto se situó en el 40% de los votos emitidos, seguido por el PSC y En Comú Podem. Las fuerzas no independentistas contrarias al diálogo —Ciudadanos, PP y Vox— obtuvieron juntas siete de los 48 escaños en liza.

Banco de pruebas

Las elecciones municipales del 26-M serán un buen banco de pruebas para ver preferencias políticas, por locales que sean. El PSOE desconfía del independentismo ya sea en su versión intransigente y bloqueadora —de Junts per Catalunya— o más dialogante, de ERC. Desde el PSC recuerdan que ambas formaciones dieron el portazo a los Presupuestos Generales del anterior Gobierno y se resisten a dejar en sus manos la llave de la mayoría. Pero ven con mejores ojos —aseguran— el viraje gradualista de ERC que “la radicalidad cambiante y sin hoja de ruta de Junts per Catalunya”.

Durante la campaña de las pasadas elecciones generales, los hombres y mujeres de la formación que dirige Carles Puigdemont se encargaron de reprochar a los republicanos que tendieran la mano a los socialistas para investir a Pedro Sánchez mientras habían puesto tantos reparos a dar sus votos a la candidatura del de Waterloo. Paradójicamente, los papeles se han invertido en el independentismo catalán después del referéndum del 1-O y del encarcelamiento de los líderes soberanistas: Junts per Catalunya asume el papel de fuerza radical que antes ostentaba Esquerra. Mientras los exconvergentes se presentan como la formación que busca el bloqueo en el Congreso para forzar la negociación, los republicanos hacen gala de pragmatismo, se manifiestan por el diálogo y descartan proyectos de declaración unilateral de independencia que antes habían apoyado.

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