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Para ponerse a pensar

Para promover las decisiones más graves de los días 6 y 7 de septiembre, la apelación a la emergencia histórica fue decisiva

El 'expresident' Carles Puigdemont en Neumünster, donde estuve preso 13 días hace un año.
El 'expresident' Carles Puigdemont en Neumünster, donde estuve preso 13 días hace un año. AFP

La deslealtad ha sido una plaga que ha anidado en las instituciones catalanas en los últimos años del procés. Hoy se exhibe desde la Generalitat con un desacomplejamiento que raya en la desfachatez cuando la practica su presidente, Quim Torra, en público y en privado. Para promover las decisiones más graves de los días 6 y 7 de septiembre, la apelación a la emergencia histórica fue decisiva. Sin esa excusa pirulera no había manera de justificar la ilegalidad del estrangulamiento del propio sistema democrático. Tampoco la tipificación más alta posible propuesta por la fiscalía del Estado para los responsables de ese otoño negro de 2017 parece exactamente una muestra de prudencia institucional. Había otras opciones razonables, pese a la fuga de la mitad del govern, y hubiese sido más manejable la situación con otras medidas cautelares. Pero prevaleció la desconfianza, ampliamente motivada por la conducta política abiertamente desleal del independentismo unilateralista.

La convocatoria de estos diálogos lleva dentro una llamada al realismo y a la racionalidad

En este contexto de recelos profundos y trampas descaradas del Govern contra un gobierno central pragmático y realista, no parece que vayan a sobrar las jornadas proyectadas en el palau Macaya para los días 5 y 6 de abril sobre las relaciones entre Andalucía y Cataluña. Poner a circular desde el Passeig de Sant Joan, en el éter de la red y por el clima moral del país, la voluntad racionalista y honesta de entender los problemas es algo más que buena fe, ingenuidad o candidez. Es una apuesta consistente por la responsabilidad civil contra la frivolización del problema y contra la trivialización banalizadora con que el unilateralismo defiende su proyecto político. El repertorio de razones emocionales basadas en la humillación, el residuo franquista y la esclavitud metafórica de una Cataluña sometida puede y debe ser rebatido reflexivamente con razones históricas, sociales, migratorias y culturales para favorecer la desentimentalización de un debate que toca sentimientos. La segunda ronda de estos Diálogos Catalunya-Andalucía, abiertos los dos días 26 y 27 de octubre de 2018 en Sevilla entre dos acentos fuertes y dos regiones poderosas, ofrecerá en diversas mesas la voz y la honradez de algunos intelectuales (la palabra es justa ahora, y no un insulto), dispuestos a ocupar su tiempo en rebajar el dramatismo interesado del far west unilateralista y a la vez afinar las razones del Estado de derecho cuando se enfrenta a una movilización de la magnitud del independentismo, unilateralista y no unilateralista. Eso es lo que cabe esperar de Josep M. Fradera y Astrid Barrio, de Manuel Arias Maldonado y de Mercedes García Arán, de Enric Juliana y de Milagros Pérez Oliva, de Marina Subirats y Javier Pérez Royo, de Ester Vera, Manuel Pérez Yruela y Bartolomé Clavero.

Es una apuesta consistente por la responsabilidad civil contra la frivolización del problema

No parece engañosa la percepción de un arrepentimiento en amplios sectores que respaldaron la ruta unilateral confiada en una masiva minoría social y una exigua mayoría parlamentaria. El procedimiento saboteó al mismísimo Estatut en pro de la prisa y el deseo, pero quizá las razones de unos y otros expuestas en diálogo abierto y público son la mejor muestra de lealtad a una sociedad plural. Lo verdaderamente deseable sería que la llamada de este diálogo activase al independentismo más convencido para discutir con él las condiciones, las causas e incluso las motivaciones de una crisis tan prolongada como esta. Pecar de buena fe me sigue pareciendo preferible a resignarse a pensar y actuar desde la mala fe, la deslealtad o la desfachatez de un juego de rol. A veces el unilateralismo político parece obviar la gravedad de la situación, imantado por pantallas de una realidad virtual. La misma convocatoria de estos diálogos lleva dentro una llamada al realismo y a la racionalidad para desvirtuar la retórica incendiaria de la derecha montaraz y el unilateralismo indio.

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