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El creciente oasis catalán de muchos venezolanos

El número de ciudadanos de Venezuela asentados en Cataluña se ha disparado un 42% en solo tres años

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Concentración de venezolanos, ayer en Barcelona

Álvaro Ferrebuz, un venezolano de 34 años, se las ingenia cada mes para ahorrar entre 150 y 200 euros que manda a su madre, otros familiares y amigos en Venezuela. No le es fácil. En sus seis meses en Barcelona, ha combinado empleos para sobrevivir y se ha visto forzado a acudir a comedores sociales. “A veces dejo de comprar comidas esenciales o como dos veces al día con tal de que ella tenga para alimentos”, dice sobre su madre, que vive en Maracaibo y no puede salir del país por el desorbitado coste de un pasaporte. “Es una frustración no poderlos sacar porque cada vez Venezuela está peor”.

El caso de Ferrebuz ilustra el creciente sentir de la cada vez más populosa comunidad venezolana en Cataluña. Viven aliviados tras haber huido de la espiral de pobreza, violencia y represión que acecha al país caribeño. Pero a cambio de enormes sacrificios. Les angustia el declive incesante de su país y las dificultades cotidianas que acechan a sus seres queridos. Pero ahora, junto al anhelo de volver algún día a Venezuela, se agarran a la esperanza de un cambio político después de que el líder de la Asamblea Nacional, el opositor Juan Guaidó, se proclamara presidente legítimo del país, respaldado por Estados Unidos y buena parte de América Latina. Ayer, unas 1.500 personas —según la Guardia Urbana— se manifestaron en la plaza de Catalunya a favor de Guaidó. El pasado jueves, fueron 100 los venezolanos que respaldaron a Maduro frente a la sede de la Comisión Europea en Barcelona.

Solicitudes de asilo


El número de venezolanos residentes en Cataluña se disparó un 42,3% entre 2015 y 2017, pasando de 9.122 a 12.982, según las últimas estadísticas oficiales. No quedan lejos de los 13.322 que vivían en 2017 en la comunidad de Madrid, el primer destino español del éxodo mundial de venezolanos en los últimos años. Barcelona es la ciudad catalana en la que viven la mayoría de venezolanos. Ese país fue en 2017 (1.214) y 2018 (1.882) el que tramitó más solicitudes de asilo a los servicios sociales del Ayuntamiento de Barcelona, según cifras oficiales.

Ferrebuz se marchó hace un año y medio de Venezuela junto a su pareja cansado de la inseguridad rampante y la escasez de medicamentos y comida. Juntaron sus ahorros y emigraron a República Dominicana. Sin embargo, como pareja homosexual no se sintieron bienvenidos y, en unos meses, optaron por probar suerte en Barcelona porque creyeron que habría menos venezolanos que en otras ciudades.

Con escaso dinero y contactos, asegura haber tenido suerte en Barcelona, donde ha contado con ayuda de organizaciones sociales. “Nunca pensé en salir de mi país”, subraya. Estudió dos carreras universitarias en Venezuela y creó una empresa de organización de eventos. Ahora tiene trabajo ocasional en la cocina de un restaurante, limpia apartamentos y da masajes.

Ferrebuz no pudo contener las lágrimas el 23 de enero, al ser uno de las decenas de venezolanos reunidos en el centro de Barcelona en apoyo a Guaidó. La concentración fue impulsada por organizaciones como SOS Venezuela, fundada en 2014 y que ejerce de paraguas de una amalgama de grupos en Barcelona que “defienden los derechos humanos de los venezolanos”, según explica su portavoz Adriana Rubiales, que lleva 12 años en Cataluña.

Otro rostro del éxodo venezolano es Omar Pineda, periodista de 68 años. Él, su esposa y su hija trabajaban para el diario Tal Cual, que fue objeto de una ofensiva del chavismo. Tras ser citado por la Fiscalía y temer que iba a ser encarcelado, Pineda y su espose marcharon en 2015 a toda velocidad. Recalaron en Barcelona para proseguir hacia Francia, donde ya habían vivido, pero se han quedado tras recibir asilo.

Junto a otros periodistas venezolanos en España, Pineda está detrás de la asociación Venezuelan Press, nacida en 2015. Organizan eventos sobre su país, comparten ofertas de empleo y analizan la cobertura de los medios españoles sobre su país. Habla de un “pequeño rayo de esperanza” si Maduro cede a la presión y convoca elecciones, pero enfatiza que entonces sería esencial impulsar la reconciliación nacional. “Nosotros hemos pensando en regresar en algún momento a Venezuela. Sacrificamos todo, teníamos piso, coche, trabajo, vivíamos bien, no hacíamos cola para comprar comida, todo eso se vino abajo”, relata.

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