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ENTREVISTA A JOAN MANUEL SERRAT

“Madrid tiene la enorme virtud de ser una ciudad mestiza, híbrida”

El cantante repasa su vinculación con la capital a su paso para un concierto

Joan Manuel Serrat, el miércoles durante su concierto en Madrid. Ampliar foto
Joan Manuel Serrat, el miércoles durante su concierto en Madrid.

En esta entrevista Joan Manuel Serrat, el autor de Mediterráneo, le canta a Madrid.

Nacido en el Poble Sec de Barcelona el 27 de diciembre de 1943, el cantante que hizo de esa canción un éxito que rompió las fronteras de los mares y de los océanos, volvió anoche al escenario acogido por los aires del Parque del Retiro.

Su mensaje, ya ensayado en España y en América, de donde acaba de volver, se titula Mediterráneo da capo, pues ahora se cumplen 47 años de que escribiera aquella canción universal. Lo hizo sentado ante las arenas otoñales de Calella de Palafrugell, la orilla de su niñez.

Antes del concierto, en entrevista con EL PAÍS, Serrat rememoró la primera vez que cantó en esta ciudad, en el estudio abierto de la Cadena Ser, en Gran Vía, donde, en 1968, “después de las cosas de Eurovisión” (en referencia a aquel La la lá que no le dejaron cantar en catalán) se puso ante el micrófono de Los 40 Principales que acababa de poner en marcha Tomás Martínez Blanco.

Pregunta. ¿Cómo fue aquel debut madrileño?

Respuesta. Me esperaba Martín Blanco, pero había tempestad, el avión no llegó. Así que me sustituyó María Ostiz. Ella cumplió mi papeleta. Luego, vine; era un auditorio cara al público, apoyaron a tantos artistas desde ahí. Recuerdo maravillado aquel día y aquellos espacios. Luego mi relación con Madrid fue abundante. Casa de Campo, teatros, cabarets, la cadena Reyzábal, el cine Carlos III...

Cuando canté aquí por primera vez, en el cine Carlos III, ¡me caí cantando!

P. Donde usted se resbaló...

R. Fue cuando canté aquí por primera vez el disco de los poemas de Antonio Machado... Luego hice el de Miguel Hernández, aquí lo he hecho todo. Pero aquella vez, en el Carlos III, me caí al foso. ¡Caí cantando! No me di cuenta de que se acababa la corbata del escenario, me precipité al vacío, ¡y seguí cantando! La gente fue tremendamente solidaria, sus aplausos me acompañaron mientras yo subía de nuevo al escenario. ¡Aquella caída fue el trampolín del éxito, ja, ja, ja! ¡Volví a cantar desde las profundidades del abismo! Debía ser 1969. Y, claro, terminé en Ruber.

P. ¿Qué siente al rememorar esta relación con la ciudad?

R. Mi relación con Madrid y los madrileños es muy afectiva. Con los teatros, con la Casa de Campo, con los cabarets... Pero la principal relación ha sido con los amigos, las historias, los amores, todo lo que realmente canta en la vida proviene de esos afectos. Lo importante es la gente, los bares, los museos... Ese es el gran regalo que me ha hecho Madrid.

P. Usted es también de Madrid, podríamos decir.

R. Soy de todos los lugares en los que me han acogido con cariño; saben que soy del Barça, y me reciben igual los del Rayo que los del Madrid o los del Atlético... Cada uno elige su respetable camino; al final el que mete más goles gana el partido.

P. Venía de la luz mediterránea...

R. Y me encontré con la luz de Velázquez, la que tiñe los atardeceres del Retiro...

P. La luz de la ciudad más equidistante del Mediterráneo y del Atlántico.

R. Difiero. Madrid tiene la enorme virtud de ser una ciudad mestiza, híbrida, orgullosa de su cotidianeidad, enriquecida por la luz de los puntos cardinales.

Soy de todos los lugares en los que me han acogido con cariño

P. ¿Y cómo era la luz que vio cuando vino a cantar en 40?

R. Siempre ha sido igual. Como la mía. No hay mucha diferencia entre la luz con la que te levantas en un sitio o en otro. En mi caso, las luces se encabalgan, ni marcan las estaciones.

P. Hace una semana, desde Chile, decía que el tiempo pasa, se van los amigos, se quiebran las conversaciones...

R. ... se siente uno más solo. También pasa en esta ciudad. Las ciudades te acogen como si fueran amigos del tiempo, como si la ciudad también fuera un compañero...

P. Usted trae esa canción que figura en el cancionero de los que tienen su edad y de sus nietos...

R. Es fruto de un tiempo determinado, un tiempo muy luminoso que parecía no tener fin. Pusieron en el Telediario de TVE un reportaje del lugar donde hice la canción. Aquel mar calmado de otoño, en soledad. Cómo brillaba la paleta de colores que se vislumbraba en el atardecer. Se me hacía tan bello... Y mientras lo veía en la televisión me fijaba en este Mediterráneo tan maltratado, lo hemos contaminado tanto; este Mediterráneo de tantas culturas y tantos nacimientos es ahora un ataúd más que una cuna, y más que un puente es un campo de alambradas... Me duele que el Mediterráneo sea ahora refugio imposible de tantas migraciones que se enfrentan a nuestra ignorancia para acogerlas.

P. Calella es su mejor postal.

R. Coexiste con otras que tienen valores simbólicos y evocadores muy profundos. Y no siempre son tan idílicas, son postales muy oscuras y, al tiempo, en esa oscuridad convive un ayer del que también soy hijo.

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