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crónica parlamentaria

Los Balcanes los carga el diablo

Arrimadas no era la única que aparentaba alteración. Este miércoles había agitación general a raíz del asunto esloveno

Arrimadas muestra a Torra un 155 muy 'currado'.
Arrimadas muestra a Torra un 155 muy 'currado'. EFE

Me ha decepcionado Inés Arrimadas, cuando ha sacado la hoja Din A4 con el sobado 155 impreso en cuerpo 400. Un folio, por Dios, ¿en serio? Para ser franco (no me malinterpreten), esperaba mayor cuidado estético en la amenaza. Especialmente en un partido tan dedicado al packaging político y la ornamentación, hasta el punto de que a menudo el continente les hace olvidar el contenido. En el pasado reciente, y sólo centrándome (no me malinterpreten tampoco) en su actividad en el Parlament, los diputados de Ciudadanos han sacado al unísono una treintena de ejemplares del Quijote (comprados o tal vez adquiridos vía renting), han colgado banderas de los escaños, han ovacionado a sus oradores con tanta naturalidad como el público de un magazine de tarde de la tele… vaya, un ramillete de performancesde lo más creativo. Y hoy va doña Inés y me saca un folio anodino con el 155 en negro. Muy pobre, oiga. Como mínimo, podrían haber construido tres cifras gigantes en porexpan, para que las aguantaran diputados del grupo. O, dadas las fechas, un 155 de leds de colores como si fuera una luz navideña.

Arrimadas ha vuelto a su discurso habitual, el de acusar al Govern de vivir en Matrix —ya tarda TV3 en programar esta película, sin la cual empieza a ser difícil entender la política—, con ese añadido de dejar caer la sombra del 155. Ya es curioso que se amenace con cargarse la autonomía desde el mismo Parlamento autonómico. Pero vaya, no nos puede sorprender algo así cuando, por ejemplo, un partido como Vox está feliz por tener 12 diputados en un parlamento que sueña con liquidar. Ante todo, coherencia.

La líder de Ciudadanos no era la única que aparentaba estar alterada en el Parlament. Había una agitación general a raíz de todo el asunto esloveno. Ya saben, Quim Torra —y Toni Comín— pusieron el ejemplo de la independencia de Eslovenia en 1992 para hablar de su estrategia para Cataluña. Y, como es sobradamente conocido, las alusiones a los Balcanes las carga el diablo. Torra puede tratar de separar el referéndum de independencia esloveno (unilateral, pero con un 90% de participación) de la guerra posterior (unas decenas de muertos en algo más de una semana de combates), pero para la mayoría todo va en el mismo pack de regalo navideño: votos y tiros. Y aunque se hable del rápido reconocimiento europeo que tuvo el nuevo estado, alguien también puede recordar el fenómeno de los borrados, los ciudadanos ex yugoslavos y no eslovenos que vivían en el país cuando se proclamó la independencia y que, en muchos casos, han quedado en un limbo administrativo. Un cúmulo de claroscuros. En fin, que visto el follón que se ha montado, está claro que utilizar Eslovenia como ejemplo fue un error. A no ser que lo que se busque sea precisamente eso, el follón. En el panorama político actual, vende más la disonancia punkie que la armonía de un cuarteto de cuerda.

Ya ven, este invierno se lleva la amenaza. Amenaza Arrimadas con el 155 —y Pablo Casado, que se lo ha pedido para Reyes—, amenaza Torra con lanzarse a pecho descubierto agitando una estelada eslovena, Pedro Sánchez amenaza con una genérica “contundencia”, y los CDR andan de amenaza permanente. Pues nada, que ya está planteado el terreno común de juego para que arranque el diálogo.

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