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La exclusión social mata a medio centenar de 'sintecho' en Barcelona

46 personas han fallecido este 2018 en la ciudad

Un 'sintecho' en una plaza en el Raval.
Un 'sintecho' en una plaza en el Raval.

Un recuento elaborado por diferentes entidades que trabajan con indigentes en Barcelona —Obra Social Maria Lluïsa de Marillac, Arrels Fundació, entre otras— concluye que en lo que va del año han fallecido en la ciudad un total de 46 personas sin hogar, víctimas de la exclusión social. La Red de Atención a Personas Sin Hogar (XAPSLL, en sus siglas en catalán) ha cuantificado en 956 el número de sintecho este año, una cifra muy superior a la que ofrecía en 2008 (658). Es un colectivo que, entre otros problemas, afronta gran cantidad de enfermedades y una reducción de la vida media de 10 años.

“Hay muchos entierros en los que solo acude gente de la fundación, ni familia ni amistades”, cuenta Ferran Busquets, director de Arrels Fundació, una entidad que lleva años dando servicio a las personas sin hogar de Barcelona. “Puedes estar en una ciudad rodeado de miles de personas y te sientes absolutamente solo”, afirma Antonio Cortiñas, quien sufrió seis meses la vida en la calle hasta que encontró plaza en un piso de asistencia.

“Aquí lleva varios meses un señor de 80 años porque están todos los servicios sociales llenos", asegura Míriam San José, educadora social del proyecto Hospital de Campanya de la Parroquia de Santa Anna. Esta exclusión, junto a la falta de tranquilidad e intimidad que tienen ciertas personas sin techo, desemboca numerosas veces en consumo de alcohol y drogas, además de desatar problemas emocionales y psicológicos. “Las adicciones no son una causa, son una consecuencia, caen en ellas estando en la calle”, explica Cortiñas.

Algunas víctimas de esa exclusión social que es no tener hogar acumulan otras dolencias. El médico de familia del Centro de Atención Primaria del Raval Sur, Daniel Roca, atiende a varios sintecho cada día y enumera las patologías que pueden llegar a sufrir: hepatitis, tuberculosis, infecciones cutáneas complicadas o múltiples fracturas, producto de accidentes o agresiones. Todo esto reduce su esperanza de vida entre 10 y 15 años, en relación a los 82 años que vive un español medio.

La cantidad de personas sin hogar no ha hecho más que crecer desde 2008, año en que la XAPSLL empezó a contabilizar a quienes dormían en las calles. El primer recuento mostraba 658 personas. El último, de mayo de este año, sumó 956. ¿De dónde proviene este incremento? Tiene orígenes muy diferentes, según San José: “Gente que llega de Marruecos, refugiados, personas desahuciadas, extutelados, menores no acompañados... De todo”. Estas realidades han saturado las asociaciones y los servicios sociales. “Es la realidad de nuestro Cuarto Mundo”, lamenta Cortiñas.

Las ayudas para este colectivo llegan de formas diversas. La Parroquia de Santa Anna ofrece comidas a diario. Arrels hace un acompañamiento “desde que tocan nuestra puerta y para toda la vida”, en palabras de Busquets. Desde el Ayuntamiento, la XAPSLL ha elevado en 9 millones de euros su presupuesto desde 2015, hasta los 35 millones. “El Ayuntamiento tenía 600 plazas en 2008 para atender a los sintecho y este año tenemos 1.346”, detalla Albert Sales, encargado del Plan de Lucha contra el sinhogarismo.

Aun así el problema persiste y Sales asegura que se debe a que las personas no pueden prescindir del sistema de ayuda, principalmente, por la dificultad de acceso a la vivienda. Con el disparo en los precios de alquiler, se cierran las salidas para los sintecho. De acuerdo a Sales, “entran en el sistema de atención, pero no pueden salir a pesar de que son personas que han rehecho su vida y tienen empleo”. La vía de salida está taponada, y aunque saben que “en Manresa una habitación vale 120€”, algunas personas sin hogar tienen pánico a salir de Barcelona por miedo a perder las ayudas que reciben en la ciudad.

Por ello Busquets insiste en pedir espacios pequeños por toda la ciudad donde los sintecho puedan pasar la noche sin pensar en los peligros de dormir en la calle. Conseguir el acceso a la vivienda para estas personas es un proceso lento. El único ejemplo de reducción drástica de gente en las calles es Finlandia. Hoy lo ha logrado tras un proceso de 30 años. “Necesitamos un acuerdo político multiniveles, porque no es una cuestión de ciudades, es una cuestión de país”, pide Sales también para España. “Mientras no haya viviendas asequibles, habrá gente viviendo en las calles”, añade.

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