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La mosca negra muerde en Villaverde

El Ayuntamiento de Madrid descarta una plaga y asegura que ha realizado cuatro fumigaciones este verano

María y Verónica muestran las distintas picaduras producidas por mosquitos.
María y Verónica muestran las distintas picaduras producidas por mosquitos.

El tobillo como una bota. María Cantero, de 39 años, tiene un bulto rojizo alrededor de la picadura y el dolor no ha desaparecido en días. Los vecinos de Villaverde afirman que no se trata del habitual picotazo de verano. Achacan los síntomas a la mordedura de la mosca negra. El Ayuntamiento de Madrid confirma su existencia, descarta una plaga y explica que ya ha realizado cuatro fumigaciones en el río Manzanares para exterminarla.

Los vecinos más afectados son los del barrio de Butarque, a unos 300 metros del río. Hace unos días, los parásitos se cebaron con Begoña León, de 47 años. Los picores y la inflamación eran tan incómodos que tuvo que acudir al centro de salud. Le recetaron corticoides, pero no sirvió de mucho. A la mañana siguiente tuvo que acudir al Hospital 12 de Octubre. “No veía con un ojo, los labios se me habían deformado y tenía fiebre”. La mujer cuenta que el médico no supo decirle el origen de sus males. “Yo creo que fue por la mosca negra. Ya me mordió el año pasado y tuve los mismos síntomas”.

Un portavoz de la Comunidad insiste en que los centros de salud de la zona no han registrado un aumento de consultas por picaduras ni tienen constancia de la mordedura de ese insecto, aunque no descarta algún caso aislado. En cambio, en la farmacia de la calle de Berrocal, en Butarque, Yolanda Pizarro reconoce que este año “las picaduras son muy exageradas” y que, en ocasiones, “la gente necesita usar antibióticos”. La farmacéutica afirma que, a pesar de que las ventas de pulseras y spray repelente alcanzan cifras récord, las picaduras no remiten. “Producen deformidades, bultos, y muchas víctimas no pueden ni abrir los párpados”.

Plaga en el sureste

El Consistorio admite haber recibido quejas estacionales por picaduras, algo “frecuente” en esta época del año. Sin embargo, en esta ocasión muchas de ellas aluden a la existencia de la mosca negra, un simúlido que ya se encontraba en la región. De hecho, el verano pasado los municipios del sureste sufrieron una plaga. El aumento de las lluvias esta primavera, que el agua no permanezca estancada en los márgenes de los ríos Jarama y Henares y la poda del potamogeton, la planta donde se reproducen sus huevas, han aliviado la situación. Sin embargo, el problema comienza a aflorar en otras zonas.

Los expertos no descartan que la mosca negra haya hecho el viaje desde el corredor del Henares hasta el río Manzanares. Un informe de Madrid Salud, organismo autónomo del Ayuntamiento creado en 2005, concluye que los técnicos no han detectado la presencia de nidos en su curso ni en las cuatro depuradoras cercanas al barrio de Butarque. Sin embargo, la presencia del insecto es “esperable, dado que ya se localizó el año pasado”. Si este es más visible, subraya, es por las lluvias de los últimos meses y porque el calor ha llegado con el margen del río elevado, lo que favorece su movilidad.

Esta situación, en cambio, dificulta la tarea de inspección. No obstante, el Consistorio ha efectuado cuatro desinfecciones (actuaciones con larvicidas a través de dos técnicas, una líquida y otra en granulado). La primera fumigación se produjo el 5 y el 6 de junio, por vía líquida. El 11 de julio le tocó el turno al granulado, un pesticida que se coloca en los aliviaderos (tramos desembalsados) del río y se va liberando lentamente. La sustancia no afecta a ninguna especie que no sea la mosca negra o el mosquito común (se ha descartado la presencia de la modalidad tigre, mucho más agresiva). El día 18 tuvo lugar una actuación con ambas técnicas y hay otra prevista para el 20 de agosto. “Se necesita tiempo para ver los resultados”, subraya una portavoz municipal.

“Las picaduras son muy llamativas. Se inflaman mucho y duelen. Nadie nos ha dicho que sean causadas por la mosca negra, pero estamos preocupados de que lo sean”, indica Vanessa González, otra vecina. Óscar Soriano, científico del CSIC, le resta importancia: “Esos insectos ni pican: muerden, y esto produce una reacción alérgica muy alarmante. La picadura se inflama y tiene forma de mancha rojiza y duele bastante, pero no transmite ninguna enfermedad”. La mosca negra, que apenas mide seis milímetros, aparece entre mayo y octubre, y su mayor actividad se concentra en las horas con menos luz. Según Soriano, experto en zoología, suele picar de rodillas para abajo, por lo que recomienda ir cubierto para evitar el mordisco.

Ventanas cerradas por malos olores

Los malos olores no son una novedad en el barrio de Butarque. Sus 17.000 vecinos padecen durante todo el año un hedor que califican de “insoportable”. La situación empeora con la llegada del verano, cuando las altas temperaturas les obligan a abrir las ventanas de sus casas para refrescarlas.

El tufo es diferente según hacia donde sople el viento, aseguran los vecinos. Muchos de ellos aprovechan las vacaciones escolares de sus hijos para irse a las residencias que tienen en pueblos de los alrededores. No les importa hacer más kilómetros para ir a trabajar con tal de dejar atrás la pestilencia.

Los olores se producen debido a la cercanía de las viviendas con cuatro depuradoras de aguas residuales (La China, La Gavia, Butarque y Sur) y con el estanque de tormentas de Butarque. “En las últimas semanas hemos notado un olor muy raro, al que no estamos acostumbrados, como a plástico quemado. Solo pedimos saber de dónde vienen y qué responden”, relata Verónica Parra, presidenta de la Asociación Vecinal Independiente de Butarque.

En su opinión, la pestilencia podría llegar del vertedero de Valdemingómez, también cercano. Una portavoz municipal explica que el tratamiento de los residuos en la planta incineradora no huele. Algunos vecinos atribuyen el hedor a la quema de materiales en la Cañada Real.

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