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Guardias “inhumanas” ante la precariedad laboral

Las jornadas de 24 horas en los hospitales ponen en riesgo a los facultativos y dañan la conciliación familiar

Operación en una sala del Hospital Clínic de Barcelona.
Operación en una sala del Hospital Clínic de Barcelona.

“Las guardias médicas son inhumanas y lo pagamos todos”, advertía hace unos días Nicolás Umpiérrez Mayor en una carta a la directora de EL PAÍS. Este lector explicaba el caso de una cirujana que llevaba 23 horas despierta y 21 de guardia y procedía a operar a otro paciente. Un caso de “ficción basado en hechos reales”, aclaraba, pero ponía el foco sobre los riesgos del sistema de guardias médicas. El sector admite que es un tema recurrente pero nadie encuentra soluciones: los médicos están obligados a hacer guardias, que a la mayoría les van bien para complementar el sueldo y sortear la precariedad laboral. Pero el cansancio de 24 horas afecta al rendimiento y, por tanto, al paciente.

Un caso real es el de Irene Bermell, anestesióloga en el hospital de Bellvitge. Hace guardias presenciales de 24 horas desde 2003. “No todas las guardias son muy duras pero, por muy buenas que sean, tienes que estar 24 horas sin saber si podrás comer a tu hora, si podrás descansar…”, admite.

Los médicos están obligados a hacer guardias hasta los 50 años. Se trata de jornadas que, en ocasiones, concatenan con su horario de trabajo ordinario, llegando a sumar 24 horas continuadas en activo. Por ley, los médicos no deberían superar, en conjunto, las 49 horas semanales de trabajo, aunque el sindicato Metges de Catalunya admite que, en realidad, hacen muchas más. “Este sistema es insostenible. Se hacen las guardias que haga falta para cubrir las necesidades del servicio”, apunta el secretario general de MC, Josep Maria Puig.

Riesgo por horas

Algunas especialidades son más sufridas que otras. Las quirúrgicas, como cirugía o anestesia, o la puerta de urgencias pueden complicarse más en las guardias. “A medida que avanzan las horas, el cansancio repercute en el rendimiento. Si llegas a las seis de la mañana y necesitas una intervención, te encontrarás con el cirujano y el anestesista que llevan 20 horas viendo enfermos, operando… Tienes más riesgo si te operas”, reflexiona Puig. Bermell, que es anestesióloga y hace unas cuatro guardias al mes —siempre presenciales porque así lo requiere su especialidad— matiza: “Tenemos una capacidad de respuesta rápida. El riesgo para el paciente se minimiza por este esfuerzo extra del profesional”, agrega.

El sector relata que las horas pesan, pero no tanto como la presión asistencial. En cualquier caso, este tándem es el que pone en riesgo a profesionales y pacientes. “El problema no es estar 24 horas seguidas, sino la imposibilidad de repartir la carga laboral por falta de recursos humanos”, valora Gustavo Tolchinsky, secretario del Colegio Oficial de Médicos de Barcelona.

Pese a la dureza de las guardias, los médicos las necesitan como un complemento laboral. “La mitad de nuestro sueldo o más son las guardias. Si las eliminasen, se notaría. No sabes lo que es el sueldo base de un especialista. Sin guardias no podrías ni pagar la hipoteca”, lamenta Bermell. Según una encuesta del Colegio de Médicos de Sevilla, el 95% de los médicos no puede prescindir de las guardias. Sin embargo, advierte Puig, al mismo tiempo, este sistema precariza la profesión. “Las guardias forman parte del sistema, no puedes escoger hacerlas o no. Y, a veces, es una forma de tener médicos en precario porque los contratas para cubrir las guardias de tu servicio a las que no llegas”, agrega Puig. Este afirma que lo habitual es hacer entre cuatro o cinco guardias al mes, cantidad que asciende a hasta siete en verano por las vacaciones.

En Cataluña, una guardia presencial en días laborables se cobra a 24,56 euros la hora (288 euros la jornada de 12 horas). Los festivos y fines de semana, a 27,75. Las guardias localizables —el médico no está en el centro sanitario pero está disponible en su casal— se cobran a 9,82 euros entre semana y 11,10 los sábados y festivos. “A veces estas cantidades están por debajo de lo que marca la ley, que dice que las horas de guardia tienen que pagarse, al menos, al mismo precio que la hora normal”, apunta Puig.

Las jornadas de 24 horas también pasan factura a la conciliación familiar, especialmente los fines de semana. “Entre semana no se nota tanto, pero el sábado es agotador. Madrugas, vienes al hospital, pasas todo el día y toda la noche trabajando y el domingo amaneces aún aquí. Cuando llegas a casa, si la guardia ha sido mala, necesitas descansar, así que ya no puedes hacer planes con la familia. Y al día siguiente, vuelve a sonar el despertador: son dos semanas de trabajo ininterrumpido”, lamenta Bermell.

Las perspectivas no son alagüeñas y eliminar las guardias tampoco está sobre la mesa. "No hay alternativa. no hay médicos suficientes para instalar turnos, como en enfermería. Y nosotros no hacemos un horario, hacemos un trabajo: no puedes dejar una operación a medias porque se termina tu turno", apunta Puig. "Más que eliminar guardias, habría que aumentar los descansos después de ellas", opina Bermell.