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La oficina compartida ya no es lo que crees (y atrae a grandes inversores a Madrid)

Los espacios flexibles superan la idea clásica del ‘coworking’: los usan grandes empresas y atraen fuertes inversiones

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Spaces, nuevo centro de 'coworking' en la calle Alfonso XII.

Cuando se habla de oficinas compartidas, muchos piensan inmediatamente en los 'coworking'. Y, con ellos, en esos pequeños espacios de trabajo modernos en los que conviven autónomos, emprendedores y pequeñas pymes. Y sigue siendo así, al menos parte, pero desde hace algo menos de un lustro algunas compañías han llevado el concepto a otro nivel, al de grandes espacios, incluso edificios enteros de oficinas compartidas que están atrayendo un número creciente de grandes empresas. En Madrid, el fenómeno va por detrás de Barcelona y está todavía muy lejos de Londres, pero el año pasado ya ocupaba 150.000 metros cuadrados, lo que supone un 9% más que en 2016 y el 1% de todo el espacio de oficinas de la capital, según un informe de la consultora JLL.

Y en 2018, la tendencia sigue al alza, según otra consultora, CBRE, que asegura que en el primer trimestre han añadido a su cartera otros 18.500 metros cuadrados adicionales las principales firmas del sector: las multinacionales Regus y WeWork, Utopicus (comprada reciente por el grupo Colonial) y Loom House (participada por otro gran inversor inmobiliario, Merlin, desde el año pasado).

De momento, la que tiene más mercado en Madrid es la belga Regus, que acaba de inaugurar un espacio en Atocha bajo su marca Spaces (en la fotografía), el cual se suma a otro que abrió el año pasado en Madrid Río. “No somos un coworking, damos muchísimo más”, asegura Philippe Jimenez, responsable de Regus España.

Luces y también sombras

Expertos inmobiliarios e impulsores de los grandes espacios de oficinas compartidas acuden a la economía colaborativa para explicar el fenómeno y lo comparan con la plataforma de alquiler turístico Airbnb y la de transporte Uber. Hablan de conocimiento compartido, de atraer a los mejores ofreciéndoles espacios de trabajo menos encorsetados, más libres y agradables.

Sin embargo, igual que con los otros ejemplos, también estos coworking a gran escala traen consigo una serie de preocupaciones, en este caso, que no hagan más que apuntalar y sistematizar unas relaciones laborales cada vez más precarias e inestables. “¿Hasta qué punto se anima a los trabajadores del conocimiento a encontrar nuevas formas de vivir una vida laboral nómada y precaria?”, se pregunta en un trabajo de 2015 el profesor del King's College de Londres Alessandro Gandini.

Jimenez habla de su diseño, de su ubicación —cerca de los transportes, de acceso fácil—, y de su red: 3.000 centros en 120 países; en Madrid son 23, pero su intención es doblar esa cifra en los próximos años. De hecho, este tipo de oficinas se pueden alquilar por horas, días, semanas, meses y años, y además establecen unos sistemas de cuotas por medio de los cuales el socio puede utilizar los centros de las marcas en cualquier parte del mundo.

Cuando se le pregunta por el tipo de clientes que acuden a ellos, Jimenez responde: “De todo tipo, incluso grandes firmas”. Si en otros países alojan a Google o Amazon, en Madrid tienen a Airbus, al banco holandés Nationale-Nederlanden o a la consultora tecnológica estadounidense Gartner. “Ha dejado de ser un nicho de mercado especializado en start ups y en emprendedores para llegar incluso a las grandes cotizadas, sobre todo, las de carácter tecnológico, ingenierías —que tienen picos de actividad muy fuertes— o incluso la banca”, confirma José Miguel Setién, director del área de Oficinas de JLL.

Y explica, además, su atractivo: “Hoy en día tú no sabes cuánta gente vas a tener en plantilla. Y si no lo sabes, no puedes ligarte de forma permanente a un contrato para albergar el pico máximo de actividad que a lo mejor dentro de dos años ya no tienes. Entonces, deberás buscar una solución que te permita crecer y decrecer sin grandes penalizaciones ni grandes problemas funcionales”. El ahorro, añade, no viene por el alquiler, que en realidad es más caro, sino “porque solamente pagas cuando lo necesitas”.

En ese contexto, Madrid ha sido señalada en un reciente informe sobre el sector de otra consultora, Cushman & Wakefield, entre las ciudades europeas con mayor proyección para el coworking con Barcelona, Dublín, Amsterdam o Berlín. Así, junto a Regus, WeWork continua también su expansión; en enero cerró un acuerdo para alquilar el edificio del paseo de la Castellana 77, en el complejo de Azca, y suma ya, solo con sus tres grandes espacios en Madrid, una oferta de 16.000 metros cuadrados. Y Utopicus anunció recientemente la apertura de su cuarto centro madrileño en el edificio The Window, en la calle Príncipe de Vergara, con más de 3.000 metros cuadrados.

De toda la oferta que los actores del coworking van acumulando, es imposible saber qué parte se termina alquilando a los clientes y cuál no, advierte Solís. “Pero la lógica te hace pensar que, con mayor o menor matiz, si alguien está sacando sucesivos edificios al mercado es porque los está llenando y porque su plan de negocio progresa de forma adecuada”, añade.

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